San Sebastián 2026: crítica de ‘Possible Love’ (‘가능한 사랑’), de Lee Chang-dong (Zabaltegi)

San Sebastián 2026: crítica de ‘Possible Love’ (‘가능한 사랑’), de Lee Chang-dong (Zabaltegi)

por - cine, Críticas, Festivales
24 Sep, 2026 10:41 | Sin comentarios

Una acomodada documentalista se hace amiga de la esposa de un obrero despedido, y la línea entre la empatía genuina y la explotación de su dolor se vuelve cada vez más difusa. Gran Premio del Jurado en Venecia. Estrena Netflix en noviembre.

Hacer películas —documentales o de ficción— sobre las clases bajas o populares suele estar al alcance de personas más acomodadas económicamente que los sujetos que retratan. Y esa disyuntiva socioeconómica es una que forma parte de la lógica de la industria del cine, una disciplina artística que suele presentar universos y hablar de problemas que no son los que tienen o atraviesan los realizadores de esos mismos films. En ese mundo de grises se mete Lee Chang-dong en Possible Love, su nueva y premiada película, que funciona también como una suerte de reflexión y respuesta a Parásitos, otro estudio más cruel y directo de los conflictos de clase en la Corea contemporánea.

Si en aquel film de Bong Joon Ho los protagonistas, pertenecientes a la clase baja de Seúl, deseaban tener la vida de los ricos y meterse en sus casas, aquí en cierto modo sucede lo contrario, ya que la historia que aquí se cuenta involucra a una directora de documentales y a su marido millonario que están produciendo un documental sobre las consecuencias de la desocupación en ese país. Y ponen el ojo más que nada en la Siderúrgica SP, que despidió a buena parte de su personal y reprimió salvajemente una huelga que sus empleados hicieron. Y en su investigación se toparán con una pareja que sufrió y sigue sufriendo las consecuencias de esos hechos.

La directora del documental, Ye-ji (Cho Yeo-jeong, de Parásitos), se hace amiga y logra muchos y muy buenos testimonios de Mi-ok (Jeon Do-yeon, de Secret Sunshine), esposa de Ho-seok (Sul Kyung-gu, de Peppermint Candy), un empleado que fue brutalmente despedido de esa fábrica. Mi-ok quiere ayudar a su deprimido, seco y por momentos agresivo marido para que salga de su aparente depresión y cuente ante la cámara de Ye-ji sus experiencias, casi a modo de terapia. Pero Ho-seok, si bien deja a regañadientes que un pequeño equipo de rodaje los siga a todas partes, no quiere dar testimonio. Prefiere callarse y, a veces, beber más de la cuenta con consecuencias imprevisibles.

Es obvio desde el primer encuentro —y más aún cuando conocemos mejor a Sang-woo (Zo In-sung), el impecable y elegante marido de la documentalista— que las diferencias socioeconómicas entre los que están detrás y delante de las cámaras es inmensa. Y causa gracia pero también tristeza ver cómo Mi-ok observa incrédula los precios de la cartera que usa la directora o el refinado aspecto de sus atuendos. Pero a Ye-ji se la ve genuinamente interesada en las luchas obreras y las experiencias humanas de las personas sin trabajo en esta era de achicamiento de empresas y de inminente imperio de la IA. Y la relación entre ambas crece, dejando en segundo plano a sus respectivos maridos, un poco menos integrados a esta mecánica.

Possible Love se ocupa de trazar las distintas etapas, momentos e intensidades de esa relación entre cuatro, dejando espacio para explorar las vidas personales de cada uno de ellos, incluyendo al hijo de Mi-ok y Ho-seok, Cheol, de 10 años, que está sufriendo las consecuencias de la crisis familiar y de la cada vez más áspera y distante figura paterna. Entre declaraciones a cámara de Mi-ok, encuentros y desencuentros sociales —que involucran cenas, paseos y sendas y muy distintas visitas a las casas de unos y otros—, flashbacks a la historia de la «pareja obrera» y a algunos cruentos hechos laborales que atravesaron, Lee Chang-dong va creando un drama social sobre los encuentros y desencuentros de clase, la historia de una amistad imposible mediatizada por las cámaras y lo que ellas conllevan en términos de explotación.

La película del realizador de Burning va más allá de la dialéctica clásica entre ricos y pobres para introducir, mediante el mecanismo del film dentro del film, un elemento que embarra y complica el análisis. ¿Por qué la directora Ye-ji quiere hacer un documental sobre un tipo de abuso laboral que no la involucra y un mundo de limitaciones con el que no tiene nada que ver? ¿Y qué lleva a Mi-ok a prestarse a sus deseos sin advertir los riesgos que corre su familia? Lo inteligente de la propuesta de Lee es que no se corre hacia el lado de la sátira ni —salvo un par de momentos— simplifica su análisis. Quizás Ye-ji hace su película por interés real y preocupación noble por el tema, pero eso no impide que atraviese los límites de esa nobleza para romper la barrera de la explotación y el uso del sufrimiento ajeno. ¿No será finalmente similar lo que ella hace con la familia a lo que les hizo la empresa que los dejó en calle?

Lee no busca dar respuestas simples ni tranquilizadoras. Al contrario, lo que hace es complejizar la relación a partir de los comportamientos y actitudes de los personajes. Es algo que se verá en la tensión creciente que se va desarrollando entre Mi-ok y Sang-woo, y en las difíciles experiencias que atraviesa el angustiado Ho-seok. Oírlo en algún momento soltarse y expresar lo que siente ante algunas situaciones que le tocó vivir (en el trabajo pero también fuera de él, en sus muchas veces incómodos encuentros con ex compañeros de la empresa) es uno de los momentos más conmovedores y profundos que tiene este extraordinario film coreano. Como lo hizo Bong en Parásitos, Lee tiene elementos para soltar amarras y lanzarse de lleno a la comedia negra. Pero (casi) no lo hace. Prefiere bajar una o dos velocidades y dejar que fluyan los sentimientos, los miedos, las contradicciones y el dolor de los que luchan por no «caerse» del mundo. Aquí, los parásitos son los otros.