Estrenos: crítica de ‘El día de la revelación’ (‘Disclosure Day’), de Steven Spielberg

Estrenos: crítica de ‘El día de la revelación’ (‘Disclosure Day’), de Steven Spielberg

por - cine, Críticas, Estrenos
09 Jun, 2026 03:53 | Sin comentarios

Un matemático y una meteoróloga descubren su vínculo personal con una conspiración corporativa que oculta pruebas de vida extraterrestre en la Tierra. Estreno: 11 de junio.

Hay un pajarito que todas las mañanas, más o menos a la misma hora, se pone a golpear una de las ventanas de mi casa. Lo hace unas siete, ocho veces y se va. Si advierte que uno lo observa, huye antes. Lo que a mí me parece una curiosidad un tanto inexplicable —¿por qué siempre en la misma ventana y a la misma hora?—, a Steven Spielberg le puede abrir un mundo cinematográfico amplísimo. En un mundo en el que las teorías conspirativas están a la orden del día, el hombre no pensaría que el pájaro en cuestión es algún tipo de drone espía enviado por el gobierno sino algo mucho más complejo, abarcativo y que involucra quizás al universo todo entero.

Antes que internet destrozara las cabezas de media población del mundo con teorías absurdas acerca de casi todo —de las vacunas con chips al terraplanismo pasando por los reptilianos y varias otras aún más delirantes—, las teorías conspirativas se apoyaban en elementos y materiales un tanto más creíbles y realistas. Los años ’60 y ’70 fueron los de su explosión. La desconfianza ante los gobiernos después de los asesinatos políticos, la Guerra de Vietnam y Watergate —entre otras situaciones oscuras— dieron rienda suelta a que el mundo empezará a ensanchar su imaginación respecto a lo que estados y corporaciones se guardan y no comparten con la población. Los Estados Unidos, especialmente, son un gran caldo de cultivo de estas teorías.

De todas ellas, acaso la más famosa es la de la vida extraterrestre en la Tierra. Desde el incidente de Roswell, en 1947 a recientes revelaciones en el Congreso de los Estados Unidos, las teorías que hablan de que seres de otros planetas están o han estado entre nosotros se han multiplicado. Y, al menos inicialmente, el responsable de haber capturado la imaginación del mundo con esas teorías es el propio Spielberg. Si bien los films sobre alienígenas existen desde el principio de los tiempos y explotaron en los años ’50, películas como Encuentros cercanos del tercer tipo y E.T. las sellaron en las conciencias de un par de generaciones gracias a su potencial credibilidad, su poder cinematográfico y la imaginación de su creador, capaz de darle épica, humanidad y hasta ternura a conjeturas que hasta ese momento, salvo excepciones, se manejaban de un modo mucho más básico y simplista.

El día de la revelación es un intento, dicho por el propio Spielberg, de hacer una sumatoria de su carrera en lo que respecta a las películas de ciencia ficción y alienígenas. En algún sentido, es más que eso. Si uno abandona por momentos la idea de que el film lidia con corporaciones que guardan ese tipo de secretos a la manera de The X-Files, el film bien podría ser una «película de persecución» que se apoya también en otros films suyos, como Duel, Sugarland Express y hasta las sagas de Indiana Jones y Jurassic Park que, en su esencia, no son otra cosa que chase movies que mezclan acción, suspenso, escapes fortuitos y corridas varias. Acá, ese Spielberg se mezcla con el de Minority Report, I.A: Inteligencia artificial y La guerra de los mundos (y si se quiere Poltergeist) para hacer un combo en el que entra todo —o casi todo— el imaginario pop del autor.

Nota: no hay spoilers pero la crítica cuenta lo que sucede en la primera parte de su trama. La película empieza como un thriller clásico, más cercano a The Post, con una corporación persiguiendo a un hombre que posee secretos que pretende dar a conocer al mundo. El hombre en cuestión se llama Daniel Kellner (el atareado Josh O’Connor) y es un matemático que trabajaba para esa misma empresa llamada WARDEX y que la dejó, llevándose documentos secretos que probarían que se están guardando secretos acerca de la existencia de vida extraterrestre en la Tierra. No es el único: son varios los miembros de esa misma compañía quienes, encabezados por su ex jefe Hugo Wakefield (Colman Domingo), se han ido de allí y están decididos a contar la verdad a un mundo que parece estar al borde de la Tercera Guerra Mundial.

