
Series: crítica de ‘Lucky’, de Jonathan Tropper (Apple TV+)
A la fuga tras un golpe fallido, una estafadora ingeniosa esquiva al FBI y a asesinos mafiosos mientras persigue a su pareja y busca los millones perdidos. Desde el 15 de julio por Apple TV.
A las corridas. Así anda Lucky, escapándose del FBI y de la mafia que la persigue, buscando a su pareja que se quedó con el dinero de ambos y tratando de sobrevivir gracias a su conocimiento del «mundo del hampa» y de sus trucos. Ese es el espíritu de Lucky, la serie inspirada (bastante libremente) en la novela homónima de Marissa Stapley, centrada en esta joven mujer, interpretada por Anya Taylor-Joy, y en sus intentos de sobrevivir a todo lo que el mundo (y el negocio en el que está metida) le tira encima. No será nada fácil, obviamente, pero en esa inquietante secuencia de peligros se apoya esta efectiva y entretenida serie producida por la propia actriz de origen argentino.
Hay muchas diferencias entre la novela y la serie (no las comentaré aquí para no spoilear nada), pero lo que mantiene, sí, es su universo, sus puntos de partida y, sobre todo, sus personajes y conflictos principales. Todo empieza in medias res, en plena acción, y uno tarda un poco en entender y posicionar bien todos los elementos que hay en juego en ella, todas las piezas que se mueven alrededor de la acción y cómo se combinan entre sí. Escrita por Jonathan Tropper (Tus amigos y vecinos), la serie además retiene del libro una estructura en varios tiempos, ya que suma al tiempo presente del relato un constante ida y vuelta con hechos del pasado distribuidos a lo largo de la vida de Lucky, cuyo nombre real y completo es Luciana Armstrong.
Todo arranca en un hotel casino de Las Vegas con la pareja integrada por Lucky y su marido Cary (Drew Starkey) festejando tras lo que parece ser un robo millonario. Luego de varias copas (de más) y un romántico anochecer —en el que hablan de su inminente fuga a otro país, de una nueva vida en plan paraíso caribeño—, la chica se despierta y se da cuenta que Cary no está y la valija con el dinero, tampoco. A ese problema se le suma otro: rápidamente llega al hotel el FBI buscando a los culpables del delito. Liderados por la obsesiva Agente Billie Rand (Aunjanue Ellis-Taylor), los «federales» tienen claro a quién buscan. Pero ella no tiene ni el dinero ni sabe qué pasó con él. Y se escapa.

No es el único problema de Lucky. Además del FBI, aparece en el hotel un hombre conocido, con cara de pocos amigos. Es Dutch (Clifton Collins Jr.), algo así como el brazo armado de Priscilla (Annette Bening), que también los busca, seguramente en conexión a ese dinero. La única —y relativa— ayuda Lucky la tiene de parte de su padre, John (el gran Timothy Olyphant), pero el hombre está en la cárcel y desde allí solo puede aconsejarla un poco. Es así que Lucky utiliza su sabiduría del mundo de los estafadores y criminales —que aprendió al crecer con su padre, un profesional de la materia que la hizo desde pequeña partícipe de sus engaños y trucos— para fugarse, un poco gracias al ingenio, otro a su capacidad de supervivencia y mucho debido a la suerte (y, convengamos, a un guión que hace caer las fichas donde más conviene casi siempre).
A lo largo de siete episodios, Lucky se ocupará de los contratiempos en los que se mete la chica, sus fugas, escapes y trampas, mientras busca a su marido, su dinero, escapa de la mafia y del FBI al mismo tiempo. Escenas de acción y con un tono que recuerda por momentos a El fugitivo, la serie apoya su conflicto dramático y emocional más que nada en la aparentemente amable pero en el fondo problemática relación de Lucky con su padre. A la vez, como si faltaran elementos, la trama mafiosa tiene también sus giros, ya que allí aparece otro «peso pesado» del mundo criminal, un tal Whittaker (interpretado por otro veterano notable como William Fichtner), cuya historia con Priscilla, Dutch, el padre de Lucky y Cary también entra en juego, elevando el peligro que rodea a la chica en su intento de supervivencia.
Un poco como Your Friends and Neighbors, también de Trooper, Lucky se apoya en las peripecias de un criminal (en este caso mujer, en aquel es Jon Hamm) con el que el espectador debe identificarse, alguien que se mete en más problemas de los que puede manejar y que debe encontrar cómo salir. Lo que prima en la serie es el deseo de Lucky de abandonar esa vida criminal de la que no ha podido nunca salir del todo, pero a la vez le resulta imposible escapar a la cadena de problemas en la que se encuentra. Es cierto que el guión se apoya en demasiadas casualidades —y, al menos por un tiempo, en la idea un poco tonta de que alguien con un rostro tan particular como el de Taylor-Joy pueda tornarse irreconocible con un corte y un color de pelo distintos—, muchos «escapes por un pelo» y otra serie de caprichos narrativos, pero no llega a superar el límite de lo tolerable o habitual en este tipo de relatos de respiración larga.

Lucky tiene, además, algo retro, que me hizo pensar en muchas series policiales clásicas o en la reciente Poker Face, con Natasha Lyonne, ya que durante buena parte de su metraje parece recuperar ese carácter episódico de las tramas de antaño, con la protagonista atravesando una nueva desventura o superando un nuevo problema en cada capítulo (en ese sentido tiene más de la serie de los 60 El fugitivo que de la película de 1993). Promediando la temporada eso se estabiliza un poco, entrando más en los conflictos personales y el largo historial de los protagonistas (Bening se luce como una jefa mafiosa peligrosa pero frágil a la vez), cuyas relaciones son más largas y complicadas de lo que inicialmente parecen ser.
Si bien puede parecer físicamente ligera para atravesar —ensangrentada pero bastante ilesa— tantos contratiempos, Taylor-Joy le encuentra la vuelta a un personaje que se apoya más en el ingenio y en la inteligencia para darse cuenta cómo moverse en esas aguas peligrosas que en algo parecido al portento o la destreza física. Tanto Bening como Olyphant, Ellis-Taylor y Fichtner le agregan a Lucky todo su talento para hacer creíble una trama cuya plausibilidad pende más de una vez de un hilo, y es gracias a ese combo que la serie logra salir airosa del desafío de una rara adaptación. Es que si bien se presenta como miniserie, tomando en cuenta que muchas de las cosas que suceden en la novela en la que se basa no aparecen acá, es dudoso hasta qué punto esto culminará aquí. Si cierra así, misión cumplida. Y si hay espíritu para seguir por más temporadas, mientras le aguante el cuerpo y la energía a la sacrificada Anya, bien podría funcionar también.



