Cannes 2026: crítica de ‘The Dreamed Adventure’ (‘Das geträumte Abenteuer’), de Valeska Grisebach (Competición)

Cannes 2026: crítica de ‘The Dreamed Adventure’ (‘Das geträumte Abenteuer’), de Valeska Grisebach (Competición)

por - cine, Críticas, Festivales
23 May, 2026 03:03 | Sin comentarios

Una mujer que se mueve entre las sombras criminales de una ciudad fronteriza búlgara busca a un amigo desaparecido mientras sostiene su propia vida.

Manteniendo su interés en la región en la que había filmado su anterior Western, en 2017, la directora alemana regresa con otro film que se mantiene dentro de parámetros similares, aunque siendo aún más riguroso en sus requerimientos formales. Si aquel Western refería irónicamente al género aunque no a la zona geográfica en la que transcurría, The Dreamed Adventure bien podría calificarse como una película de gangsters aunque no sea, estrictamente, eso. Tiene los elementos propios de ese tipo de relato —los personajes y los conflictos presentados—, pero utiliza los mecanismos del género solo ocasionalmente, para puntualizar algunas cosas o enmarcar el contexto.

Por fuera de eso, la de Grisebach es una suerte de hangout movie ocupada en seguir los pasos de una mujer que vive y trabaja en la zona de Svilengrad, aparentemente pequeña ciudad búlgara ubicada muy cerca de Turquía y Grecia, lo que la transforma en un punto neurálgico para cualquier tipo de tráfico, sea material o humano. Y en la ciudad y sus alrededores —en sus casas, sus patios, sus hoteles, bares y restaurantes— transcurre esta película de casi tres horas que explora, más que cualquier otra cosa, cómo es la vida en un lugar así, rodeado de esas tensiones.

El inicial y en cierto sentido falso protagonista de The Dreamed Adventure es un tal Said (Syuleyman Letifov, actor no profesional que ya trabajó en Western), quien regresa al pueblo donde vivió siendo joven buscando a una persona por algún tipo de arreglo comercial. Mientras lo espera se queda en un hotel de mala muerte, le roban el auto y al día siguiente se topa con Veska (Yana Radeva), una vieja conocida —o algo más que eso— que vive ahora en el pueblo cercano de Matochina donde encabeza un grupo que hace exploraciones arqueológicas en ruinas de la zona, buscando allí también cosas de valor comercial. Veska lo ayuda, lo suma a su grupo y retoman así su amistad.

En la zona hay negociados con tráfico de personas, con gasolina, prostitución y otros asuntos muy oscuros en los que todos parecen estar directa o indirectamente involucrados. Hay dos bandas de gangsters rivales que luchan por el poder en la zona —el más joven Raven y el veterano Iliya— y muchas personas que trabajan para ellos, los conocen y/o tienen historias para contar al respecto. Y cuando Said desaparece del mapa un tanto misteriosamente, la película de allí en adelante seguirá las peripecias de Veska, un poco como detective improvisada que lo busca, y otro como una persona que sigue su vida, con sus cotidianos problemas, en un pueblo chico que esconde muchos secretos e historias del pasado.

Los mejores momentos de The Dreamed Adventure —film que tendrá una básica estructura de policial pero que no está hecho para impacientes— pasan por los más casuales y cotidianos. La película se construye a partir de varias reuniones y comidas en patios, a la noche, en los que corre el alcohol y las anécdotas, y en las que las conexiones entre los personajes empiezan a dejar a la vista historias inesperadas. El pueblo que habitan es uno de gente amable y solidaria que, pese a eso, comparte escenario con lo que parece ser una batalla gangsteril a punto de estallar.

Veska se conduce con seguridad y decisión en un mundo gobernado en su mayoría por hombres. Y si bien de a poco va quedando claro que vivió situaciones complicadas en su juventud, en sus aparentes cincuenta y pico, se maneja como alguien que sabe adónde pisa, quién es quién y qué debe hacer para conseguir lo que quiere, aún cuando no siempre lo logre. Y ese punto de vista femenino define y marca un relato que lidia con la violencia que viene, por lo general, de parte de los hombres.

Hay escenas de violencia y suspenso, pero son muy pocas y se concentran sobre el final. Por fuera de eso, The Dreamed Adventure se presenta como el retrato de un pueblo, de un país y de un par de generaciones que encuentran la manera de sobrevivir en un mundo que puede ser áspero y poco amable. Fiestas, comidas, canciones y celebraciones conviven, en tensa calma, con ese aspecto oscuro y violento que involucra armas, tráfico y personajes un tanto siniestros. Pero la realizadora sabe que la gente, los pueblos y las culturas son mucho más ricos y complejo que eso que aparece en las noticias de la tele cuando hay algún escándalo.