
San Sebastián 2026: crítica de ‘Border’ (‘Bian Jing’), de Ah Biao (Competición)
En un pueblo olvidado de China, un joven minero se siente atraído por una misteriosa recién llegada, arriesgando la vida que conoce por la posibilidad de sentir algo diferente.
En una ciudad desolada del norte de China, en la que solo parece haber una fábrica, algunas casas y unos pocos autos, vive y trabaja Luo Jia (Zheyan Li), un operario de la empresa minera, quien con sus colegas mantiene una existencia ruda, seca, silenciosa. Su vida parece armarse de rutinas inamovibles que no van más allá del trabajo, la comida, el sueño y alguna inesperada conexión sexual que surge del modo menos pensado con un colega de la mina. Su única salida para esa áspera rutina surge a partir de su encuentro con Su Quing (Feng Qi), una mujer más joven que él, que lo espera a veces a la salida de la fábrica y con la que pasa cierto tiempo.
Esa es, de manera simple, la vida del protagonista de Border, un retrato crudo y a la vez desolador de las experiencias de este trabajador solitario y frustrado. El carácter enigmático de esta opera prima de Ah Biao pasa por su puesta en escena, que parece proponer un combo de tonos y escenarios que se ubican a mitad de camino entre el cine de Jia Zhang-ke y el de Aki Kaurismaki, más algunos elementos bressonianos distribuidos por allí. Los planos largos, la falta de diálogos y la manera impávida en la que actúan y se mueven los personajes harán recordar al espectador el cine del realizador finlandés, aunque sin el costado humorístico (o casi sin, ya que aquí hay algunos apuntes graciosos) que aquellos tienen.

De hecho, el universo en el que se mueven los personajes remite a cierto cine chino del interior de ese país (Ah Biao, como Jia Zhangke, son de la provincia de Shanxi), esos pueblos polvorientos que no parecen haberse enterado de los cambios que se produjeron en ese país durante las últimas décadas. Su Qing es una mujer con algunos secretos que pronto el espectador descubrirá. Y no es la única allí que vive así. Hay otro minero en la empresa, compañero de Luo, al que seguiremos en sus aún más solitarias rutinas y cuya vida se entremezclará con las de los otros dos.
Si bien transcurre en China, Border es una producción entre Hong Kong, Corea y los Estados Unidos. Y seguramente llamará la atención por la franqueza de algunas situaciones sexuales, algo nada común en el cine chino. Pero más allá de esas curiosas y, en este contexto, sorprendentes escenas, la breve película (de apenas 78 minutos) se caracteriza por su rigurosidad y su mirada entre clínica y distante a las vidas de sus dos protagonistas, cuya relación va enredándose de maneras misteriosas hasta volverse un tanto problemática.
Un curioso ovni dentro de la competición del festival, seguramente dividirá a la audiencia entre sus fans y aquellos que no logren entrar en los enigmáticos y sugerentes modos propuestos por el realizador. Pero es claro que aquí hay una idea de cine y un control, muy maduro para una opera prima, de la puesta en escena. Gracias a eso, Ah Biao arma un original retrato de dos seres que parecen buscarse como única forma de salvación para atravesar realidades difíciles de soportar en soledad.



