Cannes 2026: crítica de ‘Ulya’, de Viesturs Kairišs (Un Certain Regard)

Cannes 2026: crítica de ‘Ulya’, de Viesturs Kairišs (Un Certain Regard)

por - cine, Críticas, Festivales
21 May, 2026 07:40 | Sin comentarios

Una adolescente gigantesca de la Letonia rural descubre el baloncesto —y a sí misma— en la Unión Soviética de los años 60. En Un Certain Regard.

Olvídense de Victor Wembanyama. La gigantesca estrella Uļjana «Ulya» Semjonova fue una de las primeras revoluciones de altura que vivió el baloncesto internacional. Ulya, la película que recuerda y celebra su historia, se ocupa de contar la curiosa evolución de la tímida, religiosa y gigante Ulya (de unos dos metros de altura) hasta convertirse en la futura gran jugadora de la historia que fue. El film de Viesturs Kairišs se centra en esta jugadora soviética —de Letonia, para ser más precisos— desde su inesperada convocatoria a formar parte de un equipo de baloncesto hasta sus primeras consagraciones, mucho antes de convertirse en figura.

Todo empieza en una granja en los campos nevados de Latgale, en donde vive una adolescente llamada Ulya (Kārlis Arnolds Avots). Es parte de una familia de Creyentes Antiguos, un grupo religioso un tanto conservador. Su altura se acerca a los dos metros a un ritmo alarmante y no parece querer detenerse. La chica ha podido vivir en su aldea con cierta tranquilidad, rodeada de su familia y ayudando en las tareas del campo. Pero la llegada inesperada de un grupo de gente cambiará su vida.

El prometido de su hermana mayor envía en secreto la foto de Ulya al entrenador del legendario equipo femenino de baloncesto TTT. Y el hombre, que ve un enorme potencial en la chica, la lleva a la capital, Riga, pese a las resistencias familiares. Ulya parte con la esperanza de que en la gran ciudad pueda pasar más desapercibida, entre gente más alta que en su pueblo, pero en la cancha de baloncesto, su altura llama la atención todavía más. Y allí, con la ayuda de su entrenador, comprenderá que la única manera de esquivar las miradas burlonas de todos es jugar bien al basquetbol.

Ulya lidia con los esfuerzos, las contradicciones, las idas y vueltas y adaptaciones de la chica a ese mundo en el que es el centro de atención sin dejar de ser un bicho raro. Se acostumbrará y disfrutará sus primeros triunfos, pero luego se dará cuenta que esa vida quizás no sea la mejor para ella —se sentirá usada—, y que hay algo en la vida rural que la hace sentir mejor. Y en algún punto tendrá que tomar la decisión sobre qué vida quiere para ella: la complicada de transformarse en una estrella deportiva o la más cómoda y familiar de quedarse entre los suyos.

En un elegante blanco y negro, Kairišs va dando a conocer la sorpresiva historia de esta deportista que, si uno investiga, verá que tiene logros enormes en el básquetbol femenino de esa época. El film, sin embargo, no se presenta como un relato deportivo clásico sino más como un raro coming of age, el viaje de una chica (alta pero muy inocente) de un pueblo y una familia religiosa a jugar en las grandes ligados letona, soviética y, finalmente, mundial. El film no se acerca a su fama real. A su modo, es la historia de origen de este curioso superhéroe: Ulya, la basquetbolista letona, la impensada heroína deportiva de una nación.


Sinopsis Breve

Unión Soviética, Letonia, 1964. Ulya, una adolescente Creyente Antigua que roza los dos metros de altura, crece en una granja apartada del mundo. Su estatura inusual inquieta a su familia, que se pregunta si hay un lugar para ella en el mundo. Cuando su foto de clase llega a manos de entrenadores de baloncesto, Ulya es llevada a Riga para unirse a un famoso equipo. Luchando con su altura y su identidad, entrena duro, pero comprende que el baloncesto no puede cumplir su sueño de tener una vida normal. Tras escapar de vuelta a casa, Ulya descubre que tanto la vida en el pueblo como el baloncesto solo la ven por su altura. Aceptándose a sí misma, se enfrenta a una elección: esconderse o aspirar a ser la mejor jugadora de baloncesto del mundo.