
Cannes 2026: crítica de ‘Viva’, de Aina Clotet (Semana de la Crítica)
En un futuro cercano con sequías, una mujer en remisión abraza el riesgo, el sexo y el cambio, desestabilizando su vida en clave de comedia.
Una película curiosa, rara, atonal, destemplada, Viva es una rara comedia sobre una mujer que, luego de superar un cancer de mamas, empieza a sentir que quiere vivir la vida al máximo: sentir emociones fuertes, tomar riesgos y, sobre todo, tener sexo. En el medio, obviamente, se meterá en varios problemas y situaciones propias de una comedia de enredos que no siempre se llevan del todo bien con los temas más serios que maneja la película.
La levedad no es el problema. Al contrario, se agradece que Viva no se presente como un típico drama cancerígeno o algo parecido. Lo que no funciona del todo bien es la brusquedad y el capricho de sus giros y cambios de tono —que incluyen momentos que parecen sacados del cine de animación— y, especialmente, la relación central que se impone como el conflicto principal de la película y de la vida de Nora, la protagonista, que interpreta la propia actriz/directora.
Una curiosidad extra es que la película transcurre en un futuro cercano con sequías, con empresas —como la que Nora trabaja— que experimenta para extender tecnológicamente los años de vida, pero ese tema nunca alcanza a cobrar real peso. Todo empieza con Nora haciéndose un estudio en el que se confirma que su cancer está en remisión, aunque queda algo todavía por investigar. Entre la alegría de una de las noticias y las dudas que le genera la otra, la mujer entra en una espiral que la lleva a querer cambiar todo en su vida.

Y la película irá de eso, poniendo en el centro la relación —más sexual que sentimental— que empieza a tener con un chico mucho más joven, de esos que van al gimnasio y que parecen vivir solo para seducir con la mirada. Nora vive con Tom (Naby Dakhli), un tipo serio y amable que la sostuvo durante sus años más difíciles, pero se ve que a ella ya no le atrae ni él ni la supuesta seguridad que representa. Y aún con los riesgos imaginables, se lanza a la aventura con el veinteañero.
Viva le sumará a su atribulada pero a la vez entusiasta protagonista complicaciones en su retorno al trabajo —se sentirá en competencia con una nueva empleada que la reemplazó durante su ausencia por salud—, algunos despistes físicos que ponen en riesgo su salud (y que no tienen nada ver con el cáncer), tensiones familiares con su padre, momentos de puro slapstick y el inevitable choque en el que tendrá que ver qué hace con su vida sentimental.
Como directora debutante en el largo que es, se agradece que Clotet se salga de las fórmulas y apueste a un espíritu rocambolesco de cierta comedia más francesa que española (estrictamente catalana, en este caso) y a tirar ideas al aire para ver qué sucede. El problema es que pocas de ellas funcionan y por momentos uno siente ese esfuerzo de querer sacar un conejo de la galera tras otro sin lograr sacar —al menos de este espectador— más que algunas amenas sonrisas entre varios gestos de incredulidad. Quizás con el tiempo, ajustando un poco la puntería, Clotet encuentre su mejor forma. Talento tiene suficiente.



