Locarno 2026: crítica de ‘Lejos de los árboles’, de Meritxel Colell Aparicio (Competición Internacional)

Locarno 2026: crítica de ‘Lejos de los árboles’, de Meritxel Colell Aparicio (Competición Internacional)

por - cine, Críticas, Festivales
13 Ago, 2026 09:21 | Sin comentarios

Mientras recorre los Andes peruanos, una investigadora mexicana registra lenguas en peligro y enfrenta el exilio, la memoria y los vínculos entre distintas culturas.

Filmar y viajar pueden ser ejercicios muy parecidos. Si bien no necesariamente una cosa lleva a la otra, recorrer lugares y tener una cámara captando esos movimientos suele ser una combinación irresistible. Las películas de la cineasta y editora española Meritxell Colell Aparicio tienen mucho de experiencias en movimiento, siguiendo a personajes a través de territorios inexplorados, desconocidos, mostrando cómo se conecta con otros. Y Lejos de los árboles no es la excepción. Inspirado y titulado igual que un influyente documental español filmado en 1963 y estrenado en 1972 que dirigió Jacinto Esteva, el film de la realizadora de Con el viento es el retrato del viaje de una musicóloga mexicana por los Andes peruanos, intentando grabar y así conservar las lenguas locales.

Adela (Angélica Castelló) es la protagonista del film, quien en compañía de Lucho (José Luis López Cama), que funciona como guía y traductor de su recorrido, se mete en las distintas comunidades originarias de las zonas andinas del Perú. Y el viaje es una colección de historias, de anécdotas y de encuentros que se entrecruzan mientras Adela sigue con su objetivo de hacer un mapa sonoro del lugar y salvaguardar algunas lenguas que se consideran en peligro de extinción.

La propuesta de la realizadora de Dúo no es lineal ni mucho menos. Al contrario. Colell apuesta por una narración poética, por momentos casi abstracta y de carácter ensayístico en la que se diluyen las fronteras entre el documental y la ficción, y en la que aparecen distintos materiales como soportes. Como en sus otros films —y en relación a la historia personal de la protagonista, cuyo pasado está ligado a una saga de exilios—, el tema que atraviesa Lejos de los árboles es el de la memoria y la identidad. En sus constantes intentos por salvaguardar testimonios, compartir experiencias y atravesar parajes desconocidos, Adela se va internando en lo profundo del continente buscando, a la vez, destrabar también algún enigma interior ligado a su propia historia.

La película se plantea como una experiencia, una road movie introspectiva, con una cadencia de balada melancólica y una pulsión observacional. Adela mira y escucha a la gente hablar y cantar, observa y participa de algunas tradiciones de tipo folclóricas y esa búsqueda externa termina siendo también una interior, ya que los conflictos que atraviesan a esas comunidades tienen mucho en común con los que atravesaron miembros de su familia décadas atrás, con búsquedas similares y una temática —como la prohibición y/o censura del uso del idioma catalán en la España franquista— no tan distinta a la que se vive en el Perú.

Cinematográficamente bella y enigmática, con un trabajo sonoro complejo y lleno de detalles, Lejos de los árboles tiene momentos particularmente poéticos y otros que bordean lo fantástico, pero nunca se aleja demasiado de ese formato de líricos ensayos con aires etnográficos que ya es parte constitutiva del universo de la realizadora. Con aportes —a través de videollamadas— de esa gran actriz mexicana que es Teresa Sánchez, la saga de Adela representa a la perfección con lo que la realizadora comentaba en una reciente entrevista. «La película es una oda a la belleza de las lenguas y a su valor colectivo. Es una forma de pensamiento, una manera de ver y habitar el mundo.» Y el cine, de un modo similar, es eso también.