San Sebastián 2026: crítica de ‘Cute’, de Marlene Emilie Lyngstad (New Directors)

San Sebastián 2026: crítica de ‘Cute’, de Marlene Emilie Lyngstad (New Directors)

por - cine, Críticas, Festivales
20 Sep, 2026 02:00 | Sin comentarios

Un hombre que esconde un incómodo secreto sobre sus deseos sexuales se relaciona con una «cam girl» adulta a la que le gusta hacerse pasar por niña. Con Jan Gunnar Røise y Gina Jaqueline.

Una película arriesgada, complicada, que podría causar algún tipo de controversia en la sección New Directors en la que se presenta, Cute es —no hace falta dar muchas vueltas— un retrato de un pedófilo, de un hombre que siente atracción sexual por las menores de edad y que batalla contra sí mismo, contra sus deseos. Y lo que se verá a lo largo de esta incómoda coproducción noruego-danesa es exactamente eso: sus esfuerzos, no siempre efectivos, de luchar contra esa terrible adicción.

Se trata de un film que no evita, tampoco, presentar ciertas escenas entre desagradables e incómodas. Y si bien no llega nunca a situaciones extremas, entra más de una vez en un territorio que cualquier espectador preferiría no entrar. La opera prima de Marlene Emilie Lyngstad se ocupa de Richard (Jan Gunnar Røise), que está en pareja con una mujer pero parece más interesado en pasar su tiempo jugando con la hija de ella, con la que tiene una gran relación.

Pero el hombre no tarda en admitirse a sí mismo lo que le sucede y, tras visitar a una psiquiatra, corta la relación de pareja que tenía. Es ahí que regresa a su hogar familiar en el que vive su madre, que está gravemente enferma, y se queda allí, dedicando su tiempo a renovarlo con intención de venderlo. Pero estando allí conoce a Stella (Gina Jaqueline), la mujer que atiende a la madre, una chica que —pronto descubriremos— tiene una doble vida como cam girl virtual. Y su «personaje» en esa ficción es el de una niña, tipo Lolita.

Cute se ocupará de la relación entre ellos y de las idas y vueltas de una historia que, por momentos, parece «servir» a Richard para lidiar con sus deseos más oscuros y perversos sin caer en zonas legal y moralmente más complicadas. Pero Stella pronto se dará cuenta que Richard está especialmente interesado en su versión «infantilizada» y empieza a dudar, acaso a sospechar, acerca de sus verdaderos deseos e intenciones.

De más está decir que Lyngstad no tendrá pruritos en meterse en la relación entre ambos —ella es adulta, después de todo, más allá del «personaje» que interprete— y que luego de eso apostará aún más, en una serie de escenas que, en mi opinión, están de más y bien podrían no haberse filmado. Si bien la realizadora tiene el cuidado de dejar las cosas más incómodas fuera de campo, Cute puede ser muy persuasiva y transmitir al espectador la misma incomodidad que en un momento empezará a sentir Stella.

Cute es de esas películas —como Mantícora, de Carlos Vermut o Sparta, de Ulrich Seidl— que se metían en territorios espinosos y de un modo provocativo, sin tomar la suficiente distancia. Quizás no sea tan incómoda como aquellas y en un punto ayuda saber que la dirigió una mujer, pero es una propuesta de esas que podrán provocar molestias en algunos espectadores. La película es comprensiva y crítica a la vez —especialmente desde que la mirada del film se conecta con la de Stella, que empieza a vislumbrar la verdad del asunto—, pero aún con sus apuntes inteligentes no deja de ser una provocación un tanto innecesaria. Los planos muchas veces dicen más de coas de las que los directores se dan cuenta.