
Estrenos online: crítica de ‘La última casa’ (‘The Last House’), de Louis Leterrier (Netflix)
Atrapada en su casa por una fuerza invisible, una familia de Seattle lucha por sobrevivir mientras escasean recursos y crece la tensión. Protagonizada por Wagner Moura y Greta Lee. Disponible en Netflix.
Uno de los dos thrillers apocalíptico-fantásticos centrados en una familia enfrentada a peligrosas criaturas en estrenar en sendas semanas (el otro es El final de la calle Oak, que irá en cines el 13 de agosto), La última casa propone una versión apta para plataforma del tipo de películas que solía hacer M. Night Shyamalan: thriller claustrofóbicos en el que, sea lo que sea que esté sucediendo en el resto del mundo, seremos testigos de las experiencias de muy poca gente ante una catástrofe. Dirigida por el francés Louis Leterrier —un nombre que es más común ver en películas de más alto impacto y acción—, la película bien puede ser vista en relación a la reciente pero rápidamente olvidada (¿negada?) pandemia del Covid, ya que se centra en la supervivencia de una familia ante una enigmática amenaza externa que no les permite salir de su casa.
Los protagonistas son los cuatro miembros de la familia Delgado, de Seattle. El padre, Jason (Wagner Moura, de regreso a Hollywood tras el éxito de El agente secreto) es ingeniero y ama pescar. Su esposa, Ann (Greta Lee, de Vidas pasadas) tiene habilidad con la horticultura. Y los hijos, Graham (Noah Alexander Sosnowski) y Ruth (Riley Chung), son amables, simpáticos y no parecen ser de los que les causan muchos problemas. Todo lo mencionado les será muy conveniente cuando un día, misteriosamente y en medio de una tormenta torrencial, se descubran encerrados en su amplia y cómoda —aunque con una estructura algo anticuada— casona. De una manera un tanto indescifrable, no tienen manera de abrir las puertas, ni las ventanas, ni romper las paredes. Nada parece ceder a ningún tipo de presión, por más fuerte que esa sea.

¿Qué es lo que sucede? Imposible determinarlo. Tampoco hay internet ni teléfonos y pronto tendrán aún mayores problemas, ya que la comida y el agua empezarán a escasear. No son los únicos en esta situación. Los vecinos en las casas visibles están igual —se comunican mediante carteles escritos por las ventanas— y todo parece indicar que el asunto es igual en todas partes. Como lo sabrá todo aquel que pasó algún tipo de confinamiento, los Delgado tendrán que rebuscárselas, lo cual es aún más complicado que en la pandemia porque acá no hay ningún entretenimiento más allá de lo que está en la casa: un par de DVDs (Annie y Air Force One), algunos pocos libros y no mucho más. A su modo, la película funciona como recordatorio de tener más cosas físicas con las que pasar el rato cuando Spotify y la propia Netflix se esfumen ante algún cataclismo.
Por un buen rato la película no se ocupará de qué es lo que puede estar sucediendo afuera. La familia supone que será una cuestión de días, pero el asunto se estira y estira. Y a partir de ahí estarán más preocupados por cuestiones de supervivencia —agua, comida y conflictos internos— que en descifrar qué es lo que está pasando afuera ya que, al menos en apariencia, no hay nada más que fuertes tormentas y un tipo de agua que resulta algo más «expresivo» que lo normal. Lo mejor de The Last House pasará por los placeres y dificultades de esa extrema convivencia familiar, que irá teniendo sus vaivenes (para bien y para mal) a lo largo del tiempo.
Claramente, Leterrier (Nada es lo que parece) no piensa en que eso es suficiente para entretener al espectador promedio, por lo que en algún momento el asunto se volverá más clásico, físico y violento. Pero mejor no spoilear mucho respecto a lo creado por Matthew Robinson, el guionista de Good Luck, Have Fun, Don’t Die. Solo diré que cuando se empiecen a aclarar un poco los puntos narrativos —que igualmente serán bastante confusos en cuanto a la mitología que habilitan—, la película se tornará un thriller más tradicional, de esos que mezclan resistencia, coraje, inteligencia y mucha pero mucha suerte (o un padre ingeniero e ingenioso, aunque por momentos emocionalmente inestable) para tratar de salir del atolladero.

Más allá de lo forzado de la premisa inicial, La última casa tiene una atractiva primera hora, en parte también gracias a los trabajos de Moura, Lee y los chicos, que logran darle credibilidad a esa inicialmente muy funcional familia de impensados sobrevivientes de algún tipo de cataclismo. Es claro que entre ellos habrá problemas, pero más allá de las dificultades previsibles de una convivencia larga y forzada, son bastante queribles y la manera en la que enfrentan los problemas genera bastante empatía.
Cuando las cosas suban dos velocidades juntas y un poco de golpe —la transición no está del todo bien manejada por Leterrier—, la película se volverá mucho más convencional y, literalmente, atada con alambres a través de los distintos espacios físicos de la casa y sus alrededores. Más allá de despertar memorias oscuras de los peores momentos de la pandemia, The Last House ofrece suficiente material para una tarde de fin de semana de plataforma. No mucho más, ni menos, que eso.



