
Locarno 2026: crítica de ‘The Green Eyes’ (‘Les yeux verts’), de Fanny Liatard & Jérémy Trouilh (Piazza Grande)
En la Francia rural, una niña iraquí inmigrante lucha por despertar a su hermano de un coma misterioso, recurriendo a soluciones espirituales y mágicas.
Entre los distintos hechos, historias y fenómenos que han surgido como temas a partir de la inmigración de personas del Sur Global a Europa, una de las más curiosas tiene que ver con una enfermedad psicosomática que se da por llamar «síndrome de resignación». La dolencia se expandió especialmente en Suecia hace ya algunas décadas y se caracteriza por el hecho de que muchos niños y adolescentes de familias de refugiados —que pasan años en un limbo legal sin saber si se quedarán en el país o serán devueltos a la tierra de la que se escaparon— caen en un sueño profundo, tipo coma, que dura muchísimo tiempo y del que resulta muy difícil sacarlos.
Se ha discutido mucho las razones y motivos de este fenómeno —hay quienes descreen de la enfermedad y aseveran que es un recurso para forzar a las autoridades a aceptar a familias de inmigrantes que tienen niños que la sufren—, pero por lo general los especialistas coinciden que es una dolencia seria, real, y que es instigada por una situación traumática. Los ojos verdes crea una ficción a partir de una historia de ese tipo, una que transcurre en Francia. De desarrollo breve, compacto y «para toda la familia», la película de los realizadores franceses de Gagarin se ocupa de una familia de inmigrantes iraquíes que vive en la región de Landes, en territorio francés, y que están en medio de ese complejo proceso de absorción.

Todo se complica cuando la familia, compuesta por un padre viudo (Omar Al Jbaai) y sus dos hijos, el adolescente Nour (Sayyid El Alami) y la más pequeña Chaya (Douae Butarbuch M’Zaouki), de once años, recibe la noticia de que su solicitud no fue aceptada y tienen un mes para regresar a su país. El padre viaja de inmediato a España para ver si allí puede conseguir trabajo y otras opciones legales, dejando a los chicos solos. Pero la situación se vuelve aún más densa cuando Nour cae en un profundo sueño y la pequeña Chaya no sabe qué hacer para sacarlo de esa situación.
Les yeux verts se centrará en los denodados y de por sí curiosos esfuerzos de la pequeña por sacar a su hermano de ese coma, esfuerzos que la llevan a tomar decisiones entre extrañas y radicales, mientras las autoridades tratan a su vez de ver cómo pueden hacer para resolver el problema por su lado. Los realizadores, a partir de una decisión de la pequeña Chaya respecto a cómo puede hacer para «despertar» a su hermano, van girando de a poco este drama a un relato más cercano al realismo mágico, con una dosis de espiritualidad. Si bien la idea tiene su costado poético, a partir de ahí la película pierde algo de fuerza e intensidad, de potencia política si se quiere, para parecerse más a un accesible drama familiar de esos que podrían funcionar en secciones como Generation de la Berlinale.
De todos modos, la película francesa logra plantear y plasmar un ángulo relativamente novedoso para lidiar con un tema denso que a diario ocupa las noticias de la prensa europea y, en más de un sentido, hasta la mundial. Al poner a la simpática niña como protagonista —un personaje entre tierno, inocente y simpático—, los directores intentan universalizar la problemática, hacerla comprensible aún para los que tienen una posición un tanto contraria respecto de este tipo de temáticas. Y si bien no siempre es la magia ni la fantasía la que ayuda a resolver los problemas políticos que nos aquejan, nunca está de más creer en el poder de los sueños y de la imaginación. Nunca se sabe por dónde puede aparecer una solución.



