Estrenos online: crítica de ‘Ven a volar conmigo’ (‘Propeller One-Way Night Coach’), de John Travolta (Apple TV)

Estrenos online: crítica de ‘Ven a volar conmigo’ (‘Propeller One-Way Night Coach’), de John Travolta (Apple TV)

por - cine, Críticas, Estrenos, Online, Streaming
31 May, 2026 08:00 | Sin comentarios

En 1962, un niño apasionado por la aviación viaja en un vuelo de hélice a Los Ángeles junto a su madre actriz, viviendo en el aire el sueño de su vida. En Apple TV.

Más que una película, Ven a volar conmigo es una breve memoir, un homenaje con tono de cuento infantil a la infancia del propio John Travolta y a su fascinación por todo lo relacionado con la aviación. No hay una historia en sí más allá de las variadas anécdotas que atraviesa un chico a lo largo de un vuelo de Nueva York a Los Angeles en 1962, un tipo de viaje lento y con varias escalas que le permitió a ese pequeño y fascinado niño vivir lo que entonces consideraba la mejor aventura de su vida.

Ven a volar conmigo es como un film de otro tiempo, o un especial de TV que el propio Travolta se dedica a sí mismo, a su familia y a su obsesión por los aviones. Si uno le saca títulos y créditos dura poco más de 50 minutos y su principal atractivo es el nivel de detalle que ofrece respecto a cómo era volar en esa época, hasta para el tipo de vuelo barato y con paradas que tomó —un avión de hélice en la época en la que ya empezaban a ser reemplazados por los jets— y que hoy podría ser el equivalente de los vuelos low cost, solo que con un servicio que hoy solo se recibe en Business.

La historia es ínfima. Helen (Kelly Eviston-Quinnett), la mamá de Jeff (Clark Shotwell), es actriz y recibe un llamado para ir a probar suerte en Hollywood. Una mujer elegante, pretenciosa y extrovertida, llevará al pequeño Jeff, de unos ocho años, en su aventura. No es una mujer de altos recursos, pero le gusta aparentarlo. Pero volar en este tipo de avión a hélice es más barato que un jet, ya que va más lento, tiene más paradas que un omnibus (se detiene en cuatro o cinco ciudades) y, supuestamente, no tiene las mismas comodidades.

La voz en off de Travolta, que encarna a Jeff de grande, parece leer del propio libro en el que se basa la película —uno que publicó en 1997 dirigido a un público infantil— mientras va recordando cada detalle y experiencia a lo largo de ese vuelo: llegar al aeropuerto —de estilo modernista y pseudo-espacial, como mucha arquitectura de la era—, ver el avión, subir a él, su fascinación por las azafatas, los pilotos, los asientos, los modelos de aviones y, salvo la comida (demasiado sofisticada para él, que prefería un hot dog), por todo lo que implicaba estar en ese universo. Un estudioso y fan del tema, el pequeño Jeff estudiaba hasta los horarios de los vuelos y todos sus destinos. Y al volar por primera vez estaba cumpliendo el sueño de su vida.

Y no hay mucho más conflicto que eso. Alguna incorrección de la un tanto alcohólica madre, una mentirita del chico, un par de sorpresas que incluyen cambios de vuelos, alguna turbulencia y ya. Lo demás será parecido a escuchar/ver a un tío contarle a un sobrino (o un abuelo a un nieto) cómo fue la primera vez que se tomó un avión y lo distinto que era volar entonces. Lo hará con amor, afecto —lo más encantador que tiene la película es su tono amoroso por todo lo que muestra y cuenta— y lujo de detalles, pero no mucho más que eso. Eso sí, dejará impregnado en el espectador, preferentemente si es niño, la sensación de estar arriba de un avión y vivir esa primera experiencia con una fascinación única.

La ropa, los decorados, la música y el tono traen a la memoria series como Mad Men, solo que Ven a volar conmigo parece la versión apta para todo público de ese mismo mundo. Uno puede darse cuenta que, por detrás de la mirada inocente de Jeff, hay zonas un tanto más oscuras y enrarecidas (una, de hecho, involucra el Holocausto), y una serie de fragilidades de los personajes adultos que la película deja entrever sin meterse en profundidad en eso. Ya le llegará a Jeff el momento de atravesar ese mundo con una mirada más realista. Y muchos años después hasta tener que pagar diez dólares por unos pretzels y una gaseosa en un vuelo low cost.