Estrenos online: crítica de ‘Hamlet’, de Aneil Karia (Flow, Claro Video)

Estrenos online: crítica de ‘Hamlet’, de Aneil Karia (Flow, Claro Video)

En una versión de la clásica obra reimaginada con urgencia y energía contemporánea, un heredero lleno de furia enfrenta traición y conflicto social en una ciudad gentrificada. Con Riz Ahmed. Disponible para alquilar en varias plataformas.

Ni al más radical de los fanáticos de William Shakespeare se le habría ocurrido meter a Hamlet en una discoteca y hacerlo tomar cocaína mientras escucha una canción que dice algo así como «Oye mami/Muévete, muévete«. Alguno, quizás, podía haberlo imaginado diciendo su soliloquio más famoso mientras maneja, de modo suicida, un coche a toda velocidad, pero difícilmente se habría atrevido a hacerlo. Y pocos lo habrían convertido en un empresario de bienes raíces. Pero todo puede suceder en Elsinore. «La obra es lo que importa».

En la versión de la clásica pieza del Bardo dirigida por Aneil Karia y que produce y protagoniza Riz Ahmed, el Príncipe es, tras la muerte de su padre, el joven heredero de la fortuna de Elsinore, empresa inmobiliaria que maneja su familia originaria del sudeste asiático, una suerte de mafia que quiere gentrificar una zona de la ciudad. Pero al proponerle casamiento a su madre Gertrudis (Sheeba Chadha), todo parece indicar que su tío Claudio (Art Malik) se quedará en realidad con el «trono», por más que eso implique luchar contra los rebeldes de Fortinbras, que fueron expulsados de sus casas para que sobre sus terrenos ellos puedan construir brutales edificios.

No, no es una parodia de Hamlet ni algo que me acabo de inventar tras unos tragos de más. En esta versión de la obra de Shakespeare que es más respetuosa de lo que parece, sus acontecimientos ya célebres han sido traídos al presente y a un contexto más realista, pero el corazón de la historia sigue siendo el mismo. Y los diálogos también, dichos en el «verso blanco» tradicional de la pieza. Se ha depurado y recortado, compactado a sus situaciones narrativamente más directas, se le ha quitado personajes y rearmado situaciones, pero la esencia no ha cambiado demasiado. Dicho de otro modo: no por drogarse, vestirse de mujer o bailar alcoholizado como en una película de Bollywood, Hamlet deja aquí de ser Hamlet.

Si hay alteraciones que modifican la trama clásica de revancha pasan más que nada por la manera en la que, en la intensa personificación de Ahmed —y en la manera enérgica en la que el tipo se mueve y la cámara lo sigue de cerca—, su Hamlet no es tanto un hombre temeroso y dubitativo que no sabe bien qué hacer cuando sospecha que ha habido un complot para matar a su padre. Es, más bien, un hombre lleno de furia y energía que busca vengarse desde el primer momento —o, al menos, desde que cierto fantasma le confirma sus sospechas—, solo que no entiende del todo bien cómo canalizar su furia y termina matando a otro (si no saben a quién no seré yo quien se los cuente) por error, desencadenando el caos a partir de eso.

Este Hamlet moderno, multicultural y frenético —y sí, un poco acelerado— no traiciona los temas de la pieza, pero la manera en la que actualiza su trama sacándola del Reino de Dinamarca para situarla en medio de una ciudad inglesa afectada por el control de las propiedades sirve para entender cuál es el contexto en el que transcurren las acciones. La familia que componen Polonio, Ofelia y Laertes (Timothy Spall, Morfydd Clark y Joe Alwyn) es blanca y eso moviliza un ángulo impensado para los conflictos que terminan apareciendo por ahí. Y la muerte, cuando aparece, es más violenta y sangrienta que en otras adaptaciones.

Es un buen ejercicio este Hamlet. Simplificado y directo, pero honesto y fiel a las ideas de la pieza, manteniendo varios de sus soliloquios clásicos en los que las tensiones internas del protagonista se manifiestan de forma poética pero igualmente clara. «¿Qué es más noble para el alma: sufrir los golpes y dardos de la fortuna injusta, o alzarse en armas contra un mar de adversidades y, haciéndoles frente, acabar con ellas?», se pregunta acá el príncipe mientras su moderno automóvil viaja a contramano a toda velocidad por un autopista, expuesto a todo lo que se le venga de frente. «Morir… dormir… nada más. Y con un sueño decir que damos fin al dolor del corazón y a los mil golpes naturales que la carne hereda.»

El resto es silencio.