Estrenos: crítica de ‘A metros de distancia’, de Tadeo Pestaña Caro

Estrenos: crítica de ‘A metros de distancia’, de Tadeo Pestaña Caro

por - cine, Críticas, Estrenos
11 Ago, 2026 11:23 | Sin comentarios

Durante una noche agitada en Buenos Aires, un joven recorre apps gays, fiestas y encuentros buscando conexión mientras evita constantemente encontrarla. Estreno: 13 de agosto.

La noche es joven», le dicen a Santiago (Max Suen) en un momento de la larga travesía a través de citas, fiestas y encuentros nocturnos que viene acumulando desde que se inició la película. Pero todavía falta más, porque la historia se sabe cuando empieza y no cuando ni cómo termina. Todo había comenzado mucho antes, a pleno día, con un encuentro disimulado como visita a un departamento en alquiler. El joven que lo atiende (Martín Shanly) claramente tiene otros planes y el ritual de mirar el piso es una suerte de farsa. Pero Santiago es reticente y, con esa mirada entre parca y algo fría, prefiere pasar de largo.

La noche es joven aún y tras pasarse en unas horas en el call center en el que trabaja pone su atención en la aplicación de citas gay que maneja (Grindr), pasando rápidamente a través de cuerpos, invitaciones, nudes y otras variantes del mundo de las citas sexuales virtuales. Surge un encuentro en Palermo para encontrarse con otro chico en una cervecería. La charla se presenta amena, todo parece andar bien, pero Santi de nuevo se retira. ¿Será como dice que no le convenció la onda del chico o se trata de una excusa?

A partir de ahí el chico entra en un modo de desorientación nocturna, primero tratando de armar otro encuentro, luego siguiendo a algunos chicos por la calle, metiéndose en una fiesta aún sin tener el outfit adecuado para terminar reunido con compañeros de trabajo y amigos en la casa de uno de ellos. Es ahí donde su mejor amiga y compañera de trabajo (Jazmín Carballo) le dice aquello de la juventud de la noche. Y es cierto, cuando llega la madrugada y la acción no llega habrá que buscarla como sea. Puede salir de la aplicación que le tira datos geográficos confusos acerca de un posible match o del lugar menos pensado.

A lo largo de una noche con algunos puntos en común con la de Después de hora, de Martin Scorsese, Pestaña Caro va mostrando en su primer largometraje un submundo de encuentros, desencuentros, deseo que circula, malentendidos y confusiones, todo en medio de un clima más tenso que lo necesario. Es que Santiago no parece relajarse ni disfrutar casi nunca. Como personaje es un poco enigmático: mitad tímido, un poco arrogante, muy ansioso, por momentos distante y un tanto mentiroso. No sabe lo que quiere pero a la vez sabe, o supone, que no desea volverse a su casa solo.

Recorriendo barrios porteños reconocibles más por sus marcas y carteles que por sus detalles específicos —las calles de Palermo y alrededores son un blur de locales, autos y gente que pasa—, metiéndose en las zonas secretas y no tan secretas de una ciudad que funciona en varias capas paralelas en todo momento, Santiago es algo así como la personificación de la búsqueda, un «no sé lo que quiero pero lo quiero ya» andante y lleno de contradicciones. Quizás no sepa bien lo que quiere: lo seduce la aventura y el riesgo, pero le escapa; la conexión humana parece interesarle, pero apenas recibe cierta atención huye despavorido. Y para cubrir los baches miente o imagina desenlaces a sus historias que no son reales.

Tras su paso por varios festivales internacionales y nacionales, A metros de distancia llega con una idea central: incorporar a las aplicaciones y los dispositivos sin juzgarlos, sino tomándolos como piezas importantes de la vida nocturna. El título del film de hecho juega con el concepto de las apps de buscar a personas que estén físicamente cerca en un momento para concretar algo inmediato. Y la referencia más directa al título pasa por alguien que, la aplicación asegura, está a cinco metros de Santiago en una fiesta pero él no logra verlo.

Esa metáfora del desencuentro bien puede servir como eje de toda la película, la de mostrar una generación que se juega entre el deseo y el miedo, entre la acción y la omisión, entre las ganas y el terror. Para cuando la noche se vaya volviendo día las cosas se irán tornando un tanto más intensas desde lo sexual. Y para Santiago será cuestión de decidir si quiere ser parte de esa (o de cualquier otra) fiesta o si prefiere seguir intentando descubrir quién es y qué es lo que le gusta. Quizás lo que desea esté siempre a unos metros de distancia, todo el tiempo alejándose por más que él se acerque hasta sus narices.