
Series: reseña de ‘Dutton Ranch’, de Chad Feehan (Paramount+)
Buscando paz tras la tragedia, Beth y Rip se mudan a Texas, donde incendios, conflictos y un hallazgo peligroso los arrastran a lo conocido. Con Kelly Reilly, Cole Hauser, Annette Bening y Ed Harris. Desde el 15 de mayo, por Paramount+
De todas las series del universo Yellowstone, de sus precuelas, derivados, spin-offs y otros productos de la escudería Taylor Sheridan, sin dudas Dutton Ranch es la que lleva, como una marca de hierro en el ganado, la mayor similitud, la que más aspecto tiene de secuela de aquella épica saga que culminó, dramáticamente, con su quinta temporada. A diferencia de Marshals, que toma parte de la familia (a Kayce Dutton) pero modifica el tono para llevarlo a un policial sobre alguaciles federales, en esta serie seguimos las peripecias de Beth y Rip Dutton tras donar y abandonar el rancho familiar tras los sucesos trágicos del final.
Su recomienzo no es menos dramático. La pareja está supuestamente más tranquila, disfrutando del aire libre y un tiempo de paz, cuando descubren que todos los campos que la rodean empiezan a incendiarse. Con la urgencia que los caracteriza, toman lo estrictamente necesario —caballos, algunos documentos, un sombrero icónico y pocas cosas más—, rescatan a su hijo adoptivo Carter (Finn Little) de la casa y se marchan de allí, presurosos, con rumbo desconocido.
La serie avanza seis meses en el tiempo y los encuentra a los Dutton asentándose en Texas, lejos de su Montana natal. Ya han comprado un rancho —el que dará título a la serie— y están empezando a trabajarlo. Beth (la indomable Kelly Reilly) rápidamente empieza a antagonizar con algunos locales, no sin razones, mientras que Rip (Cole Hauser) se topa de entrada con un cadaver cerca de su terreno, asunto que se convertirá en un eje dramático de la temporada. Carter, a la vez, se mete en problemas en la escuela, donde se aprovechan de su bonhomía y su aparente inocencia.

Pero los primeros episodios de la serie dedican igual o más tiempo a presentar a los que, en apariencia, serán sus antagonistas: una familia ranchera poderosa de la zona que controla Beulah Jackson (Annette Bening), que tiene que lidiar con problemas internos y con un hijo díscolo (Jay Courtney) que no hace más que meterse en líos. Hay un primer encontronazo entre Beth y Beulah que, entendemos, irá expandiéndose para convertirse en la gran rivalidad de la temporada. Y hay un encantador rol secundario, como Everett, el veterinario de la zona, para el gran Ed Harris.
Dutton Ranch parece encaminarse como una versión en clave un tanto más pequeña en escala —al menos por ahora— de Yellowstone, manteniendo similares temas a los de la «serie madre»: el control de la tierra, las peleas entre vecinos, las crecientes tensiones familiares, el rol de las autoridades y de la policía, y así. Solo que en el sur de Texas donde hace calor a las 4 de la mañana y no en la zona montañosa de Nevada, con otro paisaje y temperatura.
Taylor Sheridan produce pero no participa, al menos no de manera directa, en los guiones o la dirección de los episodios. De todos modos, se nota su marca registrada y su estilo en el tipo de personajes que la serie presenta, en sus conflictos, sus diferentes filosofías de vida y, sobre todo, en su amor por la vida del cowboy, aún con sus continuos problemas. Los tiempos cambian, la tecnología también, pero en el fondo la esencia que une a las series de su escudería es la del viejo y querido western.



