
Locarno 2026: crítica de ‘Petrolheads’, de Emil Langballe (Semana de la Crítica)
Un joven vulnerable se hunde en conductas impulsivas y problemas crecientes, pero se apoya en una amistad firme que le ofrece alivio a sus dificultades cotidianas.
La vida de Martin está marcada por una serie de inconvenientes. Hijo adoptivo de una familia danesa, desde muy pequeño ha sido diagnosticado con una serie de condiciones de severa discapacidad —autismo y TDAH, entre otras—, lo cual lo ha convertido en un joven solitario, marginado, un tanto problemático y con una sola obsesión: los autos. Ese lado difícil de su vida se complementa con uno más positivo: la amistad que ha desarrollado con Casper, otro joven con (menores) problemas psiquiátricos, del que se ha hecho muy amigo y con el que comparte la obsesión por los coches.
Petrolheads se centrará en esta amistad, desarrollada en gran medida yendo y viniendo en automóviles. Casper sabe todo sobre ellos: los arma y desarma, los maneja (a Martin solo le permiten conducir su bicicleta) y es un gran compinche y escucha de su amigo. Martin tiene una obsesión que se volverá central a la trama del film: conseguir un Honda Civic 1994, un modelo que lo obsesiona al punto de tener su cuarto empapelado con posters de ese coche. Y la búsqueda de un auto así será el eje narrativo que permitirá conocerlos, más que nada a Martin.

Pero la vida del protagonista es más que los autos y poco a poco este documental danés, dirigido por el hermano del protagonista, irá mostrando otros aspectos más problemáticos que lo rodean en su cotidianeidad: consumo de drogas, accidentes, un mal uso del dinero y mentiras por doquier que lo meten en serios problemas. Su familia lo adora y lo apoya, pero nada parece ser fácil para él. Es ahí donde Casper —de cuya vida se habla bastante menos— funciona como un reaseguro, un cable a tierra.
Este documental íntimo y personal es, más que cualquier otra cosa, un homenaje a la amistad, a lo que Casper representa en la vida de Martin —de ambos, en realidad— y lo que lo ayuda, o puede ayudarlo, a salir de sus momentos más oscuros y problemáticos. Es un film sensible, generoso y, sobre todo, empático con los personajes que retrata, a quienes acompaña sin juzgar aún en sus momentos más complicados. Una película simple y a la vez muy humana.



