
Estrenos: crítica de ‘Zona Cero’ (‘Colony’ / ‘Gunche’), de Yeon Sang-ho
Atrapados en un enorme shopping, varios sobrevivientes enfrentan zombis conectados por una mente colectiva que evoluciona sin detenerse ni dar respiro. Estreno en cines #ARG: 3 de septiembre.
En la reciente serie Pluribus, los invasores extraterrestres que llegaban al planeta lo hacían utilizando una técnica de «mentalidad de colmena». Al tomar control de los habitantes de la Tierra los ponían a todos a funcionar como una entidad e identidad única: todos saben lo que piensan todos, cada uno habla en representación de todos y están conectados entre sí como una sola mente común. Esa línea temática es la que el realizador de Train a Busan aplica para su nueva película de ¿zombies?, una que no está conectada con su anterior franquicia ya que propone un diferente tipo de criatura que pone en peligro la vida de todos en Corea: un ejército de zombies que funciona (y evoluciona) como una sola y misma unidad.
La acción transcurre en la Corea contemporánea y empieza cuando Seo Young-chul (Koo Kyo-hwan), un empleado despedido de una compañía biotecnológica amenaza con hacer un atentado mundial: soltará un virus mortal y él se inyectará la única vacuna que podría frenarlo. Captura al CEO de la compañía acusándolo de plagiar su investigación, le inyecta el virus, se encierra en un cuarto y el hombre comienza a propagarlo por las instalaciones en la que tuvo lugar la conferencia, enorme edificio de oficinas que en su base tiene un enorme shopping center.

En el lugar está Kwon Se-jeong (Jun Ji-hyun), una científica que buscaba trabajo en esa empresa, acompañada por su ex marido, Han Gyu-sung (Go Soo). Y ellos dos, más un guardia de seguridad, Choi Hyun-seok (Ji Chang-wook), y su hermana en silla de ruedas, Hyun-hee (Kim Shin-rok), quedarán encerrados junto a media docena de personas más cuando los zombies en cuestión arrasen con casi todo en el shopping y los obligan a resguardarse en un local comercial.
Pero pronto quedará claro que no son zombies comunes. Y acá entra el concepto de la «mente en común». Arrancan moviéndose en cuatro patas, casi como animales, y cada tanto parecieran recibir algún tipo de comunicación que los lleva a evolucionar y cambiar. Así, pasan a estar parados y luego distinguir más detalles de lo que quieren y no quieren. ¿Quién los maneja y cómo? ¿Y qué se puede hacer para detenerlos? En tanto, desde afuera las autoridades no saben cómo contener el asunto adentro del edificio y se preguntan si encontrar a Seo Young-chul podrá servir para frenar a todo el enjambre.

El realizador de Train to Busan utiliza un centro comercial, escenario similar al de Dawn of the Dead, de George A. Romero, y juega luego por el edificio que lo rodea, mostrando a la vez cómo muchas veces son los humanos los que hacen las cosas más difíciles y no los infectados. La película funciona como una trama de zombies más o menos clásica, solo que con el detalle particular que caracteriza a este específico virus. Con dos horas de duración, a Colony le sobran unos cuantos minutos —y enredos, peleas y discusiones no muy relevantes entre los humanos—, pero por lo general cumple con lo que cualquier fan de las hoy decenas de variaciones del cine de zombies busca.
Como todos los films de este estilo, a Colony se lo puede tomar como una metáfora de muchas cosas: obviamente de la pandemia, pero también de las conexiones «neuronales» que parecen surgir de redes sociales, bots y algoritmos (la gente convertida en una horda de fanáticos agresivos hace recordar a la realidad más de lo que parece), de los abusos de la ciencia y hasta del pánico a la Inteligencia Artificial, que a su modo también funciona como una hive mind controlada vaya uno a saber por qué misterioso código. Pero eso quedará para la interpretación del espectador que quiera hacerla. En lo concreto y directo, Yeon entrega otra película de zombies frenéticos que, si bien no tiene el impacto y la originalidad de Tren a Busán, intenta acercarse al subgénero de una forma más o menos novedosa.



