
Series: reseña de ‘Los del lado oeste’ (‘The Westies’), de John Brancato y Michael Panes (Prime Video)
En el Nueva York de los 80, una banda irlandesa intenta sostener una frágil tregua con la mafia italiana mientras crecen tensiones internas. Los dos primeros episodios ya están disponibles en Prime Video.
La mafia de origen italiano es la más conocida en la historia del cine, en especial en su variante estadounidense y, más precisamente, neoyorquina. Pero si bien el nombre —»mafia» y sus definiciones más específicas y localistas— le es propio, no fue el único grupo de gangsters que funcionó (¿funciona?) en los Estados Unidos, ya que muchas otras comunidades étnicas los tienen. Entre los más famosos están los irlandeses, que el cine también supo retratar aunque en menor medida. The Westies cuenta la historia de una de estas bandas, así llamada, que operó en la ciudad de Nueva York especialmente en la década del ’80.
La serie que lleva su nombre cuenta parte de su historia y pone el eje, más que nada, en su tensa relación con la mafia italiana en el contexto de un importante negocio inmobiliario que tuvo lugar en esa ciudad: la construcción del Javits Center, un enorme centro de convenciones que existe aún hoy en una zona de Manhattan —Hell’s Kitchen— históricamente controlada por los irlandeses. En esa tensa y negociada calma entre ambos bandos arranca la historia de The Westies, una serie que tiene mucho de el mundo de Los Soprano, otro tanto de Peaky Blinders, Boardwalk Empire y bastante del universo de Martin Scorsese, especialmente en el tono y en películas específicas como Los infiltrados o El irlandés.
J.K. Simmons es el protagonista principal, o al menos el eje a partir del que se mueve todo. Es el dominante pope de la banda irlandesa que manipula o se ve enredado en una serie de hechos que tensionan esa calma intermafiosa, tanto con los italianos como con sus propios subordinados. Si bien los Westies eran pocos (los datos históricos dicen que la banda no tenía más de 20 o 30 miembros, frente a los centenares o quizás más que integraban las distintas familias mafiosas italianas), se trataba de tipos rudos, de poca habilidad para la negociación y con muchas conexiones con la policía, ya que muchos inmigrantes irlandeses eran miembros de esa institución.

Todo comienza cuando Eamon Sweeney (Simmons) toma una decisión shockeante al toparse con que uno de sus «súbditos» a punto de matar a un mafioso italiano (el gran Michael Rispoli). Primero le exige no hacerlo, luego le explica —para que todos escuchen— que hay un pacto con los italianos y que estas cosas ya no se pueden hacer, y termina liquidando al miembro de su propia banda a sangre fría. Es claro que hay dinero de por medio y que Sweeney quiere que su «tropa» se alinee a sus deseos y necesidades. Pero no será fácil, ya que la tensión interna crece, tanto por lo sucedido como por la reaparición en las calles de Mickey Flanagan (Stanley Morgan), un veterano de la guerra de Vietnam bastante violento y emocionalmente inestable que no quiere saber nada con ese tipo de acuerdos.
El intermediario entre los dos es Jimmy Roarke (Tom Brittney), mano derecha de Sweeney pero a la vez amigo íntimo de Flanagan. Es el quien tiene que mediar en esa relación. Pero sobre el final del primer episodio la lógica interna se romperá, se cruzará esa negociada barrera y, de allí en adelante, uno de los objetivos centrales de Sweeney será no perder el negocio con los italianos —el capo de ellos es John Gotti, el único personaje que la serie presenta con su nombre real— y a la vez tratar de controlar a su entre torpe y salvaje banda, que es leal internamente pero a la que no le gusta nada tener que agachar la cabeza con los italianos.
A la par, la serie de uno de los creadores de Narcos y de The Godfather of Harlem se ocupa de Glenn Keenan (Titus Welliver, de Bosch), un alcohólico policía del NYPD de origen irlandés que tiene un pie en cada bando —su hijo es miembro de The Westies— y funciona como informante de Sweeney en todo lo ligado a investigaciones sobre ellos. Y en una subtrama que se conecta de modo inicialmente más familiar y personal que otra cosa con la trama central, está Bridget Walsh (Sarah Bolger), que es la novia de Roarke y que está ocupada en actividades ligadas al IRA, el Ejército Republicano Irlandés que lucha por la reunión entre Irlanda e Irlanda del Norte. El que la hace volver a ejercer la militancia —que la chica había abandonado— es una ex pareja, Brendan (Allen Leech), cuya presencia trae a la vez otros problemas a cuestas.

Los del lado oeste funciona utilizando todos los recursos tradicionales del género y lo hace bastante bien. Si bien puede parecer entre una copia y una imitación de Sopranos y familiares, Brancato y equipo logran establecer una lógica propia ligada al conflicto entre varios bandos, ya que además de italianos, irlandeses y autoridades aparecerán los de otras nacionalidades. Tiene las escenas violentas patentadas —aunque ya abandonadas— por el Scorsese de la época de Buenos muchachos y hasta una relación entre algunos personajes, como Flanagan y Roarke, que tiene muchos puntos de contacto con la de los protagonistas de Calles salvajes.
La serie no busca reinterpretar el género ni descubre nada nuevo en su formato, pero es efectiva, intensa y logra, sobre todo, capturar muy bien el clima de cambios de la Nueva York de los años ’80, que empezaba a querer dejar de ser ese caos frenético y descontrolado que fue en la década anterior para convertirse en esa ciudad comercial tipo shopping center para millonarios y turistas que es hoy, giro que empezaba entonces y se hizo carne a partir de los años ’90. Esa transición —que se daría también en las propias organizaciones mafiosas y en su integración al sistema— es la que aparece como centro de la acción en The Westies: el fin de una época de lealtades y tradiciones, y el inicio de otra —de negociaciones, hipocresías y falsedades— en la que todavía seguimos viviendo.



