
Series: reseña de ‘The Copenhagen Test’, de Thomas Brandon (Flow)
Un analista de inteligencia en ascenso descubre que han hackeado su cerebro, convirtiendo su vida en un laberinto de vigilancia donde aliados y enemigos se confunden. Gratis, en Flow.
Quién espía al espía parece ser la matriz de buena parte de las tramas de ese género. Las variantes pueden ser otras, similares, pero para sostenerse a lo largo de varios episodios de una serie de TV los misterios tienen que ser varios: saber el caso pero también quiénes están detrás del caso y para quiénes trabajan y cómo, quiénes están «infiltrados» o doblemente infiltrados y así. Dependerá de la química del elenco, de la inteligencia del guión y de la potencia narrativa entrar o no en esas enredadas tramas que proponen. El caso de The Copenhagen Test no es de los mejores. Si bien tiene una premisa relativamente original dentro del formato, lo demás se siente entre demasiado rutinario o directamente pobre.
Con producción ejecutiva del experimentado James Wan, la serie tiene como protagonista al actor chino-canadiense Simu Liu (Shang-Chi en el Universo Marvel) en el rol de Alexander Hale, un analista de una agencia de inteligencia conocida como «El orfanato», una suerte de oficina de asuntos internos que controla lo que hacen otras agencias de seguridad. El busca que lo asciendan al piso principal, donde están los jefes máximos, pero debe ocultar para eso que tiene un problema psicológico importante: ataques de pánico y profundos dolores de cabeza un tanto inexplicables.
En realidad todo arranca antes, cuando Alexander es sometido al test en cuestión en un entrenamiento militar, ejercicio que debería probar su capacidad para trabajar en esa fuerza. Ya verán de qué se trata porque ese test conecta con el que quizás sea el punto más original de la serie. Pronto queda claro que Alexander ha sido hackeado. No su celular ni su computadora, sino su cerebro. Hay alguien —alguna organización quizás— que puede ver lo que él ve, seguir sus pasos minuto a minuto. El pronto se da cuenta. Y los de El Orfanato también, por lo que no están seguros para quién juega Alexander. ¿Qué puede salir mal en todo eso?

En este juego de quién persigue a quién y cómo un espiado puede engañar a quién lo espía se van los episodios de la serie, que va y viene constantemente en el tiempo y que tiene que explicarse a sí misma decenas de veces para no confundir a los espectadores. En un momento, Alexander entablará relación con una bartender llamada Michelle (Melissa Barrera) que quizás no sea quién dice ser. ¿El sabe que no lo es? ¿Ella sabe que él sabe? Y así. Lo mismo sucede con su ex (Hannah Cruz), con su mentor (Saul Rubinek) y con Peter, su jefe en El Orfanato (Brian d’Arcy James), todos quizás amigos, quizás enemigos, quizás las dos cosas al mismo tiempo. ¿O el enemigo es él?
La serie tiene esa capa extra de intriga —o esa novedad— de funcionar como una trama de espionaje más o menos clásica pero a la vez tener una cámara insertada dentro del cerebro del protagonista, una que está siendo seguida como si fuera un reality show por algunos de los otros personajes de la saga y por los espectadores de la serie. Y así, mientras Alexander trata de descubrir quién lo hackeó y para qué, uno va siguiendo los vaivenes de su vida personal y profesional, que no son tampoco demasiado reveladores.
The Copenhagen Test funcionaría mejor como una película —es casi redundante decirlo a esta altura— y tiene su mejor línea narrativa en todo lo ligado a su relación con Michelle y sus tensos idas y vueltas con Peter y otros jefes y analistas de El Orfanato. Su principal problema es que visualmente es bastante pobre, con escenas de acción mal filmadas, con una estética en extremo televisiva y una calidad cinematográfica bastante pobre para una trama que requiere de cierta prolijidad y elegancia. De a poco, la intriga inicial se va disipando —o volviéndose previsible— y lo que queda es una trama de espionaje más, relativamente atrapante pero que se olvidará apenas se termina de ver.



