
Locarno 2026: crítica de ‘Nobody’s Violence’ (‘Violence du corps de l’autre’), de Denis Côté (Competición Internacional)
Una mujer enigmática recorre pueblos pequeños de Canadá ayudando a personas a morir hasta que encuentros inquietantes la obligan a cuestionar su trabajo, su distancia y el sentido de su vida.
Mira, la protagonista de la nueva película del realizador canadiense Denis Côté, es un personaje enigmático, misterioso, que recorre las rutas de Canadá de modo silencioso haciendo un trabajo bastante particular. Cuesta un poco de entrada entender cuál es exactamente su misión, pero de a poco nos va quedando claro que la chica tiene una tarea bastante densa: ayuda a morir a personas. No se explica bien ni quedan claro todos los detalles del operativo, pero uno logra ir entendiendo que la chica recibe un nombre y una dirección, y marcha con su auto por distintos pueblos y parajes presentándose ante distintas personas y dándoles a beber algún tipo de veneno que los hace morir casi instantáneamente.
Mira (Larissa Corriveau) va de un lado a otro en una minivan, acompañada por un perro bastante sucio (lo llama Mario) y por lo general hasta duerme ahí. Es así que durante el primer acto del film la veremos en su metier: contacta a la persona necesitada de algún tipo de irregular eutanasia, le prepara el brebaje en cuestión, se lo de tomar y parte a un nuevo destino. Cada situación tendrá una particularidad que la diferencia de las otras, pero Mira parece capaz de cumplir su tarea sin involucrarse emocionalmente. En el camino se topará con otras personas: un hombre que parece seguirla, otra que la mira fijo en un negocio y un tercero, llamado Ludo (Philippe Rebbot), que se acerca a su coche a la noche y le entrega algo para comer y beber. La relación entre ambos se adivina complicada.

Recién después sabremos un poco más en cómo está organizado el trabajo, pero lo importante del film de Côté no pasa tanto por los procedimientos en sí sino por el tono, entre calmo e inquietante, que el director le aplica al asunto. Filmada en granosos 16mm, con un desaturado color y una protagonista de ojos enormes pero mirada un tanto ausente, Nobody’s Violence se va armando como el retrato de una mujer que parece muerta en vida. Un encuentro sexual con un jovial hombre en una fiesta le cambia un poco el humor, pero no lo suficiente. Promediando la película Mira llegará a lo que parece ser el «centro de operaciones» de su compañía y de allí en adelante el film girará en su eje. Su tono se volverá más contemplativo y misterioso, y su protagonista empezará a ver sus actos y quizás hasta su vida de otra manera.
Sin muchas vueltas, Violence du corps de l’autre es un film sobre la muerte, sobre cómo las personas lidian con ese tema, aún las que están sanas y no tienen un oscuro horizonte por delante como la mayoría de sus clientes. El realizador de la reciente Paul y Curling, entre muchas otras, va acercándonos de poco a Maia mientras ella observa esos nuevos encuentros —sus «jefes» y el grupo de amigos que los acompaña son bastante peculiares y tienen una manera curiosamente hedonista de relacionarse con los demás— y su mundo empieza a girar de a poco. Y así, cuando le toque volver a su tarea, su actitud ante las cosas ya no será exactamente la misma.
Se trata de un film seco, contemplativo, de pocas palabras y mucho clima (helado): la historia de un «angel vengador» cuya actitud respecto a su trabajo y a su vida va modificándose con el paso de los minutos. «A través de Mira exploro cómo convivir con la muerte sin soltar la esperanza, el amor y la libertad —explicó el director en una entrevista—. Este es un viaje que abraza el misterio y la incertidumbre, pero no busca respuestas sino explorar las fuerzas frágiles que nos atan a la vida.» Es ese recorrido, uno que a la vez es muy personal para él (la película está dedicada a su madre), el que presenta Nobody’s Violence, el de enfrentar la muerte cada día, a cada paso, y darse cuenta antes de que sea demasiado tarde, que seguir estando entre los vivos todavía tiene algún sentido. Inexplicable quizás, pero sentido al fin.



