
Estrenos online: crítica de ‘The Last First: Winter K2’, de Amir Bar-Lev (Apple TV)
El documental de Amir Bar-Lev sigue al montañista islandés John Snorri, junto a Ali y Sajid Sadpara, mientras el equipo nepalés de Nims Purja y una expedición comercial de influencers convergen en el K2 en 2021. Desde el 2 de octubre en Apple TV.
El lado industrial y comercial del montañismo se manifiesta de muchas maneras. En The Last First: Winter K2 aparecen, de hecho, varias de ellas. Por un lado, el crecimiento de la comercialización de ese deporte a partir del arribo en masa de turistas e influencers que buscan subir peligrosas montañas para reportar sus avances y conquistas en redes sociales. Por el otro, quienes lo han hecho siempre, que ahora reciben más atención de sponsors. Y el propio documental que los filma, uno de tantos, en lo que constituye una industria paralela de la que The Last First es parte.
La película del director de Long Strange Trip se centra en eventos que tuvieron lugar en 2021 cuando, al final de la pandemia, se empezó a reactivar el montañismo en las zonas de Nepal y Pakistán en el que están ubicados los picos más altos del mundo, incluido el Everest. Pero el objetivo de los protagonistas del film era otro: la montaña K2, considerada la segunda en tamaño del mundo. Esa «montaña salvaje», ubicada en Pakistán —la mayoría de los picos de más de ocho mil metros de altura están en Nepal—, nunca había sido escalada hasta su cumbre, de más de 8.600 metros, en invierno. Y ese detalle es importante ya que la complicación se duplica ante el brutal frío.
La película sigue al hombre que se desafió escalarla en invierno, el montañista islandés John Snorri, al que vemos despedirse de su familia (todavía con tapabocas) y partir rumbo a la mítica K2. Allí, con dos expertos pakistaníes (Ali y Sajid Sadpara, padre e hijo) armó un importante campamento en la base y empezó desde allí sus acercamientos. La sorpresa apareció unas semanas después cuando arribó al lugar un equipo de escaladores nepaleses comandado por el carismático (y controvertido, según el film) Nims Purja. El hombre desembarcó con el objetivo evidente de quedarse con ese récord y llevarlo a su país, que tiene mucha tradición en la materia (de allí salen los «sherpas» o guías) pero pocos records propios.

Esa competencia entre expertos, asegura el documental de Bar-Lev, no fue el verdadero problema. La cosa se complicará luego ya que una empresa llamada Seven Summits, dedicada a vender experiencias de alta montaña a quien sea que las pague, empezó también a vender el paquete «K2 en invierno» y arribaron al lugar medio centenar de personas más que se instalaron en el mismo campamento base con similar objetivo. Algunos montañistas profesionales, sí, pero muchos amateurs, curiosos y, más que nada, influencers que viven mostrando en sus redes sus experiencias «fotografiables». Y el combo que surgió de todo eso —demasiada gente, clima inclemente, inexperiencia, competitividad extrema— terminó teniendo resultados trágicos.
Bar-Lev va narrando las situaciones que se viven allí desde el principio. Si bien nunca se aclara en qué etapa las cámaras de este documental se mezclaron con las otras que fueron siguiendo a los distintos grupos —por la propia lógica comercial de las escaladas actuales no hay equipo que suba sin un camarógrafo que documente y embellezca sus logros—, The Last First va cubriendo casi todo lo que pasa, desde la calma inicial a las primeras tensiones, la competencia extrema, los problemas propios de la escalada invernal y las situaciones trágicas que se vivieron, muchas de las cuales podrían haberse evitado, se asegura, de no haberse comercializado tanto esa aventura.
Estamos ante uno de los tantos casos de «haz lo que yo digo pero no lo que yo hago» porque es innegable que el propio film forma parte de esa comercialización que tanto critica, una que parece mirar desde afuera sin darse cuenta que es partícipe de esa difusión estéticamente falsa de las experiencias de alta montaña. Si bien es cierto todo lo que el film tiene para criticar respecto a lo que sucede cuando novatos y curiosos se dejan seducir por campañas publicitarias que venden como una «experiencia» algo que en definitiva es un deporte extremo para expertos, también es innegable que este tipo de documentales también comercializan como una mezcla de drama y belleza algo que en realidad es muy peligroso.
De todas maneras, y quizás en modo mea culpa, The Last First va pasando de la parte visualmente más arrebatadora y bella del principio a mostrar lo dura que es la experiencia in situ: frío mortal, poco espacio para dormir, problemas prácticos de todo tipo, viento helado y derrumbes brutales que demuestran que la experiencia no es tan simpática como puede parecer viendo fotos o videos que se suben a las redes sociales. Si al mundo siempre se lo muestra más bonito de lo que es en Instagram, en casos como estos —de escaladas en alta montaña—, la diferencia entre lo virtual y lo real es aún mayor. Lo que se ve bello, romántico y hasta poético en un teléfono móvil puede ser cuestión de vida o muerte en el lugar de los hechos.



