
Estrenos: crítica de ‘Spider-Man: un nuevo día’ (‘Spider-Man: Brand New Day’), de Destin Daniel Cretton
Marvel reduce la escala mientras Peter Parker enfrenta el duelo, la soledad y un enemigo misterioso. De todos modos, la película no logra equilibrar intimidad con espectáculo de fórmula.
En el universo de Marvel y aledaños, Spider-Man ha permanecido como una de sus pocas garantías a largo plazo. Los Avengers han tenido su momento, todos sus «tentáculos» esparcidos por el multiverso también, las nuevas apariciones estelares han desaparecido así como han llegado y, en la gran mayoría de los casos, todos fueron esfumándose, perdiendo terreno, borroneándose y desapareciendo. Pero el «vecino amigable» sigue ahí, sosteniéndose bien arriba en la taquilla y ocupando un espacio que —al menos dentro del territorio del MCU— puede considerarse más o menos cercano, plausible, casi realista. «Small potatoes», dirá un personaje aquí. Asuntos sin demasiada importancia en la dimensión sideral de las cosas.
La última entrega de la saga, Sin camino a casa, rompió del todo esa puerta del multiverso pero la volvió a cerrar sobre el final, como para dar otro reinicio a la saga pero esta vez sin cambiar de actor ni nada por el estilo. Un nuevo día es, o debería ser, el intento de Marvel por reconfigurar a Spider-Man sin tener que empezar todo de cero. Solo hace falta, como cualquiera que haya visto la película anterior sabe, que algunos personajes importantes pierdan la memoria y listo. Y ese es el punto de partida 2.0 para este Peter Parker que regresa al «chiquitaje»: a detener robos y villanos de poca monta por las calles de Manhattan, colaborando con la policía y volviendo a ser el héroe local amado por los niños y las familias.

Hay, sí, algunas diferencias. Este Peter (Tom Holland, un poco más perturbado que lo habitual) es mayor, solitario, amargado y con el dolor de haber perdido desde familiares que han muerto hasta su novia y su mejor amigo que, si bien siguen vivos, desconocen su existencia. Es un Spider-Man con cosas de Batman aunque sin el dinero del millonario Bruce Wayne. El hombre vive solo, se ocupa nada más que de trabajar y la pasa, íntimamente, bastante mal. Un nuevo día lo enfrentará a esa soledad y desamparo haciéndolo enfrentar a un nuevo y misterioso enemigo que, más que presentarse de forma directa, se va trasmutando en distintas personas, atravesándolos y poseyéndolos como un espíritu vengativo. Salvo con Peter, que parece ser capaz de resistir sus intentos de meterse en su cuerpo y cerebro.
A la par, la película se ocupará de la manera en la que Peter lidia con la ausencia en su vida de MJ (Zendaya) y su amigo Ned (Jacob Batalon), y de una especie de depresión que puede poner en peligro hasta sus poderes. En el medio habrá lugar para que algunos viejos conocidos del MCU en sus distintas etapas y plataformas aparezcan alrededor suyo, colaborando (o no tanto) con él, mientras el hombre intenta por todos los medios descubrir quién está detrás de esas misteriosas posesiones y qué es lo que busca. Cualquiera que haya visto algún trailer o alguna página web con info de la película sabrá de quiénes estoy hablando pero, para que no se enoje la policía del spoiler, no diré quién o quiénes son.
Un nuevo día funciona de a ratos, por momentos, como si su energía subiera y bajara inexplicablemente cada quince o veinte minutos. Las escenas que van de simpáticas a emotivas con MJ y Ned dan paso a alguna rutinaria y muy digital escena de acción, una set piece bien armada —una en particular demuestra las habilidades para la acción del director Cretton— da lugar a otra que no lo está tanto, y promediando lo que podría llamarse su largo segundo acto (las películas de Marvel tienen varios más, como si fuera la temporada de una serie comprimida a dos horas y media), el asunto empieza a volverse un tanto tedioso y repetitivo. Es ese momento en el que uno mira el reloj, se da cuenta que aún falta una hora más y se pregunta qué inventarán para rellenarla. Algo inventan, obviamente, pero ya no produce demasiado efecto.

Hay una tendencia, valorable más desde lo temático que desde lo narrativo, de volver a los villanos más reconocibles, humanos y a sus maldades en cierta medida justificables. A tal punto es así que uno podría decir que la «mala» de esta película (interpretada por Sadie Sink) ni siquiera califica como tal. Y ese formato —con el que el cine y las series están experimentando cada vez más seguido, especialmente si ese «villano» es una mujer— le genera a la acción un cierto desbalance en lo dramático, ya que termina por invalidar buena parte de esas escenas. ¿Quién quiere realmente que se destruya media ciudad y mueran decenas de personas si el villano, en realidad, es alguien sufrido y confundido que en realidad no tiene malas intenciones?
Spider-Man: un nuevo día no es el esperado relanzamiento del mundo Marvel ni marca un regreso a los inicios, pero no decepcionará tampoco a los fans del arácnido superhéroe, ya que cumple con la promesa básica que genera este siempre querible personaje que ni cientos de subtramas y multiversos pueden derribar del todo. Peter estará más compungido, culposo, sufrido y con problemas hasta para manejar sus poderes que de costumbre, pero sigue siendo uno de los más reconocibles superhéroes del canon contemporáneo. Y eso, aún cuando las películas no siempre lo acompañan, no lo ha perdido todavía.



