Series: crítica de ‘Stuart no logra salvar el universo’ (‘Stuart Fails to Save the Universe’), de Chuck Lorre, Bill Prady y Zak Penn (HBO Max)

Series: crítica de ‘Stuart no logra salvar el universo’ (‘Stuart Fails to Save the Universe’), de Chuck Lorre, Bill Prady y Zak Penn (HBO Max)

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22 Jul, 2026 01:27 | Sin comentarios

Un dueño de una tienda de cómics y sus excéntricos amigos viajan por realidades alternativas tras un experimento fallido que amenaza con borrar su universo conocido.

Corresponde comenzar esta crítica con un necesario disclaimer: no vi The Big Bang Theory. Es decir, creo recordar haber visto algunos episodios sueltos, quizás de la primera temporada o por ahí, allá lejos y hace tiempo (estamos hablando de una serie que se inició en 2007), pero no conozco a sus personajes más allá de los protagonistas más básicos y el tipo de mundo en el que habitan. Esto es: el universo de Stuart no logra salvar el universo me es completamente ajeno. Al menos, en los papeles. Responden, de todos modos, a características tan prototípicas que uno no tarda demasiado en ubicarlos y conocerlos.

Digo esto porque Stuart… no es otra cosa que un nuevo spin-off de The Big Bang Theory, en este caso uno centrado en un grupo de personajes que en la sitcom original eran secundarios, empezando por su protagonista, Stuart Bloom (Kevin Sussman), el dueño de la tienda de cómics (The Comic Center of Pasadena) en el que sus protagonistas se reunían. La principal diferencia entre ambos es, inicialmente al menos, su género —Stuart… podría catalogarse como una comedia de ciencia ficción— y su formato, ya que la nueva serie no responde al estilo de la anterior en cuanto a las risas típicas del vivo de los clásicos sitcoms de la TV estadounidense que sí formaban parte de TBBT.

Más allá de la serie de cameos, apariciones y referencias que se haga a la «casa matriz», Stuart Fails to Save the Universe no necesita muchas conexiones para establecer su mundo y funciona para cualquier novato. Es la historia de cuatro amigos (es una forma de decir) que conectan en esa tienda de cómics y que, en un twist de ciencia ficción, a partir de un invento para viajar a través de multiversos, se dan cuenta que su realidad está alterada, que el mundo no es el mismo en el que vivían y que, a partir de ese descubrimiento, intentan sin demasiada suerte regresar al original, atravesando —episodio a episodio— distintas realidades paralelas en las que el mundo tiene características distintivas y diferentes al original.

Ese es el set-up para una serie de situaciones cómicas que los creadores originales, el mítico Chuck Lorre y su colega Bill Prady —con la colaboración del especialista en sci fi Zak Penn, coguionista de Ready Player One—, arman para poner a nuestros cuatro intensos amigos nerds, llevando el territorio de la serie clásica a uno con un pie en el humor tradicional de sitcoms y otro en el de la ciencia ficción. Nuestros antihéroes intentan arreglar el dispositivo, viajar a un universo aleatorio —ninguno sabe del todo bien cómo funciona el rudimentario aparato— y terminan siempre en uno en el que las cosas no son del todo atractivas. Si bien arrancan desde uno post-apocalíptico, los demás tendrán problemas y dificultades que los llevarán a querer seguir viajando hacia el siguiente.

Junto al tímido y nervioso Stuart está el geólogo super nerd Bert Kibbler (Brian Posehn) y Barry Kripke (John Ross Bowie), el físico de peculiar dicción y complicada personalidad. A ellos se les sumará pronto Denise (Lauren Lapkus), asistente de la tienda y «novia» de Stuart en la serie original, y serán ellos cuatro los que viajarán a través de distintas versiones de la realidad, cuyas diferencias no voy a spoilear aquí salvo una. En el cuarto episodio, Stuart aparece en un hospital psiquiátrico y cuando le cuenta su historia a la terapeuta que lo atiende da la impresión que, claramente, ese es el lugar más adecuado no solo para él sino para todo el grupo.

La serie es breve (algunos episodios duran menos de 15 minutos), amena, por lo general entretenida aunque empieza a volverse reiterativa en su segunda mitad. Su episodio final, sin embargo, le agrega un giro narrativo intrigante que habilita a lo que todos imaginan que será una segunda temporada. Entre las cosas más divertidas de Stuart… están dos que no pertenecen del todo al mundo ficcional de la serie: las secuencias de títulos —que dialogan de maneras graciosas con el espectador— y las clásicas vanity cards o pequeños comentarios, bromas o análisis de Chuck Lorre que aparecen en un último plano después de los créditos de cada episodio. Vale la pena seguir hasta ahí (evitar el skip), pausarlos y leerlos. Suelen ser más graciosos que algunos episodios.

Stuart no logra salvar el universo será una manera de complacer a los fans del mundo de TBBT —o de su precuela Young Sheldon o de su otro spin-off Georgie & Mandy’s First Marriage— permitiéndole reconectar con estos y otros personajes de la serie original de CBS. Con suerte además podrá servir para que algunos que no la vieron repasen sus ¡12! temporadas de 22-23 episodios de una de las últimas sitcoms tradicionales de gran éxito masivo: solía ser la sitcom más vista con ceca de 15 millones de espectadores por episodio. Si con la nueva serie de la franquicia y el potencial público más joven que pueda sumar Lorre logra renovar su visibilidad, habrá ganado por partida doble. O triple. O en todos los multiversos.