
Estrenos: crítica de ‘Ojos extraños’ (‘Stranger Eyes’), de Yeo Siew Hua
La desaparición de una niña arrastra a una pareja a una red de vigilancia, donde las grabaciones de un vecino obsesivo revelan secretos y fisuras. En la Sala Lugones desde el 7 de mayo. Desde el 14, en el cine Cosmos-UBA.
Ojos extraños se inicia como un enigmático drama sobre la desaparición —o secuestro— de una niña, evoluciona luego hacia un hitchockiano —o depalmiano— relato de suspenso acerca de mirar y ser mirado para concluir, si se quiere, siendo un film acerca de las complicadas relaciones paterno-filiales. En medio de todo eso, este complejo y ambicioso drama de Singapur que compitió en el Festival de Venecia va trazando un recorrido por una urbe solitaria, desolada, en la que todos se observan pero pocos logran cruzar la barrera virtual y conectar con los otros.
La película arranca con el secuestro ya ocurrido. Junyang (Wu Chien-Ho) y Peiying (Anicca Panna) han perdido a su bebé, a la que llaman «Pequeña Bo», en los juegos de una plaza y observan videos de sus salidas para ver si pueden encontrar alguna pista en ellos. Pero nada parece servir y, tres meses después del hecho, están al borde de la resignación. Ni la policía, en una ciudad llena de cámaras por todos lados, parece tener pistas. No solo nadie sabe nada de Little Bo sino que la pareja —que vive con la madre de él— está en ese punto límite que los lleva a tener extrañas actitudes. Sin ir más lejos, Junyang no tiene mejor idea que seguir a otras madres con bebés por los shoppings de la ciudad y acercarse peligrosamente a ellos.

El misterio parece empezar a encauzarse cuando en la casa reciben por abajo de la puerta unos DVDs que muestran a la pareja antes y después del secuestro del bebé. Pronto la policía descubre que quien los envía es Lao Wu (Lee Kang-sheng, actor fetiche de Tsai Ming-liang), un vecino de un edificio de enfrente que los ha filmado a lo largo del tiempo y que trabaja de supervisor en un supermercado al que la pareja va e iba antes con el bebé. Pero el hombre, que vive con su madre que es ciega, asegura no saber nada de lo que pasó con la niña. Es a partir de esos videos —y de un largo flashback desde su punto de vista— que la perspectiva del caso cambia y uno empieza a entender que la situación familiar es (y era) bastante más complicada de lo que parece.
Stranger Eyes seguirá sumando capas y enredando su ya de por sí complicada trama pero no desde una perspectiva policial —de hecho, lo que menos le interesa al film es la resolución del caso en sí, que se despacha en un minuto— sino desde una, si se quiere, humana. ¿Qué relación tiene la pareja entre sí y con la paternidad? ¿Cuánto realmente los afecta la desaparición de la niña o en algún punto existió un secreto deseo de abandonarla y volver a sus vidas previas? ¿Y qué es lo que lleva a Lao Wu a dedicarse obsesivamente a seguirlos? El director de A Lang Imagined —que, como dato curioso, vive en Buenos Aires— no busca responder esas preguntas sino abrir nuevos e inquietantes interrogantes.
Mediante imágenes capturadas por Lao Wu o por las cámaras de seguridad que hay en todos lados, iremos viendo que los personajes ocultan cosas, tienen vidas secretas y raramente dicen o admiten lo que piensan. En casi todos los casos, la tecnología juega un rol esencial: para comunicarse, para distraerse, para observar o, finalmente, como una suerte de rara terapia familiar. Los videos que Lao Wu les envía son problemáticos e invasivos, es cierto, pero a la vez a ellos la atención ajena los interpela. A ella, que es DJ y hace livestreams, hay algo de tener un fan obsesivo que le fascina. A él, los videos lo invitan a hacerse incómodas preguntas respecto a su propia vida.

Los últimos veinte minutos del film, que transcurren después de la resolución del caso, son particularmente extraños, ya que al principio parecen pertenecer directamente a otro flashback o a una suerte de secuela, pero de a poco se va revelando como una coda que entrelaza las obsesiones, los traumas, los miedos y los arrepentimientos de los personajes, entendiendo que esos videos funcionan muchas veces reemplazando los contactos humanos pero que no tienen el mismo efecto que conectarse con el otro en la vida real. Hay algo existencial que las cámaras no pueden captar del todo.
Yeo presenta todo este escenario de una manera clínica, distante, más cerca en sus referencias al Caché de Michael Haneke, a La conversación, de Francis Ford Coppola o al Blow Up, de Michelangelo Antonioni que a los más intensos films de Hitchcock (La ventana indiscreta) o De Palma (Doble de cuerpo) que juegan con ideas similares pero con otros tonos y ritmos. Al no apostar por la tensión del thriller —aquí el agente de policía parece más un terapeuta que otra cosa—, Ojos extraños puede decepcionar a los que buscan relatos de suspenso clásicos con sus puntuales vueltas de tuerca. Esos giros están aquí, pero circulan por debajo de lo que verdaderamente le interesa al realizador que es pintar un mundo de seres solitarios y desconectados entre sí, sean vecinos, madres e hijos, maridos y mujeres, o un país entero. Un mundo en el que todos observan pero muy pocos realmente ven.
Funciones en la Sala Lugones: Jueves 7 de mayo, a las 20 horas; Viernes 8 y Sábado 9, a las 20.30 horas; Domingo 10, a las 18 horas; Martes 12, a las 20.30 horas; Miércoles 13 y jueves 14, a las 18 horas. Desde el 14 de mayo en el Cine Cosmos-UBA.



