
Series: reseña de ‘Spider-Noir’, de Oren Uziel (Prime Video)
The Spider se ha retirado y reinventado como detective privado en el Manhattan de los años ’30, pero las mafias y las mujeres fatales lo arrastran de regreso al traje. Con Nicolas Cage y Brendan Gleeson.
Más cerca del Batman oscuro del comic The Dark Knight —o de la reciente Penguin—, Spider-Noir lleva al personaje clásico de Marvel a una versión que parece, como bien lo indica el título, sacada de un policial negro de los años ’30 y 40 del Hollywood de la edad de oro. Ya no un superhéroe —lo fue pero se ha retirado— sino un detective privado, Ben Reilly (acá no es Peter Parker, pero esa es otra historia) está más cerca de Dick Tracy, de Perry Mason, del detective que hacía Jack Nicholson en Barrio Chino o de los clásicos investigadores que encarnaba Humphrey Bogart en aquellas películas, que del adolescente simpático que sobrevuela las calles de Manhattan.
Estéticamente impecable y con un Nicolas Cage dominante aunque un tanto más contenido que de costumbre, Spider-Noir es una serie que atrapa de entrada gracias a su puesta en escena y su homenaje casi de libro de Taschen sobre los modos del cine negro. También, como solía pasar en esas películas, la trama termina siendo bastante más enredada de lo necesario y, en este caso, se expande por ocho episodios. Pero aún cuando uno se pierda en el juego de traiciones y contra-traiciones, de femmes fatales por duplicado y de casos que se confunden entre sí, en ningún momento deja de ser atractiva o, al menos, diferente a la mayoría.

Tiene, además, un diferencial que se hará más presente en la segunda mitad de la temporada. Es que será un policial negro con detectives encargados de investigar engaños amorosos, con gangsters peligrosos y oficiales corruptos, pero en el fondo es una serie de superhéroes. Y más temprano que tarde las mutaciones y los riesgos que aparecen a partir de ella arribarán. Lo que no es seguro es si Reilly querrá volver a calzarse las ropas de The Spider (así se llama el personaje), ya que prometió dejarlo para siempre tras una trágica situación que no supo resolver.
En Spider-Noir —que transcurre en un universo alternativo a la línea Marvel que maneja Disney; esta es de Sony y se basa en un comic de 2009—, Reilly es un tipo grande, cansado, desgastado tras una vida luchando contra el crimen y sufriendo pérdidas personales. Su oficina recibe pocos casos y la mayoría los rechaza, pese al fastidio de su secretaria Janet (la muy simpática Karen Rodriguez). Y su contacto de la época de aventuras por los aires es un periodista llamado Robbie Robertson (Lamorne Morris), que quiere convencerlo de que vuelva. Pero entre casos de engaños románticos y corrupciones políticas, Ben se pierde en lo que siempre se pierden estos detectives: una mujer. Ella es Cat Hardy (Li Jun Li), cantan de un club nocturno, lo deja con la boca abierta y, además, lo involucra en un caso.
A grandes rasgos la trama se enredará en los conflictos entre un gangster local, Silvermane (Brendan Gleeson), la dirigencia política de la ciudad (el alcalde Alfred Morris, encarnado por Michael Kostroff) y la constante aparición de personajes que tienen poderes especiales y ponen en riesgo Manhattan: uno se prende fuego, otro se endurece como una piedra y hay un guardaespaldas (Jack Huston) que responde al nombre de Flint Marko y que cualquier conocedor del mundo Marvel sabrá quién es. Superhéroes, supervillanos o meta-humanos, lo cierto es que la aparición de todos ellos —y otros asuntos personales— llevarán a Ben a volver a calzarse las ropas arácnidas.

Prime Video tiene la particularidad de ofrecer la serie —que tiene producción de la dupla Phil Lord y Christopher Miller— en versión color o blanco y negro. Tras probar las dos opciones, estoy convencido que la blanco y negro es muy superior ya que es la que más se conecta con el imaginario del noir de los años ’30, en los que transcurre la historia, por lo que aún cuando la trama empiece a irse, literalmente, por las ramas, Spider-Noir siempre conservará el aspecto elegante y nostálgico de esas viejas películas de detectives privados que arriesgan todo por una mujer que quizás les rompa el corazón. Pero la versión color (el DF es el mismo de Perry Mason) no está mal tampoco.
Y el otro elemento extra, por supuesto, es Cage, un actor magnético y de elecciones muy personales que nunca deja de sorprender aún cuando en ciertos momentos —en algunos se pone a gritar desaforadamente— no se entienda bien qué es lo que está haciendo. Como varias veces Ben se hace pasar por otras personas, Cage aprovecha para probar otros registros de actuación, como si la tarea de ser The Spider fuera un ejercicio en ese sentido. Más que nada, además, porque uno supone que bajo la máscara, no es el quien hace las escenas de acción. Y aún cuando la serie se enrede en su propia y excéntrica versión del policial negro, siempre será un placer ver qué salidas encuentra el actor a las situaciones imposibles en las que se mete su personaje.



