
Cannes 2026: crítica de ‘The Man I Love’, de Ira Sachs (Competición)
En el Nueva York de los ’80, un célebre actor con sida ensaya una nueva obra mientras su comunidad artística se une a su alrededor. Con Rami Malek y Tom Sturridge.
En un tono cercano al de Peter Hujar’s Day, una película que se metía en la casa de un fotógrafo gay en la Nueva York de los ’70 para contar su vida cotidiana, Ira Sachs regresa a un momento relativamente parecido en cuanto a tiempo y lugar para contar otra historia centrada en el mundo artístico neoyorquino. The Man I Love transcurre en un punto no especificado de los años ’80, cuando el sida todavía era una condena a muerte y los medicamentos que existían no daban siempre los resultados esperados.
En este micromundo seguimos la vida de Jimmy George (Rami Malek, un poco menos afectado que de costumbre), un actor y cantante famoso en los ambientes teatrales neoyorquinos que está ensayando para una nueva obra, en la que tiene que seguir —casi palabra por palabra— los ensayos musicales antes de un show de Off Broadway que se basa en la recreación de una escena del film canadiense de 1974 Il Etait un Fois Dans L’Est en el que se ve a una cantante llamada Carmen peleándose con sus músicos. Y el film, al menos en su primera parte, pondrá el eje en esos ensayos y errores, en sus esfuerzos pr memorizar a su personaje y por crearlo físicamente, y en la comunidad artística de la ciudad que pasa por su casa a cantar y beber.
Si bien está físicamente entero, o eso parece, Jimmy tiene sida y estuvo hace pocos meses al borde de la muerte. Pero ha mejorado y estar trabajando lo ayuda psicológicamente. Entre el grupo que circula alrededor suyo está su pareja Dennis (Tom Sturridge), su hermana (Rebecca Hall), su cuñado (Ebon Moss-Bachrach, desperdiciado) y una serie de actores, cantantes y equipo que se prepara para la obra. A ellos se les empieza a sumar el vecino de abajo, un joven recién llegado llamado Vincent (Luther Ford), que pone sus ojos en Jimmy y no parará hasta tener sexo con él, sin importarle su enfermedad ni su propia salud.

El universo que describe el director de Passages es pequeño y específico: un retrato de una Nueva York gay devastada por la llegada del sida. Pero, al menos en ese ámbito, los ánimos se mantienen positivos y la sensación que da este amable grupo humano es que la mejor forma de enfrentarse a posibles contratiempos es estando juntos, cerca y acompañándose. Y cantando, especialmente. La mejor escena del film los muestra a varios pasándose metafóricamente el micrófono y cantando trozos de canciones románticas o de musicales.
No siempre será posible la armonía entre todos —hay rivalidades, conflictos, asperezas— pero un espíritu generoso rige tanto la película como, por lo general, el cine de Sachs. Esos conflictos podrán tener que ver con sus familias, con las dificultades de Jimmy en memorizar su parte en la obra y, especialmente, se dan con la aparición intrusiva de Vincent, que incomoda especialmente a Dennis. No por un tema de celos sino por saber de la fragilidad física y emocional de su pareja.
Malek es un actor que genera amores u odios pero aquí está muy bien, encarnando con su habitual exceso de tics faciales al glamoroso protagonista, cuya personalidad excesiva la permite a la vez al actor sentirse cómodo en ese registro y, de hecho, estando más medido que de costumbre. Más allá de eso, la persistente melancolía que abruma al protagonista hacen que Malek toque un registro por momentos bastante emotivo. Y el resto de los actores que circulan por las vidas de Jimmy y de su pareja Dennis entregan todo lo que tienen para dar en pos de hacerle más amable y, si se quiere, feliz, la experiencia al resistente Jimmy.
En los eventos sociales en los que participan, en sus encuentros y desencuentros personales, en ensayos, en la cama o en el trabajo, los protagonistas de The Man I Love transmiten una verdad no fácil de imitar ni de guionar. Y Sachs capta muy bien la sensación de impermanencia y fragilidad de la vida del protagonista que, como muchos de los que sufrieron esa enfermedad en aquellas épocas, podían imaginar que tenían sus días contados pero hacían lo posible por hacerle frente a esa idea. Y la de la comunidad que los rodeaba, dispuestas a darlo todo por acompañarlos a lo largo de ese proceso.



