San Sebastián 2026: crítica de ‘Ceniza en la boca’, de Diego Luna (Horizontes Latinos)

San Sebastián 2026: crítica de ‘Ceniza en la boca’, de Diego Luna (Horizontes Latinos)

por - cine, Críticas, Festivales
20 Sep, 2026 08:45 | Sin comentarios

Lucila, una veinteañera mexicana, combina trabajos de cuidado infantil y reparto en España mientras las heridas familiares y los problemas de su hermano menor la desgastan. En Horizontes Latinos.

Estrenada como proyección especial en el pasado Festival de Cannes, la nueva película como director de Diego Luna se suma a la de su amigo, socio y colega Gael García Bernal, cuyo film como realizador, Hombre al agua, tuvo un similar estreno mundial pero en Venecia. De las dos, la más sólida es la de Luna, que ofrece un acercamiento cercano al realismo urbano con algunos puntos de contacto con el de los hermanos Dardenne. Su Ceniza en la boca es, en lo esencial, un drama familiar y migratorio, centrado principalmente en una joven mexicana que intenta sobrevivir en España.

Todo comienza en México, cuando Lucila —entonces apenas una adolescente— y su hermano pequeño Diego son abandonados por su madre Isabel (Adriana Paz), que parece escaparse con urgencia de la casa familiar con destino incierto. Ocho años después, la película retoma a la ya veinteañera Lucila (Anna Díaz, excelente) viviendo en Madrid con su hermano (Benny Emmanuel), que ya tiene 14 años, y —veremos luego— también con su madre, que ha formado una nueva pareja con una mujer, y con quienes no parecen llevarse muy bien.

Pero el eje estará puesto en Lucila, que trabaja como niñera para una muy maltratadora mujer y viéndose en la plaza con otras chicas —latinoamericanas, en todos los casos— en igual situación a la suya. Allí entre los juegos de los niños a su cargo, Lucila y sus colegas se sueltan, se liberan, hablan con frescura (de sexo, de hombres, de sus patrones) y luego llevan ese espíritu jovial a salidas y fiestas nocturnas. Pero Diego, que tiene problemas en la escuela, la lleva a tener conflictos con su empleadora y pronto Lucila ya no tiene ingresos suficientes.

Pero lo peor no es eso: no soporta a su madre y, aprovechando que su mejor amiga se va a trabajar a Barcelona, decide hacerse un bolso y marchar también ella hacia allí. Y el realizador la seguirá en su nuevo derrotero, con un novio —al que le miente sobre su trabajo, que en Barcelona incluye, además de cuidar a una anciana, ser repartidora de Glovo—, nuevas amigas y similar mezcla entre un espíritu animado y jovial y una realidad que la va carcomiendo de a poco. Cuando Diego se aparezca a visitarla a Barcelona, las cosas se pondrán un poco más complicadas y de la risa franca de Lucila irá quedando poco y nada.

Durante dos tercios de la película, Diego Luna —con el notable aporte del DF mexicano Damián García— se manejará con un pulso más que firme por los senderos del realismo urbano contemporáneo, mostrando las vidas de trabajadores migrantes con sus esfuerzos y problemas pero también con su camaradería y buenos momentos; las tensiones familiares que se acrecientan por la mala relación de los hermanos con su madre y, además, la manera diferente en la que Lucila se ha adaptado a su vida en España en relación a la de su hermano, que la vive de un modo más conflictivo y oscuro. Tan solo las amigas cubanas de Lucila logran sacarle por un rato una sonrisa al perturbado Diego.

Ceniza en la boca se pone más grave e innecesariamente densa en su último tercio, en el que entran a jugar elementos que mejor no develar pero que reiteran algunos de los vicios más típicos de cierto cine mexicano de denuncia social. Curiosamente da la sensación de que el film se maneja mejor, de un modo más natural y generoso, cuando transcurre en España que en las escenas que tienen lugar en México, donde ciertos estereotipos del cine latinoamericano que circula en festivales salen a la luz con toda su fuerza. Por más que esas escenas sean parte de la novela de Brenda Navarro en la que la película se basa, es ahí donde Luna parece perder un poco el pulso de lo que está contando y de lo que su historia transmite al espectador.

Narrativamente el guión se acelera al punto tal que esa vida con claroscuros de la protagonista, de un momento a otro, deja de tener cualquier tipo de luz, ya que parece azotarla una tragedia tras otra, una lista de situaciones caóticas y angustiantes que la esperan como en fila para darle un baño de realismo brutal. Y sin ese mínimo espacio para la sonrisa, el buen humor o la jovial resiliencia que Lucila y sus colegas tienen para soportar las duras condiciones de vida que «el primer mundo» les ha deparado, Ceniza en la boca empieza a tener únicamente el gusto, imagino que muy amargo, que le da al film su título.