Estrenos online: crítica de ‘Megadoc’, de Francis Ford Coppola (Filmin)

Estrenos online: crítica de ‘Megadoc’, de Francis Ford Coppola (Filmin)

por - cine, Críticas, Estrenos, Online, Streaming
04 Jul, 2026 09:47 | Sin comentarios

Un retrato revelador del caótico proceso creativo de Francis Ford Coppola en Megalópolis, entre tensiones, ambición y contradicciones de un cineasta ferozmente independiente. En la plataforma española Filmin.

Los documentales sobre rodajes de cine no suelen ser especialmente entretenidos ni revelan mucho acerca de los procesos creativos ya que son, por lo general, parte de un aparato publicitario controlado por los estudios que comercializan los films en cuestión. Pero Megadoc es un caso distinto, muy distinto. Es que, como la película de la que se ocupa, este documental tiene la libertad que le da el particular «estudio» que la produce: Francis Ford Coppola. Así como hizo Megalópolis con su propio dinero (se rumorea que costó más de 120 millones de dólares), el realizador le dio total libertad —o eso parece— a Mike Figgis para meter su cámara en el rodaje y escudriñar su muy particular proceso creativo.

Es una lástima que la ambiciosa película que se filmó durante esas arduas y conflictivas semanas de rodaje no sea un clásico, ya que Megadoc podría ser un acompañante de lujo, como lo es Hearts of Darkness, el documental que dirigió Eleanor Coppola sobre el rodaje de Apocalypse Now. Como terminó quedando todo se podría hasta decir que el documental sobre Megalópolis es más interesante que la película de la que se ocupa. Es un film sobre un cineasta único y muy personal, que tiene una manera muy particular de filmar, de trabajar, de lidiar con sus actores y su equipo. Y todo eso está muy bien documentado por su colega Figgis, que encuentra momentos únicos en su propia experiencia acompañando el rodaje.

Megalópolis fue un proyecto que Coppola tuvo por más de 30 años: caro, ambicioso, épico, una suerte de reflexión sobre el mundo actual en función de una historia del Imperio Romano. Nunca logró llevarlo a cabo por su costo y porque ningún estudio quería financiarlo, pero se ve en imágenes de archivo aquí que, a principios de los 2000, hizo varios ensayos, pruebas y table reads del guión con actores como Robert De Niro, Uma Thurman y Ryan Gosling, entre otros. Recién cuando logró construir un imperio propio y millonario gracias a los vinos es que Coppola pudo, con su propio dinero, llevarlo a cabo. Y lo hizo sin control ajeno: ni de estudios ni de productores ni de financistas. Se dio el gusto, como quien dice, con su objetivo de «divertirse», tal como lo reconoce a cámara. No salió demasiado bien que digamos (acá pueden leer mi crítica de la película), pero hizo lo que quiso. Y está en todo su derecho.

El proceso, al menos por lo que se ve acá, puede haber sido divertido para él, pero fue igualmente arduo. Megadoc empieza —como empiezan casi todos los procesos laborales— de una manera amable, entusiasta, fresca. Coppola y parte de su elenco (Shia LaBoeuf, Jon Voight, Aubrey Plaza y otros) se prenden en ejercicios teatrales y ensayos que les permiten ir conociéndose, jugando, descubriendo a sus personajes. Coppola trae consigue una preparación teatral y siempre ha usado este tipo de ejercicios en sus filmaciones. A los actores les encanta, por lo general, y se nota el entusiasmo generalizado. Y lo mismo pasa con el equipo (directores de arte, vestuaristas, coreógrafos) que se muestran felices, de entrada, solo por estar ahí, junto al gran Francis. Figgis (Leaving Las Vegas) va acomodando algunas entrevistas a todos ellos en medio de la película que van revelando cómo cada uno se va sintiendo con el paso del rodaje. Y el cambio de humor es, en algunos casos, notable.

Sin revelar mucho qué es lo que sucede, lo que queda en claro es que, una vez iniciado el rodaje, los métodos creativos y con mucha improvisación de Coppola no le sientan bien a todos: empieza a tener problemas con su equipo técnico y creativo, las cosas no siempre salen bien, el presupuesto se le va de las manos, se encapricha con algunas cosas y, sobre todo, empieza a tener tensiones con LaBoeuf, un actor particularmente intenso que está todo el tiempo cuestionándole (y cuestionándose) todo, ante un Coppola que pierde la paciencia y que también tiene su carácter difícil. Con el paso de los días la armonía va dando lugar a fricciones —no parece ser un caos total, pero sí un rodaje difícil— y Figgis llega hasta el final casi tan agotado como los otros implicados.

Son muy disfrutables las apariciones y los conceptos que reparten veteranos de mil batallas como Dustin Hoffman, Giancarlo Esposito y Laurence Fishburne (los aportes casi psicoanalíticos de George Lucas son muy buenos también), aunque es poco lo que vemos del protagonista, Adam Driver, ya que el propio Figgis cuenta que el actor prefería no tener tanto la cámara encima, filmándolo mientras trabaja. Pero para los que somos fans de la obra del realizador de la saga El Padrino y La conversación, el documental es una fascinante inmersión en su proceso creativo desarrollándose en vivo, con todas sus particularidades y contradicciones.

El octogenario Coppola sabe, además, cuáles son sus limitaciones y reconoce sus problemas y sus obsesiones, pero a la vez se deja llevar por su estilo pasional y queda claro que no puede trabajar de otra manera que no sea en medio del caos creativo, con todo lo que eso implica para la gente que trabaja con y para él. Otras veces supo hacer magia con eso. No fue el caso de Megalópolis, pero es lo de menos. Más allá de los resultados de esa película, Megadoc es un más que revelador documental que se suma a todo lo que se ha escrito y filmado sobre este extraordinario cineasta.