Series: crítica de ‘Furia’ (‘Furious’), de Elizabeth Meriwether (Disney+)

Series: crítica de ‘Furia’ (‘Furious’), de Elizabeth Meriwether (Disney+)

Una agente del FBI persigue a una asesina que refleja su propio pasado, en una red oscura de abusos donde justicia, identidad y venganza se confunden. Los tres primeros episodios ya están disponibles en Disney+

La premisa de Furia no augura, de entrada, nada que no hayamos visto antes. Hay una mujer que mata a un hombre en circunstancias misteriosas. Hay otra que la busca, junto al FBI y a la policía neoyorquina. Pronto notaremos que una y otra no son tan distintas, que ambas atravesaron similares situaciones traumáticas y que, por esos giros del destino, una ha terminado de un lado de la Ley y la otra, del otro. La búsqueda es también un reconocimiento, una potencial identificación. No se trata ni de saber quién es el asesino sino, más bien, de entender el mundo en el que ambas viven y cómo las ha vuelto, cada una a su manera, violentas.

Pero la serie de la creadora de Dying for Sex y The Dropout —inspirada en la película de 1987 Viuda negra, de Bob Rafelson— va más allá de eso, es más de lo que su fórmula parece proponer. Si bien se enmarca en un modelo conocido, lo hace encontrando una muy buena serie de personajes —y no solo las dos protagonistas— y logrando ir, de a poco, tejiendo un universo que va más allá de «atrapar a la asesina en serie» y que se apoya en describir una serie de estructuras si se quiere patriarcales que las han ubicado a ambas en sendas zonas oscuras en la que el uso de la violencia aparece casi a modo de respuesta instantánea, instintiva. De distintos modos —una hacia los demás, la otra hacia ella misma—, pero con similar motivación.

Uno podría conectar lo que cuenta Furia con el caso Jeffrey Epstein. Si bien no lo describe directamente, el universo en el que se mueven los personajes es bastante similar: millonarios perversos, pornografía infantil, abusos sexuales, conexiones peligrosas, su ruta. Pero la serie se aleja de las convenciones policíacas para contar una historia de gente rota, abrumada por las circunstancias que han atravesado en sus respectivas vidas. Y si bien el guión se presta a coincidencias que limitan la plausibilidad y a temáticas muy al uso, la serie es potente, áspera, agresiva. No busca simpatías del espectador ni compasión con la/s víctima/s sino que uno se conecte con la furia, la bronca, más con el desahogo que con el dolor.

La asesina es evidente desde la primera escena en la que vemos a Catherine (Lola Petticrew), una mujer enmascarada para Halloween inyectando densas dosis de fentanilo al hijo de un famoso millonario. El hombre quiere reaccionar y no puede mientras ella, casi con gusto, lo ve de a poco morir. Pronto conquistará a un abogado en un bar, se meterá en su casa, lo manipulará de a poco y, aprovechando su sensualidad —y la inocencia de un hombre que debería haberse dado cuenta antes— hará lo propio con él, pero de una manera un tanto más cruenta aún.

En paralelo, una detective de la policía que ha sido separada de su cargo y ha empezado a trabajar en el FBI se interesa en el caso. Como la tienen medio «castigada», no se lo quieren dar pero ella, tozuda y agresiva, se manda por su cuenta. Se llama Alice (Emmy Rossum, excelente) y tiene una historia de violencia propia, ya que la separaron de la policía por denunciar a su marido, Marshall (Jake Lacy), por abuso. Sí, el marido es policía también, y todos prefirieron mirar para otro lado. Pero el caso de la asesina serial unirá al FBI con el NYPD y se verán forzados, sino a trabajar juntos, al menos a colaborar.

El equipo de Alice se completa con Danny (Scoot McNairy), un agente que sí le cree a ella y es obvio que la quiere, pero prefiere mantenerse a cierta distancia. Y con una bastante peculiar jefa, Nora (Quincy Tyler Bernstine), que también vio más cosas de las humanamente tolerables en su vida, es de armas tomar y no se calla ante nada. Este equipo, dividido y con tensiones internas de todo tipo, busca a Catherine e intenta atar cabos entre sus posibles crímenes. ¿A qué se deben? ¿Cómo se conectan entre sí? ¿Hay por detrás alguna conexión con una sospechosa red de prostitución infantil?

Furious se meterá en ese mundo oscuro de hombres siniestros, secretos entre poderosos, crímenes no resueltos y delitos deplorables de todo tipo. Pero su eje narrativo pasará por una búsqueda que es, más que nada, un proceso creciente de identificación entre la cazadora y su presa. Alice sufre, al igual que Catherine, de un estrés post-traumático después de las experiencias vividas que la llevan a poner en riesgo su integridad física para obtener una mezcla de placer y dolor. Y su presa, a partir de similares sensaciones, se ha convertido en algo así como un ángel exterminador. ¿Qué sucederá una vez que se encuentren?

La serie de la creadora de New Girl no le escapa, como ya dije, a muchos de los lugares comunes de este tipo de policial. Hay conexiones perturbadores entre millonarios y autoridades, archivos secretos que aparecen en el momento justo, situaciones demasiado convenientes como para ser del todo creíbles. Pero lo que sobresale es la verdad que hay en las actuaciones, el dolor que atraviesa a los personajes, la tensión permanente y un clima áspero que se corta con cuchillo. Si bien hay escenas de humor y cierto grado de introspección, la serie se caracteriza por su rispidez, su casi tenebrosa oscuridad.

Si bien las tramas apoyadas en traumas se han vuelto un cliché del género policial —y no solo del policial—, en Furia se respira una verdad que va más allá de la fórmula. El elenco ayuda mucho y, sobre todo, la manera en la que las protagonistas (Nora es casi tan central como las otras dos) son personajes que no piden permiso para nada, aún si eso las lleva a sufrir las consecuencias de un mundo que fue armado sin tenerlas en cuenta más que como objetos. Sin victimizarse, van a ocupar el lugar que, saben, les corresponde. Caiga quien caiga.