Estrenos online: crítica de ‘El afinador’ (‘Tuner’), de Daniel Roher (Flow y Claro Video)

Estrenos online: crítica de ‘El afinador’ (‘Tuner’), de Daniel Roher (Flow y Claro Video)

Un afinador de pianos con oído perfecto se involucra en peligrosos robos mientras enfrenta el romance, el aislamiento y la enfermedad de su mentor. Con Leo Woodall y Dustin Hoffman. disponible para alquilar en Flow, Claro Video y otras plataformas.

No han sido muchas las apariciones cinematográficas de Dustin Hoffman en los últimos años por lo que, de entrada, es más que bienvenido su regreso en El afinador, esta curiosa mezcla de drama, comedia romántica y thriller que lo tiene como uno de sus protagonistas. Pero, en el fondo, es un poco una trampa. Si bien es el nombre más conocido del elenco —al menos para los que somos de cierta generación—, su rol es importante apenas en la primera parte del film. De ahí en adelante, su personaje —el músico y afinador de pianos Harry Horowitz— será más un faro y una guía que un protagonista. Pero la llama que él encendió jamás se apaga.

El afinador arranca como una comedia en la que Harry y su aprendiz, Niki (Leo Woodall), van de mansión en mansión a través de Manhattan afinando pianos de millonarios que, ellos saben, apenas los usan. “Son más que nada decorativos”, dirán. Pero cobran bien por su trabajo, aún cuando esos mismos ricachones les pregunten si, de paso, no pueden destaparles una cañería. Los dos trabajan en tándem. Niki tiene oído perfecto para las notas pero a la vez una enfermedad llamada hiperacusia, que lo lleva a andar todo el día con auriculares ya que no soporta el caos sonoro de la realidad. Y Harry es su mentor, el que lo guía en la imperfecta tarea de hacer sonar los pianos como deberían.

Todo empieza a enredarse cuando el octogenario Harry tiene un problema de salud, lo internan, y Niki empieza a trabajar solo, recorriendo la ciudad sin la simpática ayuda de su veterano mentor. Allí aparece, por un lado, un encuentro positivo: conoce a Ruthie (Havana Rose Liu), una excelsa y sacrificada pianista clásica que está intentando conseguir una beca y quiere que su piano suene perfecto. Es obvio de entrada que pasa algo entre ellos, aunque el perturbado Niki —quien sin Harry a su lado se vuelve un tanto más oscuro— no se atreve a actuar al respecto. 

El otro encuentro, en cambio, es más dudoso, complicado. En uno de sus trabajos Niki se topa con los densos integrantes de una empresa que instala sistemas de seguridad en las casas y que, a veces, se quedan con algunas cosas que están en cajas fuertes de sus propietarios (“los millonarios ni se dan cuenta”, dicen). Y como Niki tiene oído perfecto para poder escuchar los ruidos de esas combinaciones y abrir las cajas como si nada —y necesita además dinero para pagar los gastos de la clínica de Harry—, lo utilizarán como parte de su equipo. Y él, pese a sus dudas éticas, aceptará.

Allí, El afinador incorporará un elemento de thriller que irá cobrando más y más peso durante el resto del relato, con una serie de robos peligrosos y tensiones entre la banda que si bien le dan al film del director del documental Navalny —en un cambio de registro notable y que demuestra su versatilidad como cineasta— una intensidad narrativa mayor, le hacen perder parte de la curiosa química que existe entre Niki, Ruthie, Harry y hasta su esposa, Marla (la adorable veterana Tovah Feldshuh). La película se vuelve más seria y densa, más tradicionalmente peligrosa —mafiosos, amenazas, complicaciones, mentiras— y deja un poco de lado, aunque no del todo, la simpatía inicial.

Un inquietante elemento que tiene el film y que va de lo narrativo a lo formal tiene que ver con la particularidad de la audición de Niki. El hombre usa pesados auriculares noise cancelling cuando anda por la calle —se los quita para trabajar en los pianos, aunque se deja otros más pequeños— y, en algunos momentos intensos, esa fragilidad auditiva es aprovechada para meterlo en problemas. Como en la reciente Sound of Metal, Roher utiliza el sonido del film para introducir al espectador en la cabeza y en las sensaciones de Niki mientras el mundo se le va desarmando y, con él, los sonidos se vuelven caóticos e insoportables. Es, en ese sentido, una de las películas recientes que mejor trabaja el sonido ambiente en función dramática.

El tramo final de la película es apresurado y un tanto maniqueo, rodeado de imposibles casualidades propias de una película menor (allí aparece en un rol clave el francés Jean Reno), pero más allá de esas fragilidades propias de una opera prima de ficción, El afinador sorprende por la originalidad de su temática, su capacidad de ser accesible sin dejar de ser cool —tiene hasta cameos de Herbie Hancock y una banda sonora de excelente jazz— y la llamativa seguridad y control de los mecanismos narrativos y audiovisuales por parte de Roher. El director, que viene de hacer solo documentales (dirigió uno excelente sobre Robbie Robertson y The Band) y que aquí parece transformarse, de buenas a primeras, en un émulo de los policiales ligeros de Steven Soderbergh o alguien que estudió a fondo todos los detalles de Thief, de Michael Mann. Más allá de las citadas limitaciones, hay una muy buena película (y muy neoyorquina) en El afinador.


Nota: la crítica fue publicada originalmente en La Agenda de Buenos Aires.