
San Sebastián 2026 / Estrenos online: crítica de ‘Lo dejamos acá’, de Hernán Goldfrid (Netflix)
Un célebre terapeuta cansado de la psicología tradicional juega en secreto con sus pacientes, hasta que un nuevo y famoso cliente le complica sus planes. Con Ricardo Darín y Diego Peretti. Se exhibe en el Festival de San Sebastián y se estrenará en Netflix el 16 de octubre.
Un divertimento ligero de espíritu hitchcockiano, Lo dejamos acá funciona como una comedia de suspenso o, más bien, un thriller liviano con aires literarios acerca de la complicada relación entre un terapeuta y un escritor en crisis. El film del realizador de Tesis para un homicidio, que se estrenará en el Festival de San Sebastián como parte de un homenaje a Ricardo Darín y llegará a Netflix el 16 de octubre, es una propuesta amable, quizás un tanto menor (en concepción y en resultados) que seguramente encontrará su lugar y su espacio en la comodidad de la plataforma.
La idea regidora de Lo dejamos acá tiene puntos en contacto con la reciente serie Shrinking aunque en su tono y formato recuerda también a nuestros Simuladores de Damián Szifron. Aquí Ricardo Darín encarna a Ulises Verón, un famoso psicólogo que, cuando va a recibir un premio a su trayectoria, lo rechaza tras declararse harto de lo que llama las mentiras y fracasos de su profesión. En su práctica profesional —la que combina con apariciones en un programa de TV que conduce Andrea Politti—, Ulises se caracteriza por dejar de lado las técnicas habituales de la terapia y tomar cartas en los asuntos de sus pacientes. No solo dando consejos en plan conductista sino involucrándose en sus vidas con la intención de resolver sus asuntos de forma clara y directa. O, al menos, eso supone que sucederá.

La llegada de Martín Bouchard (Diego Peretti), un famoso y algo pedante escritor que viene a visitarlo, le presenta a Ulises un desafío más que complicado de resolver. El hombre admite en su primera sesión que no puede escribir sin beber de más y que eso está representando un problema en su vida. Y Verón, luego de dudarlo, se propone resolvérselo. Solo que su idea de cómo hacerlo es, convengamos, un tanto problemática. Y Lo dejamos acá se centrará, más que nada, en esa extraña relación que se va generando entre ambos, en muchos casos en la lujosa casa de Bouchard, ya que Verón tiene como costumbre hacer algunas visitas domiciliarias. Solo que aquí, digamos, se le va un poco la mano…
La película de Goldfrid pondrá el eje en los vaivenes de esa tirante relación y usará como excusa narrativa un plan muy específico armado por el psicólogo, supuestamente con la intención de ayudar a su paciente a resolver su bloqueo y su dependencia alcohólica. Pero no le será sencillo hacerlo y pronto la relación terapéutica pasará a transformarse en una competencia de egos más propia de un relato de suspenso y misterio.
En medio de estos encuentros, Ulises lidiará —o, mejor dicho, tratará de no lidiar— con su hija Paula (Antonia Bengoechea, sobrina de Darín en la vida real), una chica muy centrada que trabaja con él pero a la que él siempre evade, y con algunos otros pacientes cuyas situaciones le dan cierto color a la trama (especialmente una de ellas, protagonizada por Inés Efron), pero que desaparecen sin dejar demasiada huella.

Lo dejamos acá se organiza como un relato de suspenso con momentos humorísticos sostenido más que nada por la tensión actoral entre dos grandes figuras del cine argentino como son Darín y Peretti. De hecho, la película se construye a partir de esos encuentros y va alimentando su trama gracias a la mezcla de camaradería e incomodidad que se generan en esas aparentemente originales sesiones de terapia. El guión de Emanuel Diez (El encargado, Nada, Coppola) no profundiza mucho más en los personajes y los presenta, más que nada, como dos tipos frustrados con sus respectivas profesiones que entran en una rara y sorda batalla.
La película reservará una serie de giros sorpresivos para el final, le sumará la aparición de un reconocido actor invitado y ofrecerá algunos apuntes graciosos sobre la literatura, el cine y hasta la televisión, pero no irá demasiado lejos con eso. De hecho, por la manera en la que subtramas y motivaciones aparecen y desaparecen casi sin aviso, por momentos da la impresión que el montaje final ha dejado algunas escenas un tanto de lado. Más allá de eso, Lo dejamos acá trata de revivir el espíritu de la comedia de suspenso clásica —la banda sonora apuesta directamente a un toque retro— con algo woodyallenesco dando vueltas por ahí. Y por momentos consigue su cometido: conectar con la vieja magia del cine de Hollywood.



