
San Sebastián 2026: crítica de ‘5 minutos más’, de Javier Ruiz Caldera (Competición)
Un matrimonio en crisis decide pasar un fin de semana de turismo rural en una casa aislada. Allí se reúnen con un encargado de la agencia que les entrega las llaves. Pero antes de que los deje solos, sucede algo extrañísimo: el tiempo retrocede cinco minutos. Con Berto Romero, Belén Cuesta y Javier Cámara.
Una idea conceptual fuerte con un pico cómico demasiado tempranero, 5 minutos más toma un inquietante dispositivo, genera una serie de situaciones graciosas en poco tiempo para quedarse sin mucho más adónde ir durante el resto de su metraje. La comedia negra de Javier Ruiz Caldera parte de un concepto con puntos en común con Groundhog Day pero con algunas diferencias específicas que le permiten ofrecer distintas posibilidades a ese tipo de relatos. En el fondo, igualmente, sigue funcionando como uno de esos cuentos en bucle que solo se quiebran cuando algo clave sucede entre los personajes. Y acá, sus dos protagonistas principales —que vieron muchas películas y conocen sus mecanismos—, lo saben. Lo cual, a la vez, complica que ese quiebre dramático se produzca.
Estamos frente a una pareja en crisis que se ha alquilado una casa alejada de todo para estar tranquilos y recomponer su relación. Berto Romero —conocido humorista español y coguionista del film— y Belén Cuesta son los que viajan a una de esas casas con piscina en un amplio e idílico paisaje y sin señal de celular ni wifi. Siguen los consejos de su terapeuta, aunque es claro mientras se pierden en la ruta que todavía les falta mucho para empezar a llevarse bien. Allá los recibe un agente de la inmobiliaria (Javier Cámara), que les alquila el lugar y les muestra lo bello y calmo que es todo allí.
Más allá de algunas tensiones previas, lo que rompe la lógica del relato sucede a los cinco minutos de llegar allí cuando los tres son transportados mágicamente al inicio de su estadía en el lugar. Aunque tardan en entender bien qué es lo que está sucediendo, han entrado en un literal bucle de cinco minutos en el que vuelven siempre al mismo inicio. La principal —y no menor— diferencia respecto a conceptos como el de Groundhog Day es que, por un lado, a todos les sucede lo mismo y no solo a una persona; y por otro, que las consecuencias de los hechos pasan de un bucle a otro. Dicho de otro modo: si uno se lastima o muere estará herido (o muerto) al empezar el bucle siguiente. Y así…

Y ese dispositivo, bueno, va disparando lo peor de cada uno, haciendo entrar a los tres protagonistas, en función de una serie de situaciones accidentadas, en una espiral de violencia que se vuelve la única manera —en cierto modo— de modificar lo que va sucediendo entre ellos, entre ellos y unos vecinos y así. No vale la pena adelantar más que eso ya que hay varias sorpresas por ese lado y la mayoría transcurren al inicio. Pero lo cierto es que, una vez que uno conecta con el dispositivo y empieza a entender lo que eso puede deparar, la película empieza a girar también en su propio bucle.
Es que, a diferencia de los mejores films que funcionan a partir de este tipo de concepto, 5 minutos más tiene unos personajes definidos con trazos muy gruesos, con un conflicto muy tradicional y poco lugar al que ir a partir de eso. Esa casa, esos personajes y esos pocos minutos terminan siendo una suerte de prisión tanto para los personajes como para los espectadores que empezarán riéndose con algunas de las situaciones caóticas en las que se meten los protagonistas para luego empezar a agotarse de tanto grito e impostada tensión. Y ni el guión ni la astucia del director de Spanish Movie logran salir airosos del desafío de salir de su propia trampa.
Quizás el problema de 5 minutos más no tenga tanto que ver con la película en sí sino con el lugar que ocupa como uno de los films españoles en la competición oficial del festival. Sus placeres son modestos y podrían disfrutarse un poco más una tarde en una plataforma o, quizás, en alguna función nocturna de un festival especializado en cine de género. Su gracia se limita a eso y no se le puede pedir mucho más. Lo que ofrece es un dispositivo ingenioso, algunas buenas bromas, momentos de alto impacto y muy poco más.



