Estrenos online: crítica de ‘Poseída en el desierto’ (‘Killing Faith’), de Ned Crowley (HBO Max)

Estrenos online: crítica de ‘Poseída en el desierto’ (‘Killing Faith’), de Ned Crowley (HBO Max)

por - cine, Críticas, Estrenos, Online, Streaming
19 Ago, 2026 05:38 | Sin comentarios

Una madre, un médico atormentado y una misteriosa niña recorren la frontera enfrentando asesinos, fanáticos y un mal cuya naturaleza permanece incierta. Con Guy Pearce y Bill Pullman. Desde el 21 de agosto por HBO Max.

Un western seco, parco, oscuro, que va ganando en intensidad con el correr de los minutos, Poseída en el desierto es una de esas pequeñas películas que raramente llegan a una plataforma como HBO Max. Estrenada en los Estados Unidos como Killing Faith y en Gran Bretaña e Irlanda como Devil in the Dust, el film de Ned Crowley (Middle Man) es uno de esos «tapados» que agracian las pantallas de tanto en tanto, una sorpresa que nos hace recordar la nobleza de un género como el western para contar historias fuertes.

Como Bone Tomahawk, de S. Craig Zahler —un film y un cineasta que sirven de referencia, aún cuando esta película no sea tan potente como aquella—, Poseída en el desierto se presenta como un western con elementos sobrenaturales, una mezcla entre un relato a lo Cormac McCarthy y algún heredero de El exorcista con algo de la aspereza australiana del género. Ya de entrada, en una escena en la que un niña rubia de aspecto inocente mata a un caballo con solo tocarle la frente, todo parece indicar que algo raro hay por detrás de la historia que se contará. Brutal, amarga aunque con algunos elementos cómicos, la película funcionará como una road movie en la que cada encuentro será más denso y complicado que el anterior, un muestrario de crueldades ligadas también a la conquista del Oeste.

La excusa para abordar este viaje es esa pequeña y en apariencia apática niña rubia (Emily Ford), cuya fama como «poseída» o «manifestación del Diablo» recorre todo el pueblo en el que vive con su madre, Sarah (DeWanda Wise), una esclava liberada, allá por 1849. Casi obligada a sacarla de ahí, Sarah toma la decisión de llevarla a una ciudad lejana, más grande, en la que hay un pastor llamado Ross (Bill Pullman), que podría curar lo que sea que la chica tiene. El que, sin muchas más opciones, se ofrece para protegerla es el Dr. Bender (Guy Pearce), un médico torturado por tragedias del pasado, que se ha ganado su fama (merecida) como adicto al éter y que no cree en la existencia de nada sobrenatural. Y quien termina sumándose a la marcha es el joven ayudante de Sarah, Edward (Jack Alcott), un chico inocente, algo tontuelo y muy parlanchín.

Poseída en el desierto seguirá los pasos de este curioso cuarteto a través de un territorio salvaje en el que tendrán que lidiar, uno tras otro, con personajes que por los más perversos motivos quieren robarles sus cosas, quedarse con la niña o, bueno, ya verán. Nadie o casi nadie es de confiar, lo cual prueba la tesis del desconfiado Bender, quien mira a todos con desdén y desprecio. Sarah, algo más confiada, al menos inicialmente, tiende a ser más amable. Pero el contacto con cada nueva persona o grupo que se les une suele terminar en una acción violenta que generalmente llega tras situaciones calmas y hasta lentas, como si fuera un shock.

Crowler construye escenas largas, con diálogos tensamente calmos que, al mejor estilo Quentin Tarantino, se rompen brutalmente cuando algún tiro, cuchillazo o baño de sangre aparece por sorpresa. ¿Tiene algo que ver con todo eso la endiablada niña o, como decía el título de aquel film de los ’70, «la violencia está en nosotros»? Lo cierto es que la película juega todo el tiempo en el límite entre lo más o menos realista —dentro de los códigos del género, claro— y lo sobrenatural, poniendo en duda el origen de muchos de esas explosiones de violencia o salvajismos varios.

Un Pearce sucio, cansado y de mal humor le cae a la perfección a ese personaje amargo y deprimido que se convierte en inesperado anti-héroe al cuidar a la niña. A Sarah le vamos conociendo los secretos de a poco, cuando la mujer vaya presentando su dramática historia personal. Joanna Cassidy tendrá un rol importante como una mujer de armas tomar y la última etapa del recorrido le corresponderá al gran Pullman, un actor cuya presencia le da a su personaje —un pastor de dudoso comportamiento— un carácter entre enigmático y potencialmente siniestro.

Killing Faith es de esos westerns áridos y brutales que muestran al Lejano Oeste como una tierra de hombres crueles y salvajes, en la que no la piedad no sobra y la humanidad brilla por su ausencia. Y en ese recorrido casi bíblico de potencial redención, sus personajes se topan con todos los círculos imaginables del infierno sobre la Tierra. La película es una experiencia violenta y amarga, como los westerns que aparecieron en los años ’70 al caerse la mitología más noble de la conquista del Oeste. Un anti-western, si se quiere. O, mejor, una película en la que el Oeste de entonces prueba ser la matriz del de ahora.