
Series: reseña de ‘Fragmentos’ (‘The Shards’), de Ryan Murphy y Bret Easton Ellis (Disney+)
Un aspirante a escritor se mueve entre sexo, estatus y sospechas al convencerse de que su nuevo amigo oculta vínculos con asesinatos brutales en la Los Angeles de 1981. Desde el 5 de agosto por Disney+
Con novelas como Less than Zero y The Rules of Attraction, Bret Easton Ellis se ganó su fama como escritor maldito y salvaje en la segunda mitad de los años ’80, cuando era apenas un veinteañero. Su carrera continúa hasta la actualidad —no muy prolífica en novelas pero con algunos cuentos, guiones para cine y libros de no ficción— y volvió a causar cierto impacto si se quiere retro cuando, en 2023, sacó la novela The Shards, que recupera el tono, los personajes y el mundo de esas primeras historias acerca de estudiantes universitarios de vida acomodada y rodeados de placeres mundanos y un tanto peligrosos. Aquí va aún más lejos en el tiempo (a 1981) con personajes que están terminando la escuela secundaria y que se ven enfrentados a un caso criminal con más puntos en común con su posterior American Psycho.
Tomada por Ryan Murphy, el prolífico productor y director de las sagas de American Horror Story, Monster y muchas más, The Shards se ha convertido en un encuentro de sensibilidades que tienen algunos puntos en común pero divergen en otros. A ambos les gusta el shock, el «escándalo», las situaciones impactantes y preferentemente grotescas, pero la diferencia más evidente pasa por el estilo. Easton Ellis es un escritor de mundos más interiores y de personajes bastante introspectivos, algo que no es el fuerte del más directo Murphy. Y Fragmentos refleja esos choques: cuando las sensibilidades coinciden parece avanzar más o menos bien y en otros momentos se lo siente algo así como un «matrimonio arreglado» en el que ninguno entiende muy bien al otro.

Como el que acá dirige la batuta —y algunos episodios— es Murphy supondremos que el producto final tiene más que ver con su sensibilidad. Pero el mundo es el de Ellis y arranca poniendo al espectador en la soleada Los Angeles de 1981, en una escuela exclusiva con alumnos de familias adineradas y vinculadas por lo general a Hollywood. En ese mundo se mueve Bret (Igby Rigney), quien narra la historia con la voz del escritor, recordando aquellos hechos desde lo que parece ser la actualidad. La persistente narración será una de las marcas de la serie, quizás la zona en la que Easton Ellis pudo imponer su criterio.
Bret es un joven aspirante a escritor que lee a Joan Didion, escribe su primera novela y está en pareja con la blonda Debbie (la cantante/actriz Hayes Warner), hija de la actriz Liz Schaffer (Evan Rachel Wood) y del influyente productor Terry Schaffer (Wes Bentley). Pero, secretamente, Bret sale también con hombres, algo que en esa época se mantenía muy en secreto. Su grupo de amigos lo completa Susan (Kaia Gerber, la hija de Cindy Crawford que es idéntica a la madre) y Thom (Graham Campbell), el novio de ella. La vida de todos ellos pasa por lo habitual en estos casos: fiestas, drogas, sexo, algún ínfimo compromiso escolar y circular en autos descapotables por la expandida ciudad californiana.
Pero todo empieza a complicarse por dos hechos. El primero es la llegada al colegio de Robert Mallory (Homer Gere, hijo de Richard Gere), un chico apuesto que a Bret le gusta pero a la vez lo incomoda. Todo su grupo se fascina con él pero Bret siente que oculta algo y hay una tensión entre ellos que claramente tiene algo de sexual. Y en paralelo, en el barrio están preocupados por la presencia de no uno sino dos asesinos seriales —uno es un individuo al que llaman The Trawler, los otros son una secta tipo Clan Manson— que están haciendo desaparecer a personas bastante cercanas, incluyendo algunos de su propia escuela. Y Bret se convence que Robert es o al menos tiene algo que ver con estos crímenes. Y se dedicará a tratar de desenmascararlo.

Esa es la premisa que Fragmentos lleva adelante a lo largo de sus episodios, complejizándola luego a partir de novedades en el relato pero, más que nada, por la manera en la que presenta una narración que quizás no sea del todo confiable. Bret es escritor, está en pleno proceso creativo, y uno puede permitirse dudar cuánto de su relato es real y cuánto hay de autoficción. Es así que sus diversos intereses —escribir su novela, conseguir un contrato con Hollywood, mantener su bisexualidad en secreto y atrapar al asesino en serie— entran en un mundo donde la realidad y la invención se mezclan todo el tiempo.
Lo mejor que tiene la serie es cómo retrata la época, ese 1981 que se ve cómo la transición entre dos etapas (décadas) de la cultura estadounidense. En sus personajes uno ve aparecer a ciertas obsesiones ochentosas por las marcas y el glamour, pero también están grabadas historias y tradiciones más setentosas como los asesinos en serie (que fueron furor en esos años) y las sectas satánico-mesiánicas que provocaron terror allí. Y Bret, así como es arriesgado en su vida personal, es muy temeroso de todo lo que pasa a su alrededor.
Salvo por algunos giros inesperados, la trama «asesino serial» es lo menos interesante que Fragmentos tiene para ofrecer. La serie crece en su interés cuando retrata las relaciones entre los amigos: los celos, los romances, los engaños, las tensiones con los padres y la cotidianeidad de ser un adolescente con dinero y sin aparentes preocupaciones a principios de los ’80. Cuando la dupla Murphy/Easton Ellis se enreda más en el caso criminal se vuelve mucho más banal, convencional, más cercana a otras series del autor, con su gusto por el impacto pero sus limitados recursos a la hora de ir a lo profundo de sus personajes. Pero el misterio tiene igualmente sus encantos y aquellos que conecten con el estilo Ryan Murphy —quien, reconozco, tiene siempre muy buen gusto para musicalizar sus series— seguramente disfrutarán los mundanos y reconocibles placeres de The Shards.



