Estrenos: crítica de ‘Yo, Narciso’, de Adrián Suar

Estrenos: crítica de ‘Yo, Narciso’, de Adrián Suar

por - cine, Críticas, Estrenos
06 Ago, 2026 07:55 | Sin comentarios

Una escritora que investiga sobre el tema del narcisismo se topa con un objeto de estudio perfecto: un creído cirujano plástico que se enamora de ella. Con Adrián Suar, Natalia Oreiro y Moira Casán. Estreno #ARG: 13 de agosto.

A lo largo de su prolífica carrera como actor, guionista, creador, generador de ideas y, últimamente, director, Adrián Suar se ha especializado en un tipo de personaje que parece caerle como anillo al dedo: el miserable de buen corazón. Sus personajes suelen ser tipos, si no despreciables, bastante egoístas, neuróticos, obsesivos y, en algunos casos, directamente mala gente. Pero Suar busca y a veces encuentra la manera de volverlos, sino queribles, al menos simpáticos, entendibles. Pueden estar «enviciados» por cualquier tipo de asunto —el fútbol, el celular, el dinero o, en este caso, el espejo— pero no son malas personas, sino tipos que se han dejado llevar por ciertos vicios o que han atravesado algunas duras circunstancias en sus vidas que los volvieron ensimismados, egocéntricos, complicados.

Yo, Narciso, tal como queda evidenciado en su título, le permite volver a encarnar a uno de estos tipejos. En este caso, un tal Máximo Rey, un cirujano plástico que se cree la última gota de agua en el desierto. Creído, engreído, enamorado de sí mismo, es un ejemplo vivo del más puro narcisismo. No solo en lo laboral y en lo físico —pasa por un espejo y se admira en cámara lenta— sino también en lo amoroso, ya que usa y tira a las mujeres como si fueran descartables. Pero en el camino se topa con alguien que le hace frente y le pone las cosas más complicadas que lo habitual.

Ella es Rocío Flores (Oreiro), una profesora universitaria de Sociología que está investigando el tema del narcisismo para escribir un libro sobre el asunto. Ella es lesbiana (en pareja con Karla, encarnada por Julieta Zylberberg) pero al enterarse de la existencia de Max y conocerlo, decide convertirlo en el centro de su investigación, su «trabajo de campo» como le explica a sus alumnos. Así, se hará pasar por un mujer seductora que quiere hacerse una cirugía estética y se irá enredando en su vida, dándole a entender que tiene un interés romántico por él que demora en concretar porque todavía hay un novio molesto dando vueltas por ahí. El, en cambio, cae por completo a sus pies.

Es así que se irá planteando esta «relación» que para uno es potencialmente romántica y, para el otro, un simple objeto de estudio. Pero, previsiblemente, las cosas se complicarán. Habrán muchos cruces con pinta de problemáticos (es de esas películas que imaginan a Buenos Aires como un elegante pueblo chico en el que todos se cruzan con todos) y se dispararán celos y problemas por todos los costados. A Karla le incomodará la obsesión de Rocío por Max, mientras que el cirujano demostrará su seductora crueldad maltratando a dos gemelas (Camila Peralta, excelente) que están o estuvieron enamoradas de él.

La escena más hilarante parece sacada de otra película e involucra a Moria Casan, que encarna a la madre de Max, y que es de esas situaciones que hay que «ver para creer». Fuera de ese pico bizarro, Yo, Narciso —coescrita por Suar y Pablo Solarz— funciona de una manera un tanto más áspera que otras películas de Suar, ya que se presenta menos como un film con arco de redención clásico y más como una aceptación del narciso egocéntrico que hay en todos. Oreiro vuelve a demostrar sus dotes de comediante interpretando dos versiones de una misma mujer (es muy distinta cuando está con él que en su vida real) y, en un papel secundario, se luce Mariano Saborido como el amigo gay de Rocío que tiene que hacerse pasar por su muy heterosexual novio.

Más allá de algunos apuntes visuales un tanto desagradables —unos separadores hechos con IA generativa y un exceso irritante de cámaras lentas—, la película no tiene elementos formales demasiado llamativos y funciona más o menos bien siguiendo los parámetros clásicos del cine de Suar en cualquiera de sus roles. Es más convencional y menos dramática que su reciente Mazel Tov y no pretende que el espectador descubra nada nuevo en el formato, más allá de incorporar algunas «modernidades» (la protagonista es lesbiana y ¡se habla de drogas!) que no son tan habituales en su cine. Pero por fuera de eso, estamos ante una comedia habitual de las que Suar hace ya un poco de memoria, con la experiencia que le da haber interpretado personajes similares a lo largo de su carrera. Quizás esta sea un tanto más cínica que otras. Serán los tiempos que corren…