
Series: reseña de «M.I.A.», de Bill Dubuque (Paramount+)
Tras un ataque brutal del narco, una joven de 21 años deberá reinventarse y contraatacar en una historia criminal vertiginosa guiada más por el instinto que por la lógica. Disponible en Paramount+
Se le pueden criticar muchas cosas a Bill Dubuque, pero es innegable que sabe contar bien una historia. Como se vio claramente en Ozark, el autor puede no ser el más sutil, elegante o hasta plausible narrador de tramas policiales, pero tiene mucha seguridad a la hora de manejar los resortes narrativos del formato serializado. Aquella popular serie protagonizada por Jason Bateman y Laura Linney era, si uno la analizaba más o menos seriamente, bastante improbable en casi todas sus decisiones narrativas, pero a la vez era imposible sacarle los ojos de encima: el tipo sabe cómo tomar al espectador del cuello y llevárselo por donde quiere.
M.I.A. no es y acaso ni pretender ser Ozark, pero maneja ese recurso de la misma manera. La nueva serie de Dubuque no tiene por ahora ni el elenco ni el peso específico de aquella serie, pero sabe llevar de las orejas al espectador por los caminos del crimen. De hecho, inicialmente al menos, tiene muchas similitudes. Una familia dedicada a la vida criminal, unos narcos peligrosos acechando, la policía merodeando y metiéndolos en problemas y, sobre todo, un personaje central que es llevado a una vida criminal aún sin querer hacerlo. La diferencia aquí es que se trata de una jovencita de Florida que debería estar estudiando en una universidad pero que, por esas cosas de la vida, ahora está buscando liquidar a todos los miembros de una banda de narcotraficantes.

La serie se centra en Etta Tiger Jonze (Shannon Gisela), una chica del sur de la Florida cuya familia tiene botes pesqueros pero en realidad funcionan como mulas del tráfico de drogas. La madre quiere que la chica, más inteligente que sus hermanos, no se meta en la «empresa familiar» y se vaya a estudiar lejos. Pero a la chica —que trabaja llevando a turistas por la zona y metiéndolos en situaciones riesgosas— le gusta la acción y pronto empieza a participar, con su padre y sus hermanos (son cinco hermanos en total, dos de ellos varones) en el negocio.
El problema es que, justo cuando ella da sus primeros pasos allí, el capo de los narcos, Isaac (el legendario Edward James Olmos) muere y deja el negocio en manos de sus hijos y su consegliere (Maurice Compte, Gerardo Celasco y Alberto Guerra), que son más despiadados que el anciano líder y quieren más ganancias de parte de la familia Jonze, algo que incomoda al patriarca (y padre de Etta) Dan. A partir de un negocio que sale mal (SPOILER ALERT DEL FINAL DEL EPISODIO 1), los narcos hacen un brutal desastre con la familia de la chica y a Etta no le queda otra que escapar, sobrevivir, esconderse y, eventualmente, vengarse de quienes le arruinaron la vida.
Y eso, amigos, es la serie: una chica de 21 años, muy capaz, inteligente y con una memoria prodigiosa, buscando la manera de vengarse de los narcos que la hirieron, la convirtieron en una fugitiva y hasta le hicieron cambiar de identidad. En esa cacería mutua habrán otros personajes importantes que se sumarán a Etta, como su amiga Lovely, una inmigrante haitiana (Brittany Adebumola), el hermano de ella Stanley (Dylan Jackson), un tanto neurodivergente y fan del yacht rock, y algunos más que los ayudan en el camino. El punto de apoyo que la chica busca es el de su tía Carmen (Danay García), hermana gemela de su madre, una mujer poderosa que puede ayudarla pero a la que casi no conoce.

En medio de todo esto la familia narco hace sus negocios inmobiliarios para «lavar» la cara de sus negocios —por allí aparece brevemente Sonia Braga en un rol importante—, un detective privado (Cary Elwes) mete su nariz tratando de entender qué está sucediendo, y M.I.A. —slang para referirse a Miami y que también significa, en el contexto militar, Missing in Action— se va conformando como una mezcla de Ozark, Scarface y una telenovela latinoamericana en la Florida, con muchas escenas llenas de «color local», música y un mundo de inmigrantes que Dubuque retrata mezclando algunos apuntes novedosos pero apoyándose también mucho en los clichés.
Convengamos que poco y nada es creíble en la serie, pero aceptemos a la vez que funciona. Es por momentos brutal —algunas escenas obligan a cerrar los ojos—, en otros divertida —los hermanitos haitianos aportan en ese sentido— y en todo momento se siente que la vida allí es un «vale todo» en el cual nada ni nadie está seguro nunca. Como una novela de Elmore Leonard o Carl Hiaasen pero sin la sutileza para los diálogos de ambos autores, M.I.A. no apuesta tanto por el prestigio ni los premios como lo hacía Ozark –con sus actores célebres y sus escenas dramáticas importantes— sino por la reacción gutural. Y nos lleva con ella con destino incierto.



