Estrenos online: crítica de ‘Los creyentes’, de Roger Gual (Netflix)

Estrenos online: crítica de ‘Los creyentes’, de Roger Gual (Netflix)

por - cine, Críticas, Estrenos, Online, Streaming
25 Jul, 2026 09:07 | Sin comentarios

Una DJ que trabaja en Berlín regresa a su pueblo en Galicia tras la muerte de su madre, pero su búsqueda de respuestas la lleva a sospechar de su padre. Con Stéphane Magnin y José Coronado. Disponible en Netflix.

No es un fenómeno de estos tiempos pero ha crecido lo suficiente como para volverse central a esta época. Me refiero a los «conspiranoicos», a todos aquellos que compran cualquier teoría conspirativa y se obsesionan con ellas a niveles patológicos. La internet y, dentro de ella, las redes sociales han logrado —especialmente desde que los algoritmos logran manipular o focalizar lo que nos llega a niveles excesivos— que toda investigación funcione como una confirmación, por lo que para mucha gente se ha vuelto difícil separar la realidad de la fantasía, lo que es cierto de la imaginación. De la pandemia en adelante —en la que la soledad y el contacto con el mundo vía internet se multiplicaron— esto alcanzó además a todas las generaciones. Y, a su modo, Los creyentes habla de eso.

El formato elegido mezcla policial con drama familiar. El punto de vista narrativo pertenece a Ruth (Stéphanie Magnin), una joven gallega que vive en Berlín y trabaja allí como DJ. Sus padres siguen viviendo en su ciudad natal, pero ella está bastante desconectada, haciendo su vida. Una noche, tras varias llamadas de su madre —que ella no escucha por estar trabajando—, recibe una de su padre, ya a la mañana siguiente, que le dice que su madre ha muerto. Obviamente, Ruth regresa a la ciudad para despedirla y entender qué es lo que pudo haberle sucedido a una mujer tan joven.

«Se cayó en la ducha y murió», asegura Martín (el gran José Coronado), su padre ex Guardia Civil, y la policía coincide. A Ruth el asunto no le cierra. Le dicen que estaba borracha, pero ella no bebía (al menos eso recuerda). En las fotos que ve del cadáver tiene una cantidad de sangre llamativa. Y, sobre todo, su padre actúa raro, sigue en la suya, le ha borrado las cosas del teléfono («Ya está muerta, para qué sirven», se justificará) y está más preocupado por encontrar a un chico que ha desaparecido en el pueblo que en lo que ha pasado. Ruth desespera y empieza a sospechar. Pero nadie parece prestarle atención, especialmente en un pueblo chico en el que todos conocen a Martín.

Los creyentes empezará a desvelar un poco sus cartas cuando notemos algunos comentarios y actitudes raras de Martín: está más enojado y agresivo que de costumbre, y empieza a hacer comentarios acerca de una conspiración que involucra farmacéuticas, enfermedades, secuestros y otras menudencias. Si a eso se le suma que se pasa el día encerrado en un cuarto al que cierra con llave, todo le hace pensar a Ruth que el tipo anda en algo extraño. Y no serán los únicos indicios que la llevarán a pensar que, quizás, él pudo haber tenido algo que ver con la muerte de su madre.

En términos de investigación policial, Los creyentes no aporta nada demasiado significativo, ya que se arma de la misma manera fragil y administrativa que muchas otras películas del género. Lo más interesante pasa por una construcción que, de a poco, empieza a equiparar obsesiones. Mientras más Ruth investiga y conecta un punto con otro, el espectador empezará a pensar que la chica también ha empezado a funcionar con la lógica conspirativa del padre, con ese sesgo que la lleva a sentir que toda situación ambigua o dudosa confirma lo que ella cree. ¿Estará en lo cierto respecto a las andanzas de su padre o habrá caído en las similares garras conspirativas que él?

En buena medida, y ya por fuera de la película, se podría creer que el género del policial de investigación en sus distintos modos no es más que una sucesión de teorías conspirativas que muchas veces se confirman, en la ficción, como verdaderas. Si uno extrapola, bien podría decir que el cine ha ayudado bastante para que la gente siempre suponga que los hechos trágicos o dramáticos tienen siempre responsables ocultos y que hay que tirar de largos hilos para revelarlos. Es difícil, en la realidad y en la ficción, aceptar que muchas veces las cosas suceden porque suceden, más por casualidad que por otra cosa.

El guión de Darío Madrona y Carlos Montero no va a fondo con esa línea de pensamiento sino que la incorpora a un thriller bastante estándar que empieza a tener otros componentes —y otros personajes— e incluye asuntos que van más allá de la muerte de la madre. Pero su tema central siempre es el mismo. Puede tocarle a un jubilado solitario en un pueblo de Galicia, a un joven urbano adicto a las redes sociales o a cualquiera que no pueda mirar con cierta distancia analítica lo que «las redes» le ofrecen. Lo cierto es que todos estamos a dos o tres clicks de distancia de creer cualquier teoría conspirativa. Y algunos, encima, de actuar en consecuencia.