
Series: reseña de ‘Silo – Temporada 3’, de Graham Yost (Apple TV+)
Mientras Juliette pierde la memoria en el silo, una conspiración en el presente revela el origen del mundo postapocalíptico controlado por secretos, mentiras y miedo. Con Rebecca Ferguson. Desde el 3 de julio en Apple TV+.
Una de las mejores series de ciencia ficción de los últimos años —propiedad de Apple TV+, plataforma que parece especializada en la materia—, Silo llega a su tercera temporada con una novedad, una que ya se había anticipado al final de la segunda (Spoilers para los que no vieron la Temporada 2). Allí se vislumbraba que la serie iría para atrás —en términos reales, a algo parecido al presente— para contar lo que podría ser el origen de la situación post-apocalíptica que es la realidad del lugar (o los lugares) en los que transcurre la historia. Y la tercera temporada, entonces, pasará a dividirse en dos escenarios muy distintos. Ya no dos silos diferentes, como en la segunda, sino una parte en la actualidad, previa al colapso, y otra, continuando los hechos en ese tenebroso, problemático y políticamente controlado futuro.
La serie creada por Graham Yost y basada en las novelas de Hugh Howey retoma la historia del Silo 18 siguiendo a la sobreviviente Juliette Nichols (Rebecca Ferguson), ahora convertida en la Alcalde del lugar, solo que con un problema: tras su accidentado regreso al silo tras haber salido al exterior ha perdido por completo la memoria y es llevada, de acá para allá, casi como si fuera un protocolar zombie, sin reconocer a las personas con las que estuvo cerca toda su vida, incluyendo sus compañeros y mejores amigos. Pero mientras la tensa calma que se vive en el silo tras la fallida rebelión empieza nuevamente a resquebrajarse, Juliette empieza a darse cuenta que está siendo manipulada mediante drogas e intenta volver a entender qué es lo que está sucediendo allí, arriesgándose a ser perseguida por las reales autoridades, que no le pierden pisada. Tal como se supo en la temporada anterior, otra rebelión podría significar la aniquilación completa del silo.

La serie salta todo el tiempo a Washington, en lo que parece ser el presente. Allí seguimos a un joven senador, Daniel (Ashley Zuckerman), cuya hermana, piloto de la Fuerza Aérea, sospecha de ciertos planes ocultos en los ataques bélicos a Irán. Pero, «casualmente», la chica y su grupo de pilotos sufre un accidente raro, varios mueren y ella queda, también, sin memoria alguna de lo que pasó. Con la ayuda de una periodista, Helen (Jessica Henwick), ambos empiezan a investigar qué es lo que está sucediendo, ingresando en una previsible trama de conspiraciones y ocultamientos que, muy de a poco, irán empezando a conectar un universo con el otro, que transcurre varios siglos después.
Si bien el contraste entre ambas tramas es llamativo —uno es oscuro y transcurre en interiores, el otro tiene algo de thriller conspirativo de los años ’70—, Silo funciona mejor que en la temporada anterior, ya que esta subtrama no solo le da literal aire a la historia sino que tiene una intriga más clara y organizada de manera más efectiva para el espectador casual. Lo que sucede dentro del silo, en cambio, por momentos se vuelve un tanto confuso, con varias alianzas rotas y/o cambiadas, traiciones y personajes que se dan por muertos pero que, episodio a episodio, reaparecen, y así. Los intentos de Juliette de ir armando el rompecabezas de su vida previa y volverse a posicionar dentro de la peligrosa estructura de poder del lugar es lo más relevante, más allá de que su viaje —a lo largo de otros diez episodios— sea un tanto tortuoso.
Gracias al flashback, Silo se permite una mayor respiración, otro ritmo y le da un peso más importante a la gran mitología que propone la serie. Al ir al grano y no detenerse tanto en las minucias del poder dentro del Silo 18, lo que se cuenta en ese «pasado» va directo al corazón de lo que más importa conocer de la serie: la conexión entre las épocas, saber qué pasó en el medio para que el mundo termine como terminó, y si el exterior es o no es tan mortal y peligroso como las autoridades aseguran. En ambos tiempos del relato, de todos modos, lo más pesado parece pasar por el control de la información y por cómo se utiliza para tener a la población dominada. Eso es algo propio del siglo XXI, del XXIV y si el planeta sigue existiendo más adelante, seguramente también en ese entonces.



