Estrenos online: crítica de ‘Nunca debimos entrar’ (‘The Devil’s Mouth’), de Jeff Wadlow (Prime Video)

Estrenos online: crítica de ‘Nunca debimos entrar’ (‘The Devil’s Mouth’), de Jeff Wadlow (Prime Video)

por - cine, Críticas, Estrenos, Online, Streaming
29 Jul, 2026 01:50 | Sin comentarios

Un desvío imprudente lleva a un grupo a cuevas submarinas donde un tiburón y sus propios conflictos transforman el viaje en una lucha desesperada. Disponible en Prime Video.

Echenle la culpa a Steven Spielberg por la duradera popularidad de las películas sobre tiburones. Pasaron 60 años desde su clásico y el subgénero se resiste —como las criaturas que lo protagonizan— a morir. Lo ha dado para todo: comedias, películas de acción, dramas, documentales, films de terror y una mezcla de todas esas cosas a la vez. Y ha resistido, pese a periódicas caídas en popularidad. Nunca debimos entrar —curioso título en castellano para una película cuyo título es traducible como La boca del Diablo y bien podría funcionar así— es una nueva apuesta al subgénero «peligrosos tiburones» en su rama «adolescentes en peligro». De hecho, habría que sumarle una tercera categoría, la de «cuevas tenebrosas». Y esos tres ítems en fila son los que ofrece la película de Jeff Wadlow (Kick-Ass 2).

Tan solo en los últimos tres años se han estrenado una docena o más de películas con o sobre tiburones, incluyendo documentales. Y todo aquí sigue al dedillo las fórmulas conocidas. El asunto comienza con un grupo de cinco jóvenes de veintipocos años, amigos de la universidad, de vacaciones en Tailandia. Son tres chicas y dos chicos, liderados por Max (Lana Condor), la más intensa, dominante y «controladora» del grupo. Junto a ella está la más tímida Sara (Kathryn Newton, toda una scream queen a esta altura), el novio de Max, James (Nico Hiraga), el apuesto Greg (Gavin Casalegno) y la sonriente Adrienne (Tommi Rose).

Max y Sara son muy amigas pero tienen una relación un tanto tirante, una que empeora cuando a Sara se la «olvidan» en una zona llena de medusas que la lastiman en las piernas. Y mientras el tour acuático sigue mezclando música, fotos, videos para redes sociales y más alcohol que el recomendable, el grupo y su guía (Tayme Thapthimthong) decide meterse en una cueva y atravesar su recorrido interno más complicado y menos seguro de todos. Les aseguran que no es el camino más recomendable, pero los chicos están en plan diversión y deciden ir por ahí. Bueno, se imaginarán cómo sigue el asunto…

La curiosidad o, al menos, la diferencia en términos visuales es que la caza del turista no sucede aquí a mar abierto ni bajo la luz del sol o la luna sino en la oscuridad de unas cavernas llenas de distintos espacios en los que los protagonistas pueden tratar, de a ratos, de evitar al enorme tiburón que circula por dentro del lugar. Pero no será fácil. Entre tensiones internas que crecen, errores, accidentes y decisiones equivocadas, los colmillos harán su trabajo y pronto ya no serán cinco. Ni cuatro. Bueno, ya saben cómo es esto…

Ludlow, ya un veterano del cine de género clase B, se las arregla lo suficientemente bien para crear algunas escenas de tensión y suspenso por más genéricas y previsibles que sean. Lo mejor, de hecho, llega sobre la última media hora en la que los personajes son menos, los conflictos más claros y, en lugar de tener constantemente al tiburón acechando, los que quedan tienen que lidiar con los espacios, los escenarios, el silencio, el tiempo y, sobre todo, la (poca) confianza que se tienen unos y otros. Es que si uno va a meterse en una caverna en la que posiblemente haya tiburones, lo mejor sería tener buenos amigos en los que confiar. Y no siempre es el caso…