
Series: reseña de ‘No aptos para trabajar’ (‘Not Suitable for Work’), de Mindy Kaling (Disney+)
Cinco vecinos veinteañeros en el Murray Hill de Manhattan lidian con trabajos difíciles, amores esquivos y con sus propias inseguridades en esta sitcom. En Disney+
La comedia romántico-laboral de amigos de veintipico en Nueva York tratando de ganarse la vida, encontrar el amor, hacer nuevas amistades y empezar a desarrollar sus carreras es un clásico del formato sitcom de la TV estadounidense. Y No aptos para trabajar viene a sumarse a una tradición cuya mayor referencia, sin dudas, es Friends. Creada por Mindy Kaling, la serie apunta a actualizar, relativamente, los códigos de aquella en función de las décadas que pasaron, pero no tanto como para no hacerlas accesibles a un público un poco mayor que sus personajes. Dicho de otro modo: Not Suitable for Work es una serie sobre jóvenes sobre la Generación Z para que vean también los hoy ya más grandes millennials. Y, por qué no, hasta los aún mayores que veían Friends.
Es que, si bien el mundo que habitan es el de 2025/26, no hay un exceso de móviles, ni de referencias muy actuales y puntuales, ni códigos lingüísticos, ni influencers o costumbres más propias de los que hoy rondan los veintipocos. De hecho, uno puede pensar en Secretaria ejecutiva, una película de los ’80, y no notaría grandes diferencias en cuanto a esta historia de jóvenes intentando triunfar y sobrevivir en Nueva York. Quizás la mayor diferencia de todas es su cuestión multiracial y multicultural, pero no mucho más. Broad City, sin ir más lejos, o Adults, se sienten más contemporáneas.
Acá estamos ante una sitcom sin risas grabadas pero con el espíritu de aquellas series. Y los protagonistas son tres varones y dos mujeres —todos heterosexuales, otra rareza en estos tiempos de la ficción— que viven en departamentos enfrentados entre sí en el barrio Murray Hill de Manhattan. Por un lado, los tres hombres. Ellos son Josh (Jack Martin), un nepobaby, hijo de un empresario mediático que acaba de ser dejado por su pareja y que entra a trabajar en programa de investigación periodística por portación de apellido. Kel (Nicholas Duvernay), que estudia medicina pero su pasión verdadera es la actuación y trabaja como maestro sustituto. Y Davis (Will Angus), que está instalado en el mundo de las finanzas pero más preocupado por conseguir novia.

Enfrente vive Abby (Avantika), que trabaja como asistente de una mujer (Constance Wu) que viste a celebridades y que tiene como cliente casi único al «sobrino de Cate Blanchett» Austin (Harry Richardson). A ella se le suma —dando inicio a los acontecimientos— la recién llegada AJ (Ella Hunt), que va a trabajar también en finanzas y está nerviosa e insegura con lo que se le viene encima. Como en las sitcoms New York es casi un pueblo chico, ella termina trabajando justo al lado de Davis, habiendo tenido una historia de una noche en la universidad con Josh y peleándose en la calle con un hombre (Jay Ellis) que, horas después, descubriría que es su nuevo jefe.
Ninguno de ellos está del todo bien en sus respectivos trabajos y todos se esfuerzan más de la cuenta, pero aún así tienen tiempo para socializar y conocerse. Todo empieza bastante mal, como suele suceder en estos casos: irritaciones entre vecinos, conflictos con los jefes, con compañeros de trabajo, problemas con el dueño del piso y así. Pero de a poco las tensiones van dando paso a relaciones un tanto más amigables, aunque los intereses románticos no están del todo alineados entre sí. Hasta ahora no apareció un café para reunirse como el de Friends, pero ya hay un bar en el que beber algo y seguramente algo más surgirá.
Todo funciona en la misma amable irrealidad de estas sitcoms en la que dos grupos de jóvenes con trabajos discretos pueden alquilar un piso más que digno en Manhattan, pero son códigos que uno está dispuesto a aceptar. Lo mejor que tiene la serie es que, por lo general, los personajes son agradables, los actores están bien y hay cierta química entre ellos. Si eso se logra sostener, es probable que haya NSFW para unas cuantas temporadas. Dependerá, es cierto, si al público de la edad de los protagonistas le resulta creíble esta versión un tanto retro de sus formas y modos de vida. Si ellos no se enganchan, seguramente los nostálgicos de sus años más jóvenes —incluyendo los millennials que ya califican como viejos en este grupo— lo harán.



