
Series: reseña de ‘Larry y la búsqueda de la infelicidad’ (‘Life, Larry, and the Pursuit of Unhappiness: An Almost History of America’), de Larry David y Jeff Schaffer (HBO Max)
Larry David inserta su personaje irritable en momentos clave de la historia estadounidense, convirtiendo ideales nacionales en conflictos sociales crecientes y comedia absurda.
Sostenemos como evidentes estas verdades —dice la Declaración de Independencia de los Estados Unidos—: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre éstos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad.» La parte más célebre de esa declaración ofrece una particularidad que la vuelve única, ligada a la idea de crear un país en el que «la búsqueda de la felicidad» sea un objetivo nacional. El tema es que, 250 años atrás, no se imaginaban que podía existir alguien como Larry David, a quien el tema de la felicidad lo tiene sin cuidado. Su vida y su carrera —o la del personaje que ha creado mediáticamente— consiste, básicamente, sino en la búsqueda de la infelicidad, al menos en generar una sensación muy parecida a esa a su alrededor.
En esta serie producida por Barack y Michelle Obama, estrenada en consonancia con el 250 aniversario de la independencia de los Estados Unidos, Larry David utiliza su clásica y quejosa personalidad —la misma que la de su personaje de Curb Your Enthusiasm— y la lleva a recorrer la historia de su país a través de distintos personajes que, a través de las épocas, se van metiendo en los habituales líos sociales y personales en los que se mete Larry en sus series a partir de pequeños enfrentamientos por nimiedades que, de a poco, se van convirtiendo en situaciones tensas, agresivas y hasta violentas, siempre dentro del registro cómico.

Esta historia paralela de los Estados Unidos lo lleva a David desde la independencia en 1776 a las luchas por los derechos civiles, a la Primera Guerra mundial, a la Gran Depresión de los años 1930, a la invención del teléfono y a otros momentos icónicos de la historia de su país en los que aparece un personaje como el suyo para complicarlo todo. Puede ser una serie de agregados a la Declaración de la Independencia (ejemplo, «no compartirás tu paraguas con otra persona que se olvidó de traerlo» o «no saltarás de una fila a otra en una cola»), unas egoístas decisiones en un campo de batalla, la invención de un aparato como el teléfono que finalmente no sirve para mucho y otros momentos en los que su presencia pondrá patas para arriba muchos de estos Grandes Exitos de la historia de su país.
El segundo episodio tiene, sí, un sketch final más directo y actual, en el que se ve a George Washington (encarnado, en su última aparición, por Rob Reiner) explicando porqué no debe haber más que una sola reelección. Ahí se topa con un molesto personaje encarnado por David, que presenta una hipotética y absurda situación. «¿Qué pasaría si la presidencia la asume un cerdo narcisista al que no le importa la Constitución?», pregunta. «Eso no sucederá», dice Washington y los demás reunidos allí. «¿Y qué pasaría si la Corte Suprema se llena de gente que le da siempre la razón y al Congreso le importa más su partido que el país?». La diatriba sigue y el personaje incluye referencia a hipotéticos presidentes que «son amigos de pedófilos», «hacen trampa al golf», «se enriquecen durante su presidencia», «envían tropas a ciudades del país» y «atacan a los que lo critican o hacen bromas sobre él». Es obvio de quién está hablando. Y los invitados y la dedicación al final refuerzan la fuerte bajada de línea contra Donald Trump.
Por fuera de ese sketch más directo, Larry y la búsqueda de la infelicidad funciona como una suerte de spin-off de Curb Your Enthusiasm con mucho de la lógica de sketches propia de la comedia clásica (o de Monty Python) y siempre jugando con un personaje como el de David impactando distintos momentos de la historia. Hay momentos muy graciosos, otros un tanto intrascendentes (un sketch en el que actúa con otra celebridad muy amiga suya es el más flojo de todos los que he visto) y, por lo general, la lógica funciona bien, si bien el formato no tiene nada de novedoso. Es que la búsqueda de la felicidad que promete esa declaración —eso que todos llaman el Sueño Americano— siempre tiene su lado negativo, su contracara. Y no es solo Larry David, sino la propia estupidez que acompaña al desarrollo de esa y muchas otras naciones. La felicidad es un objetivo loable, es obvio, pero lo cierto es que el mundo está lleno de miserias. Y David pone siempre el ojo ahí, en esa zona incómoda que, a la vez, es muy verdadera.



