Festival de Biarritz 2026: crítica de ‘La caminera’, de Federico Pozzi

Festival de Biarritz 2026: crítica de ‘La caminera’, de Federico Pozzi

por - cine, Críticas, Festivales
29 Sep, 2026 03:06 | Sin comentarios

Francisco, un cineasta de 35 años que trabaja en secreto en una app de repartos, tiene una cita por Belgrano con Belén, una chica mendocina de 28, a quien acaba de conocer. En la Competición del Festival de Biarritz.

Estrenada en el pasado BAFICI en la sección operas primas, La caminera tiene su debut internacional en Biarritz. Protagonizada y dirigida por Federico Pozzi, se trata de un film breve, en blanco y negro, que podría ubicarse en la tradición de las películas centradas en historias de amor apoyadas en diálogos, cuya referencia más notable es Antes del amanecer, de Richard Linklater. En este caso, el film apunta a ahondar en la relación entre dos jóvenes que tienen una cita —no es la primera— y que durante gran parte del recorrido del film atraviesan el barrio de Belgrano caminando por sus calles y parques.

Fran/Pancho (Pozzi) es cineasta —o quiere hacer cine— pero trabaja como repartidor para una app de delivery. A su cotidiana recorrida en bicicleta la película dedica sus primeros minutos, con un acelerado montaje que incluye cientos de pedidos, no siempre funcionales ni exitosos. Con su bicicleta pinchada, Pancho llega a su casa, se baña, se cambia, esconde todos los elementos que lo ligan a ese trabajo —prefiere ocultar que se está dedicando a eso— y va al encuentro de Belén (Emilia Ickovic), una chica oriunda de Mendoza con la que, luego de comprar algunas cervezas en un supermercado, se va a caminar por Belgrano y a conversar.

Esa es «la caminera» del título, la cerveza que acompaña la charla —o viceversa— y que permite que dos personas se vayan conociendo. Pozzi toma la inteligente decisión de que no sea una primera cita y evita así los pasos más básicos de una presentación, con todo lo que eso implica. Ambos ya han salido algunas veces, las suficientes para conocer algunas cosas del otro pero no tantas como para que todavía no sigan descubriendo cosas nuevas y así ir sabiendo cuáles son sus intereses, sus historias y qué cosas los definen.

Es así que, mientras hacen comentarios acerca de lugares no muy conocidos del barrio —la película explora algunos monumentos y paseos ocultos junto a zonas icónicas de Belgrano— y ofrecen observaciones casuales sobre distintos temas (secretos de Wikipedia, viajes al exterior, qué constituye un «golazo»), se van conociendo e intimando, empezando una relación que puede (o no) continuar por mucho más tiempo. En lo estrictamente dramático, la mayor tensión pasa, si se quiere, por el miedo que Pancho tiene respecto a que se descubra de qué trabaja (ella es abogada), pero el eje de la película no pasa por ahí sino por la historia de un proyecto de romance que tiene para contar.

La caminera tiene un cierto aire de familia a las películas de Ezequiel Acuña o, viniendo más cerca en el tiempo, las de Matías Szulanski, gracias a la manera naturalista y ligeramente cinéfila con la que se acerca a dos protagonistas que bien podrían haber sido personajes de un film olvidado de la Nouvelle Vague. Esas son las referencias en las que parece apoyarse Pozzi para hacer esta película amable, discretamente romántica, que logra convencer gracias a la manera realista y falta de cualquier tipo de pretensión en la que los personajes se comunican.

De hecho, lo que podría ser un problema de la película —una química entre los dos personajes que no fluye del todo bien, la falta de un crescendo dramático—, termina siendo un elemento clave, ya que todo el tiempo uno tiene la sensación de que quizás no estemos ante esa gran cita que da inicio a un romance inolvidable sino ante una noche que, tal vez, no se transforme en nada importante. Quizás, lo que vemos aquí sean los intentos de un chico y de una chica de darle vida a algo que muy probablemente quede en sus respectivos anecdotarios como aquella noche en la que tuvieron una cita, pasearon por Belgrano y tomaron cerveza tibia con un chico o chica cuyo nombre ya no recuerdan del todo bien.