
Series: reseña de ‘Juntas o muertas’ (‘Ride or Die’), de Tessa Coates (Prime Video)
Una asesina en declive enfrenta su retiro forzado, pero una última misión arrastra a su mejor amiga a una fuga peligrosa por Europa. Con Hannah Waddingham y Octavia Spencer. Disponible en Prime Video.
Conocida internacionalmente por su papel en Ted Lasso, Hannah Waddingham tiene el porte y la convicción como para transformarse en una suerte de heroína de acción. Y eso es lo que aquí hace, encarnando a una asesina profesional que trabaja para una agencia ultrasecreta que supuestamente se dedica a perseguir y matar criminales a través del mundo. Esta especie de John Wick rubio platinado en versión femenina (¿Joan Wick?) tiene todos los atributos de una super-espía, pero lidia a la vez con un problema con el que muchos hombres no tienen que lidiar en su vida profesional: ha llegado a una cierta edad en la que su empleador la quiere despedir. «Después de los 50 las mujeres se vuelven emocionalmente inestables», le dicen. Y ella, por suerte, no los liquida a todos ahí mismo.
Juntas o muertas no es del todo una serie de acción acerca de una asesina profesional sino una comedia con escenas de acción en la que esa asesina debe escaparse junto a su mejor amiga, una «civil» (la actriz estadounidense Octavia Spencer) que desconoce su verdadera profesión y que se ve enredada en su mundo por una serie de inesperadas conexiones entre ambas. Eso es suficiente como punto de partida para un tipo de serie que remeda los clásicos buddy movies de los ’80 y los ’90, a través de una serie de fugas, persecuciones y escenas graciosas (y dramáticas también) que ambas emprenden para tratar de sobrevivir y de recuperar su complicada amistad.
Entretenida y más efectiva de lo que uno podría imaginarse por su curiosa premisa, la serie gana cuando profundiza en la relación entre ambas amigas y cuando Waddingham (o su doble) se maneja con sorprendente destreza en las escenas de acción, que en algunos casos son bastante elaboradas. La serie, que tiene producción de los hermanos Andy y Barbara Muschietti, arranca en medio de la acción cuando vemos a Judith (o Whiptail, como la conocen en su trabajo) liquidando a un criminal en un resort de esquí austríaco. Pero el trabajo es un tanto sucio y sus superiores en la agencia misteriosa para la que trabaja —liderada por el Director, que interpreta Bill Nighy— quieren retirarla. Pero ella se niega y le dan un nuevo trabajo para hacer: si lo hace bien, seguirá. Si no, a jubilarse.

En paralelo a todo esto Judith tiene una gran amiga llamada Debbie (Spencer), que es la esposa de un miembro del parlamento británico (Jamie Parker) y quien se ocupa de organizar su campaña para ser, en un futuro que imaginan cercano, Primer Ministro. Debbie no tiene idea de la profesión real de su amiga, pero ambas se topan una noche en una fastuosa gala en un hotel en la que Judith tiene que cumplir su misión —matar a un misterioso sujeto llamado Billy Donovan (Ed Skrein)— y en la que Debbie está con su marido político. Las cosas se complican, hay tiros, sangre, muertos y, como era de prever, la conexión entre unos y otros no eran tan lejanas. Lo cierto es que, en medio del caos, Judith y Debbie tienen que huir juntas, perseguidas por varias fuerzas a la vez.
Lo que tensa la situación entre ambas es, aún más que tener que huir de asesinos profesionales de todo tipo y color a través de varios países de Europa, es el enojo que Debbie tiene tras enterarse de que su gran amiga le mintió toda la vida y jamás le dijo a lo que se dedicaba. Es por eso que la serie tendrá que lidiar, en paralelo a las complicaciones de las distintas persecuciones, trampas y engaños, con las idas y vueltas de una relación un tanto quebrada y que atraviesa todo tipo de contratiempos. Porque, como se podrán imaginar, no todas las cosas son realmente tal como parecen ser. Y hay muchos más secretos circulando en esta por demás complicada trama de mafias, asesinos, espías y políticos.
La relación entre estas dos muy distintas mujeres que, pese a todas sus diferencias, se adoran —leen los mismos libros, aman las mismas canciones, comparten el mismo tipo de humor— es el eje por donde pasa el atractivo de Ride or Die, lo que hace que la serie vaya más allá de una premisa que puede no llevar a ningún lado. Hay química entre las actrices y una mezcla de escenas cómicas seguidas de otras dramáticas que le dan cierto peso y humanidad a una trama que, sin todo eso, no sería más que regurgitar viejas tramas del cine de acción y de espionaje internacional.
La gracia de la serie pasa además por tener a dos actrices que, para el género, podrían considerarse algo veteranas, atravesando situaciones difíciles que superan con una mezcla de destreza, inteligencia y, en el caso de Waddingham, bastante virulencia. La premisa puede parecer un tanto absurda, pero la actriz británica la hace creíble dentro de los parámetros del género. Es una mujer con la que uno preferiría no tener que pelearse nunca.