El que lo persigue es el capo de la corporación, Noah Scanlon (Colin Firth), quien a todas luces no quiere que esa información salga a la luz. Y está dispuesto a lo que sea para frenarla. De entrada queda claro que algo real hay allí, ya que Daniel posee una especie de objeto con forma de control remoto al que todos temen y que le permite ahuyentarlos cuando lo tienen casi atrapado. Gracias a eso rescata a su novia (Eve Hewson) secuestrada por Scanlon y los suyos, y escapa —al menos inicialmente— de esa masiva y militarizada persecución. Ella, una ex monja, lo esconderá inicialmente en un convento, giro narrativo que sirve más que nada para poner sobre la mesa la mirada religiosa sobre estos temas.

En paralelo a todo esto, Margaret Fairchild (una hiperactiva Emily Blunt) es una mujer que presenta el estado del tiempo en un canal de TV de Kansas City, Missouri. Un día, estando en su casa junto a su pareja (Wyatt Russell), ve un pajarito rojo que se le acerca y la mira fijo unos segundos, dejándola confundida. De ahí en adelante, Margaret tendrá una suerte de poder sobrenatural que le permitirá leer los pensamientos de todos los que se cruza, hablar en varios idiomas y, finalmente, tener un colapso en vivo tras ponerse a hablar en una incomprensible lengua de ruidos. De ahí en adelante, Disclosure Day tratará de unir esas dos partes de una misma trama, generando una larga y tensa serie de persecuciones, ocultamientos y traiciones, con el objetivo final de revelar —si es que logran hacerlo— no solo lo que los gobiernos y las corporaciones ocultan sino la conexión personal de Daniel y Margaret con esa posible vida extraterrestre.

Spielberg parece, de entrada, habilitar los misterios de la película a todos los espectadores. Que hay algo raro en los secretos que guarda la corporación es más que obvio y ya solo ver funcionar a ese «aparatito» lo deja en claro. Y que el comportamiento de Margaret no es para nada «normal», también. Lo que parece importarle al realizador de ahí en adelante es, por un lado, construir un intenso relato de suspenso y persecución —donde da rienda suelta a su talento para ese tipo de secuencias, especialmente una que involucra un tren y un auto en movimiento conjunto— con dos objetivos finales más concretos: establecer la relación entre los dos protagonistas, entender cómo se involucran ellos a modo personal con esa gran historia y, en definitiva, ver qué utilidad puede tener, en un mundo caótico y al borde de su destrucción, dar a conocer esa información. ¿Podrán los humanos lidiar con esas revelaciones? ¿Ayudarán en algo o no harán más que empeorar las cosas?

Lo más difícil con lo que tiene que lidiar Spielberg es cómo pasar de un thriller conspiranoico más setentista y, si se quiere, de aspecto realista, al tipo de ciencia ficción que supo gestionar en sus films clásicos, un salto que es difícil de dar y que metería en problemas a cualquier cineasta sin la experiencia del director de Tiburón. Es, un poco, un salto al vacío, que se sostiene más por la capacidad del cineasta y la confianza (y hasta el cariño) que uno le tiene como espectador que por el más incierto guión del veterano David Koepp. El día de la revelación no tiene la capacidad de maravillar como lo hacía Encuentros cercanos… —tampoco los espectadores tienen la inocencia de 1977—, pero sí logra conectar con la gran mitología spielberguiana acerca de las relaciones entre los humanos y los extraterrestres.

Hay, también, una lectura más directa y política para hacer de Disclosure Day. En el fondo, es un film que trata sobre la empatía, la conexión humana y la posibilidad de pensar que hay mucho más en el universo que las disputas menores que nos destruyen día a día. No es casual que el marco de la trama, el que ocupa los noticieros que se ven de fondo todo el tiempo, sea la inminencia de una posible nueva guerra mundial, involucrando a países de todos los continentes. En ese sentido, la película funciona como una actualización de El día que paralizaron la Tierra o hasta 2001: Odisea del espacio, una de las películas favoritas de Spielberg aquí citada visualmente más de una vez. Es un «no estamos solos en el universo» contado, desde una nueva perspectiva, por aquel que nos hizo creer que los extraterrestres existen, que están entre nosotros y que tal vez puedan ayudarnos a que nos entendamos un poco mejor.