
Locarno 2026: crítica de ‘Guerrilha no Asfalto’, de Edgar Pêra (Fuera de Concurso)
Un inquieto realizador portugués revisita sus intentos fallidos de hacer una película política, explorando el cine, la resistencia, la autoría y las imágenes generadas por IA.
Cómo se hace cine político? ¿Cómo se piensa, cómo se ejecuta, con qué recursos? Guerrillha no Asfalto, la nueva película de ese inquieto realizador portugués llamado Edgar Pêra, trata de meterse a dilucidar esos misterios a través de seguir el que pareciera ser un antiguo proyecto del director: llevar al cine una historia ligada a los grupos armados surgidos en Portugal tras la llamada Revolución de los Claveles, que tuvo lugar el 25 de abril de 1974 derrocando al regimen salazarista, en el poder desde 1926. Ese film, que incluye el paso a la clandestinidad de uno de esos improvisados grupos y un violento asalto bancario que terminó de muy mala manera, nunca pudo concretarse tal como el director lo quiso. Y el derrotero hasta la actualidad de esos intentos —contados de un modo bastante ficcional— es lo que relata esta suerte de ensayo fílmico y autobiográfico.
Guerrilla del asfalto, inspirada inicialmente al menos en la novela homónima de Manuel Ricardo de Sousa, arranca con la escena del asalto al banco y la fuga en cuestión, narradas con el ritmo acelerado de un film de acción. En la puesta en abismo que caracteriza el relato pronto iremos viendo el detrás de escena de esas imágenes: un actor grabando la voz en off que acompaña a la escena, repeticiones varias y de a poco la lógica de un film-ensayo empieza a aparecer con todas las letras. No se trata de una película sobre un grupo revolucionario que comete robos bancarios sino otra, una sobre cómo filmar una película sobre eso manteniendo, a la vez, un espíritu igualmente rupturista.

Es así que la película relatará a modo de documental (falso por momentos, en otros no tanto, mezclando imágenes de archivo reales, historia personal del realizador y muchas imágenes generadas por IA) un posible derrotero que ha tenido esa película en la vida y la carrera de un director crecido en la atmósfera del punk y alguien que siempre entendió el cine desde una estética DIY: casera, frontal, agresiva y disruptiva en cuanto a las formas clásicas. Para Pêra, filmar la historia de ese grupo subversivo que se vuelve criminal y pasa de ser apoyado por la gente a agredido, se vuelve una especie de karma. De una u otra manera sus distintos intentos de llevarla al cine fallan, no funcionan.
Asphalt Guerrilla juega con la ficción incorporando otras posibles formas de hacer el film —en tono de comedia, a través de las plataformas, con la «colaboración» de un director de escenas acción estadounidense o utilizando la Inteligencia Artificial— en lo que se va convirtiendo en un derrotero de imposibilidades varias. Ese recorrido sirve a Pêra también para plantearse la labor del autor dentro de un sistema comercial, la de un cineasta sin recursos que depende muchas veces de los dineros de otros, públicos o privados, para llevar a cabo sus proyectos más ambiciosos.
En esos complicados lazos comunicantes que hay entre arte e industria, documental y ficción, y cine de autor y cine comercial se mueve Guerrilla del asfalto, una película que en el fondo habla de cómo y para qué se hacen las películas políticas. Con la aparición en material de archivo de Terence McKenna —filósofo y «psiconauta» que colaboró en varios proyectos con Pêra en los años ’90, incluyendo Manual de evasão LX 94—, la película intenta pensarse a sí misma como la continuidad de una búsqueda estética y política qué se pregunta por la naturaleza propia de las imágenes y cuestiona su uso. ¿Cómo hacer cine político en la era de las imágenes generadas por IA? La respuesta seguramente llegará dentro de unos años.



