
Festivales: crítica de ‘Glaxo’, de Benjamín Naishtat (Toronto / San Sebastián)
Cuatro amigos atraviesan tres décadas de la historia argentina mientras la violencia política y el poder corporativo destruyen sus vínculos y destinos. Con Lali Espósito, Marcelo Subiotto y Esteban Bigliardi. En Toronto y San Sebastián.
Esta adaptación de la novela Glaxo (2009), de Hernán Ronsino, es un trabajo de reconstrucción de un texto literario mucho más elíptico acerca de las relaciones entre cuatro amigos de Chivilcoy, un pueblo de la provincia de Buenos Aires, cuyas vidas se complican cuando se entremezclan en ellas un pesado ex policía y su esposa. En una trama que va y viene de 1957 a 1984 (incluyendo unas escenas en 1956 que le dan su marco temático), Benjamín Naishtat continúa su exploración de una sociedad argentina atravesada e íntimamente violentada por las dictaduras militares y las empresas que colaboran con ellas.
Todo empieza en un cine en Chivilcoy, en 1984. Más específicamente en una función de Terminator a la que van Vardemann (Esteban Bigliardi) y el «Bicho» Souza (Alan Sabbagh), amigos de la infancia que se reencuentran después de muchos años. Vardemann está incómodo, no quiere ser visto en la ciudad y pronto queda claro que pasó muchos años en la cárcel. Mediante una serie de flashbacks —que regresarán una y otra vez a ese presente— iremos conociendo la historia de ambos y de sus otros dos compinches con los que supieron conformar un grupo de amigos en los años ’50.
Además de ellos dos están «Miguelito» Barrios (Manu Fanego) y Lucas (Esteban Lamothe). En 1957, los cuatro son adolescentes que van a los bailes del pueblo y viven pendientes de potenciales conquistas y romances. Allí, la que se transforma en el centro de todas sus miradas es «La Negra» Miranda (Lali Espósito), una chica que los fascina con su actitud, belleza y desparpajo. Pero acercarse a ella conlleva un problema: es la esposa de Ramón Folcada (Marcelo Subiotto), un ex policía que estuvo en algo pesado en la Capital y que ahora vive allí, en el campo, semi-retirado.

La película irá un año hacia atrás para contar en qué estuvo involucrado Folcada, mostrando lo que luego se conoció como los fusilamientos de José León Suárez (historia recuperada en el libro Operación Masacre, de Rodolfo Walsh), un violento antecedente que marca a las claras con qué tipo de persona los chicos lidiaban. Lo curioso es que, de todos ellos, el que consigue acercarse íntimamente a «La Negra», al ser convocado para enseñarle a montar a caballo por el propio Folcada, es Miguelito, quizás el más tímido de los cuatro. Y la experiencia le cambia la vida, en más de un sentido.
Glaxo es un film sobre la amistad y sobre las maneras en la que el contexto de violencia política alteró las relaciones entre las personas. En sus idas y vueltas en el tiempo nos irá metiendo en las vidas de estos chicos en los ’50 y en cómo ha cambiado casi tres décadas después. En el medio aparece —de una manera secundaria en cuanto al peso que tiene en el relato pero importante en cuanto a sus implicancias en las vidas de los protagonistas—, la Glaxo, que es la fábrica del pueblo, la que más trabajo da a sus habitantes pero la que también puede llegar a tener (y a generarles) algunos problemas.
Glaxo dialoga muy bien con Rojo, la anterior película «solista» de Naishtat (en el medio codirigió Puan, con María Alché), también centrada indirectamente en las consecuencias de las dictaduras y la violencia política en los pequeños pueblos del interior argentino y en los comportamientos de sus habitantes, que muchas veces son seducidos y empujados a la traición a partir de la violencia implícita que generan estas fuerzas. Es, como aquel, un estudio de la clase media y su connivencia —como sucede también ahora— con el poder empresarial y militar.
Estéticamente, el film funciona como un melodrama retro, con actuaciones y escenas que remiten a clásicos del cine argentino (Leonardo Favio, especialmente; los bailes del pueblo parecen sacados de El romance del Aniceto y la Francisca…) y con un gran elenco de actores argentinos encabezados por Lali Esposito, centro de atracción que atrapa a todos los personajes masculinos que no les sacan los ojos de encima y se desviven por estar con ella. Pero el peso central del drama pasa por Folcada, un hombre pesado del poder político-militar que manipula a los jóvenes y tensiona las relaciones entre ellos.

Un poco también como Rojo, Glaxo ofrece un combo visualmente enrarecido y elegante (el DF es el brasileño Pedro Sotero, de Bacurau, Aquarius y varias más) para un film que, en lo esencial, es un coming of age brutal, a lo Erase una vez en América, de un grupo de amigos enredados en un clima político decadente, mezclado con un fresco sobre la Argentina posterior a la caída del peronismo, con el golpe militar de 1955 enmarcando en buena medida todo lo que sucederá después.
Si bien Glaxo deja los tejes y manejes políticos-empresariales en segundo plano, son centrales a la hora de entender el relato. Las escenas de la detención de un grupo de militantes en 1956, muchos de los cuales fueron masacrados, marca el inicio a una etapa política que terminaría en la guerrilla de los años ‘70 y la posterior dictadura militar. Si bien Naishtat es sutil a la hora de marcar los paralelos —de hecho, para el público internacional pueden resultar algo confusos y hasta sobrar en función de la historia específica que se cuenta—, la conexión temática con lo que pasa luego en Chivilcoy es clara.
Por momentos, Glaxo se vuelve un tanto solemne y hay cierta parsimonia en la manera en la que los hechos van avanzando hacia lo que se adivina como un complicado desenlace. En ese sentido, la música del gran Shigeru Umebayashi (asiduo colaborador de Wong Kar-wai), le otorga una cualidad melodramática que va un tanto a contramano de la urgencia si se quiere más política de la película. Pero funciona en el contexto específico de la trama, en la que el tiempo, el romance, la nostalgia, la amistad y la traición se confunden permanentemente. Glaxo es eso, sí, pero también un drama acerca de cómo el poder político, militar y empresarial puede destrozar las vidas de un grupo de amigos de la adolescencia que solo querían aprender cómo sacar a bailar a la chica más linda de la fiesta.



