
Estrenos online: crítica de ‘Dios es Dios’ (‘Is God Is’), de Aleshea Harris (Prime Video / MGM+)
Dos hermanas mellizas emprenden una violenta misión para matar a su padre abusivo, descubriendo dolorosas verdades sobre su familia y sobre ellas mismas. Con Mallori Johnson, Kara Young, Vivica A. Fox y Michael B. Jordan.
Con mayor carga dramática pero sin los recursos ni la espectacularidad visual de Kill Bill, la opera prima de la autora teatral Aleshea Harris se ocupa de una trama de venganza con bastantes puntos en común con la de aquel clásico de Quentin Tarantino. Basada en una obra de Harris, adaptada y dirigida por ella misma, Is God Is se organiza a partir de la venganza de dos mujeres —hermanas mellizas— que tratan de encontrar y matar a su padre por lo que les ha hecho a ella y a su madre. Empujando al extremo de una manera casi operística los conflictos de esa familia, la película cuenta también la relación entre dos gemelas codependientes que funcionan como una sola, al punto de no tener necesidad de hablar, por momentos, para comunicarse entre sí.
Contada de manera, al menos inicialmente, algo ligera, la película no es otra cosa que una brutal tragedia. Anaia (Mallori Johnson) y Racine (Kara Young) son dos hermanas mellizas que han sobrevivido a un incendio que mató a su madre y las dejó muy lastimadas a ambas: a Racine con un brazo todo quemado y a Anaia con el rostro casi por completo desfigurado. A tal punto su cara es considerada «monstruosa» que Racine se ha convertido en algo así como su defensora, su guardaespaldas, celosa y agresiva ante cada mala mirada o agresión verbal.

Un día las chicas reciben, para su sorpresa, una carta de su madre, Ruby, a la que creían muerta. Van a visitarla y se topan con ella (Vivica A. Fox, actriz que conecta directamente a la película con Kill Bill), aún más desfigurada que ambas y en lo que parece ser su lecho de muerte. La mujer, a la que ambas llaman Dios (el título viene de ahí, el film no tiene nada de religioso, al menos no en el sentido convencional), les cuenta cómo fue el hecho por el que todas terminaron quemadas, responsabiliza al padre (Michael B. Jordan), al que acusa de hacerlo intencionalmente y les pide, a modo de último deseo, que lo maten. Y es así que las dos chicas se embarcan en un road trip tratando, primero, de encontrarlo (pasaron décadas sin que supieran nada de su vida) y luego, llegado el caso, de matarlo.
Y de ahí en adelante la película se ocupará de sus avances (y retrocesos) en su intento por vengarse de él, ya que en camino a su incierto destino se toparán con personajes e historias inesperadas que, en cierto punto, les harán recalcular sus planes. Más a Anaia, que duda de la misión, que a la más decidida Racine, que no tiene piedad con nadie. A lo largo del viaje, lo que el film termina contando, más que cualquier otra cosa, es la relación cálida entre estas dos hermanas que solo se han tenido una a la otra a lo largo de casi toda la vida. Ir a buscar al padre no solo es una misión salvaje por lo que implica sino que es una forma de lidiar, violentamente, con su propia historia, su propio trauma.
Harris va y viene entre dos registros diferentes. Por un lado la película se acerca al drama realista acerca de la violencia familiar, el patriarcado y los problemas personales que han tenido que afrontar las hermanas como consecuencia de los actos violentos de su padre. Y, por otro, toma muchos de los códigos del cine de acción, llevando a las dos protagonistas a superar, uno tras otros, distintos obstáculos y enfrentamientos que involucran a otras personas conectadas, de distintas maneras, con la historia familiar. Y el asunto se pone cada vez más intenso, violento y, sobre todo, cruento.

Raro pensar que esto alguna vez fue una obra teatral, ya que en lo formal estamos ante una road movie que lleva a las protagonistas de un lado a otro del país, haciéndoles atravesar varios estados (y Estados). Lo que empieza de un modo ligero y casi entusiasta, con estas dos íntimas hermanas felices de poder reencontrarse con su madre, de a poco se va volviendo algo parecido a un infierno. Si uno le quita el costado «cine de género» con todos sus modos criminales, Dios es Dios bien podría ser el drama de una familia rota, desgarrada y mutilada por un padre violento y cruel.
Por momentos da la sensación de que la película desaprovecha la oportunidad de ser más desgarradora desde lo humano al apoyarse en demasiados recursos del cine de acción y aventuras. Las caracterizaciones de los personajes que las chicas se encuentran en el camino (sus padres, otras parejas, amantes, otros hijos y así) están viradas a un extremo grandguignolesco que atenúan las características brutales de lo que cuenta la película. Quizás el recurso lúdico esté puesto para eso. Tomado de una manera más realista, estaríamos ante una tragedia de proporciones bíblicas. Y es ahí donde el título engancha con la religión. Aunque más por el lado del Diablo que de Dios.



