
Locarno 2026: crítica de ‘El chileno’ (‘Il Cileno’), de Sergio Castro San Martín (Piazza Grande)
Forzado al exilio, un minero chileno experto en explosivos se involucra con militantes italianos mientras intenta proteger a la familia que dejó atrás. Con Camilo Arancibia.
Había más similitudes que diferencias en las tensiones políticas que se vivían en Chile y en Italia en 1976 —quizás en 2026 también—, por lo que el camino iniciado por Aldo Marín, al exiliarse de un país para terminar en el otro, no resultó un remanso de tranquilidad ni nada parecido. Las experiencias de este hombre, recuperadas en el libro de Juan Cristóbal Guarelo Aldo Marín, carne de cañón, son adaptadas por el director chileno de La mujer de barro en su nueva película, filmada mayormente en Italia y titulada originalmente Il Cileno.
El «chileno» en cuestión es el tal Aldo Marín (Camilo Arancibia), un experto en explosivos que trabaja en una mina en Chile en 1976 y que, tras una redada policial en su casa, debe exiliarse, dejando a su mujer y a su bebé recién nacido en su país. Lo hace con «El Chapa» (Andrew Bargsted), su colega y amigo. Ambos arriban a Turín donde consiguen trabajo en una fábrica en la que les pagan mal y tarde. Un día y casualmente, Aldo descubre una bomba a punto de explotar en la fábrica y la desactiva. Al ser advertido por los militantes de izquierda que la pusieron, el hombre es convocado para armar bombas que pondrán en algunos atentados que tienen planeados. Le ofrecen buen dinero, la promesa de ayudarlo con la situación en Chile y Aldo acepta, con la condición de que no quiere ni saber qué hacen con ellas.

Pero Aldo no logra del todo desentenderse del asunto, en especial a partir de la relación que entabla con una militante de ese grupo, Luciana (Sara Serraiocco), una doctora que hace abortos ilegalmente, y de la identificación que empieza a sentir respecto a la causa, aumentada además por algunos hechos que están sucediendo en Chile y que lo involucran personalmente. Así, pese al consejo de alejarse de todo eso de parte del más mundano Chapa, Marín se va enredando en estas acciones guerrilleras, con el riesgo que eso implica ya que la agrupación está siendo buscada y perseguida por las autoridades.
La película sigue los lineamientos clásicos del cine político de suspenso, en una línea que lo une al de Costa-Gavras y tantos otros referentes. Castro dirige con el ritmo propio de un thriller de época mientras va metiendo y sacando a su protagonista de una serie de problemas cada vez más grandes y complicados. En la conexión entre las minas, las bombas, la época y la tensión política, El chileno tiene algún parecido con Tiempo de revancha, la película argentina de Adolfo Aristarain que se centraba también en un experto en explosivos en conflicto con las corporaciones y el poder político. Pero este film apunta más a la historia personal, dejando a la situación política específica —en especial la italiana— en segundo plano.

Es una historia de supervivencia, de lucha contra la represión, de amistades, traiciones, romances y, sobre todo, es un film que tiene al exilio y sus consecuencias como su principal tema. Aldo vive en Torino pero su corazón está en Chile, pendiente de su mujer y lo que pueda pasar con ella y con su hijo. Y al principio solo se involucra políticamente en Italia por necesidad, ya que su talento para armar bombas es útil para este grupo armado que lo contrata. Pero luego le será difícil desviarse del recorrido iniciado, especialmente cuando en su interior va siendo testigo de las injusticias sociales que se viven en ambos países.
Entre el cine negro y el thriller político —la fotografía de Simon Guy Fässler apunta más que nada al primero de los géneros—, entre el drama humano y la película que se pregunta por las acciones de los grupos militantes de los ’70, Il Cileno tiene la particularidad de que, salvo por las fuerzas pinochetistas en Chile, no se plantea como un film con héroes y villanos. En Italia, al menos, y al tener una trama desprovista del contexto político específico de ese país en esa época, la película se presenta más como un policial con investigadores, secretos, traiciones, romances y enfrentamientos, más cerca del polar que de cualquier otra cosa. «Esta no es tu guerra», le dirá a Aldo un personaje clave del film. Pero a esa altura ya será lo mismo: la batalla será más por la supervivencia que por cualquier otra cosa.



