
Estrenos online: crítica de ‘Ancestral Visions of the Future’, de Lemohang Mosese (MUBI)
Entre documental y poesía, el realiza revisita su tierra natal a través de historias fragmentadas de exilio, regreso y la madre que construyó un hogar para todos. Disponible en MUBI.
Un ensayo audiovisual que es mucho más creativo e interesante desde lo visual que en lo estrictamente ligado al audio, Ancestral Visions of the Future es una suerte de réquiem a su tierra natal (Lesotho) y a su madre de parte del cineasta y poeta Lemohang Mosese, conocido por su premiada This Is Not a Burial, It’s a Resurrection. Es un cine-memoir o, como dice él «una oda al cine y un eterno homenaje a mi madre»: una película que combina su narración poético-histórica con imágenes del lugar en la actualidad, siguiendo las distintas desventuras de los personajes que atraviesan su relato.
Bella y lírica desde lo visual, la película de Mosese peca de una narración recargada, verborrágica, excesivamente adjetivada por no decir pretenciosa que lleva al realizador de una frase alambicada a otra aún más enredada y llena de metáforas que, repetidas ad nauseam, terminan siendo bastante banales, bordeando lo autoparódico. La película crece cuando la voz desaparece y el realizador confía en las imágenes. O cuando su narración baja un cambio y deja de querer ser un ensayo literario para impresionar a profesores de la Universidad de la Alegoría. Es tanto el grado de distancia que termina generando el barroco texto que por momentos uno se queda afuera de las profundas emociones que pretende evocar.

Si uno puede conectar con lo que cuenta y no incomodarse por su pompa y circunstancia, Ancestral Visions… se hará más disfrutable, ya que lo que cuenta es una humana y dolorosa historia de migraciones, sacrificios pero también una de belleza, compasión y solidaridades varias en el remoto y sufrido pueblo africano en el que creció el realizador. Entre reflexión y reflexión, entre imágenes del campo pero también de las ciudades de ese pequeño país encerrado en medio de Sudáfrica, Mosese va contando historias, enhebrando una saga familiar y nacional de diásporas, regresos, exilios, reuniones y separaciones.
La banda sonora enigmática de Diego Noguera acompaña la voz del realizador mientras las imágenes —cortesía del DF Phillip Leteka—, van mostrando las experiencias de un grupo de niños disfrutando de la vida campesina aún en el marco de la pobreza más extrema para ocuparse luego de algunos personajes que se convierten en ejes circunstanciales del relato. Ahí aparece Manthabiseng (Siphiwe Nzima), una mujer silenciosa cuya historia está inspirada en un caso real de violencia urbana; y Sobo (Sobo Bernard), un marionetista que se dedica también al cuidado de la salud allí en Lesotho.
La unión entre los distintos y distantes puntos del relato parece darla una larga tela color púrpura que va, a modo de recorrido visual, de un lugar a otro de Lesotho, como si la película fuera parte de un proyecto visual más propio de una instalación de museo. Y mientras la voz cuenta de la migración del cineasta (que vive y trabaja en Berlín), de sus regresos y reencuentros, de los esfuerzos de su madre por construir una casa para todos y de un país acechado por la violencia y la pobreza, la película va alterando belleza visual y sobrecarga literaria que da como resultado un proyecto noble pero fallido.



