
Series: reseña de ‘Inocencia salvaje’ (‘Wild Cherry’), de Nicôle Lecky (Paramount+)
Un video escandaloso expone las vidas tóxicas de adolescentes influencers privilegiadas y sus madres igualmente fracturadas, desatando una espiral de violencia, paranoia y destrucción mutua. Con Carmen Ejogo, Eve Best y Amelia May.
Una suerte de versión británica de Euphoria, incluyendo sus variados elementos dramáticos y de suspenso, Wild Cherry se mete en las vidas intensas y peligrosas de un grupo de adolescentes que viven en un exclusivo barrio de lujo en un lugar (ficticio) llamado Richford Lake. Todas influencers, salvajes, decididas, intensas y metiéndose en problemas una y otra vez, las protagonistas de la serie tienen que convivir además con sus padres (madres, más que nada) que no la tienen mucho más clara que ellas en la vida cotidiana.
Inocencia salvaje tiene como problema su falta de algún personaje mínimamente humano, decente o que muestre algún grado de empatía para con los demás. Chicas ricas, creídas, insoportables, prácticamente incapaces de algún gesto más o menos humano, las protagonistas de la serie viven pendientes de las redes sociales, generan «contenido» y lo que más les preocupa, en realidad, es que nadie se meta en sus vidas ni descubra algunas de las cosas que hacen (no tan) en secreto. Pero cuando una de esas actividades trasciende y las mete en problemas en el colegio, las cosas se tornan directamente violentas. Y la serie incorpora además a las madres, todas señoras de dinero que —de similar manera a sus hijas— compiten, se lanzan agresiones verbales permanentes y no se toleran entre sí, aunque lo disimulen.

Con algo de telenovela y otro tanto de pintura gruesa de una contemporaneidad performática y de permanentes falsedades, Wild Cherry pone el eje principalmente en una madre y su hija. Juliet (Eve Best) es una escritora de libros de autoayuda que se convence —y quiere convencer a sus lectoras— que hay que tratar de ser amigas de sus hijas adolescentes, dejarlas ser, no presionarlas ni meterse en sus vidas, ya que con la educación que les dieron debería ser suficiente. Ellas, asegura Juliet en sus charlas y en su texto, sabrán arreglárselas. En el fondo, la mujer —cuya riqueza, dice la narradora de la serie, viene de familia— quiere eso porque le encantaría seguir siendo una adolescente y salir del aburrimiento de su vida adulta de mujer de dinero y pocas aventuras.
Su hija, Allegra (Amelia May) es imposible, insoportable, una niña rica de 15 años altanera, creída, inmanejable y cruel. Líder de un grupo de «chicas populares» propio de una comedia de los años 2000, Allegra hará todo lo posible para humillarla, maltratarla, desmerecerla y agredirla. Y a sus amigos y amigas no los trata mucho mejor. Grace (Imogen Faires) es su mejor amiga, una chica negra de ese mismo barrio pudiente cuya madre, Lorna (Carmen Ejogo), trabajó toda su vida para llegar a ese lugar. Si bien son menos brutalmente agresivas, Grace y Lorna guardan también sus secretos y tensiones.
Ambas madres son llamadas por los directores de la escuela a la que sus hijas van para avisarles que está circulando un video hecho por ambas de alto contenido sexual. Las chicas lo niegan, sus madres las apoyan y amenazan a los directores por osar acusarlas, pero pronto nos damos cuenta que lo que dicen es cierto: hay un video problemático circulando solo que las dos amigas no saben quien lo dio a conocer. Y están dispuestas, por las buenas o por las malas, a descubrirlo.

El «secreto» de las chicas pasa por sus redes sociales, por actividades bastante sexualizadas que «producen» allí y que generan sus problemas y tensiones con las autoridades de la escuela y también entre ellos. A la par están las amigas de las dos —con sus respectivos problemas— y, por otro lado, todo el universo de «amigas del country» (o como se denomine a este barrio exclusivo en el que viven) de sus madres, un hervidero de celos, trampas y malas artes. De hecho, cuando la policía llegue a investigar una desaparición, les será más fácil maltratar a las autoridades que preocuparse por lo que pudo haber pasado con algunos de los suyos.
Hay un clima logrado, una permanente tensión y mucha trama que ir desatando de a poco, especialmente porque la serie arranca en pleno caos (caos que incluye sangre) y retrocede para contar cómo se llegó hasta allí. El problema de Wild Cherry es que no hay de donde agarrarse más que para ver cómo estas chicas y señoras ricas se sacan los ojos entre sí, arruinan sus vidas, provocan todo tipo de problemas y ponen en riesgo no una sino varias vidas.
Es un tipo de serie complementaria a todas aquellas tipo Big Little Lies que intentan mostrar el lado oscuro de las vidas de los ricos y famosos, solo que en versión exaltada y con el eje puesto tanto o más en las adolescentes que en las adultas. En la desconexión que hay entre unas y otras está puesto el peso de la historia. Las adultas creen que las chicas tienen la misma rebeldía y problemas que los que ellas tenían a su edad. Pero cuando se mira en detalle qué es lo que hacen y en qué se meten, es evidente que muchas cosas han cambiado. Si bien los rumores y los celos fueron siempre un motor complicado de manejar a esa edad, con las redes sociales y la virtualidad se han vuelto cuestión de vida o muerte.



