
Cannes 2026: crítica de ‘Moulin’, de Laszlo Nemes (Competición)
Un líder de la Resistencia francesa enfrenta a sus interrogadores nazis con estoica determinación, consciente de que sobrevivir puede exigir una última elección insoportable.
Mitad película de espías, mitad drama de interrogatorio, Moulin cuenta la historia de uno de los principales líderes de la Resistencia francesa a la invasión nazi durante la Segunda Guerra Mundial. Oscura, seca y rigurosa, sin demasiado espacio para narrar más que el día a día de las difíciles circunstancias que le tocó atravesar a Jean Moulin (Gilles Lellouche), el film del director húngaro de El hijo de Saul le permite volver a contar otra historia de esa época solo que desde un ángulo completamente distinto.
El film se divide en dos partes muy claras. La primera se ocupa de las reuniones, los planes, los secretos, posibles romances y negociaciones entre los distintos miembros de la Resistencia en sus planes por quebrar el dominio nazi en ese país. Con estética de cine negro y un Lellouche que transforma a Moulin casi en un personaje de película de espías de los años ’40, este tercio del film se hace un poco pedestre y rutinario, sin crecer del todo dramáticamente, como a la espera de lo que vendrá.
Y eso viene cuando Moulin —que se presenta como Jean Martel— es interrogado, primero de modo casual como sin querer llamar la atención, nada menos que por Klaus Barbie (Lars Eidinger), quien de a poco le va haciendo saber que ellos sospechan, o saben, quién es. Moulin/Martel elige el silencio y niega todo mientras es cuestionado por situaciones y personajes específicos ligados a la Resistencia. Pero cuando supone que es tiempo de marchar, se dará cuenta que ya no podrá salir de esa prisión y que ha comenzado un viaje de ida con un final que se adivina como terrible.

Moulin es rigurosa en ese aspecto. Salvo por una breve escena al final, no editorializa ni expande su rango de atención. Se queda ahí, en ese enfrentamiento psicológico y político entre un desaforado Barbie —cuyos colaboradores son igualmente salvajes— y un Moulin que no está del todo seguro de poder aguantar las torturas que se vienen. Puede mentir a cara de piedra y negar lo que sea, pero en algún momento se dará cuenta que la salida menos costosa para él será tomar el asunto de la vida o la muerte por su propia cuenta.
Nemes incluye algunas escenas de tortura física en medio de interrogatorios y presiones psicológicas. Falsos fusilamientos, otros reales, golpes brutales y algunas otras técnicas terribles son usadas pero por lo general quedan fuera de campo. El film preferirá quedarse frente al predicamento de Moulin y a su creciente sensación de que será imposible encontrar una salida de ese infierno.
Tratando de hacer un homenaje a una figura reverenciada desde un ángulo poco convencional, Moulin es potente, seca y un tanto reiterativa. De todos modos, la tensión que se genera entre Barbie, sus secuaces, Moulin y los otros detenidos —cuya integridad y silencio también están en riesgo— es suficiente para crear un clima angustiante que, una vez que agarra al espectador, no lo suelta hasta el previsible y amargo final.



